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viernes, 30 de abril de 2010

Los locos de Valencia y otros no tan locos

Finales del s. XVI: con el español Lope de Vega se redondea la llamada Comedia Nueva, con predominio del triunfo del amor y con versos como la redondilla o décima, el romance, el soneto y el terceto. Ahora, en el Teatro Óscar Fessler (TNT) el grupo Generaciones presenta una de esas comedias de Lope, Los locos de Valencia, texto importante (en lo literario y antropológico), en versión del mexicano Antonio Zúñiga, para limarles dificultades a los actores, con el cuento de hacerla más comprensible a los espectadores. A puro vestuario se nos da el ambiente de un hospital psiquiátrico. La escenografía se limita a un piso inclinado con tres portezuelas a ras del suelo, que se suman a las laterales para lograr, de parte del director Andrés Montero, un ajeno estilo de vodevil. Cuando la puesta asume un carácter coral, lo coreográfico es irregular: a veces funciona, a veces no. Los actores van de malos a peores, terribles en el fraseo del texto, y la actrices van de muy buenas (como Marcela Jarquín) a buenas. Son ellas quienes sostienen la credibilidad de la representación. wílliam venegas

miércoles, 28 de abril de 2010

Teatro, idioma, actores y personajes en C.R.

En un correo amplio, en uno de sus párrafos, el maestro Sergio Román, quien fuera mi profesor cuando yo era estudiante de teatro, escribió: "El idioma en el teatro corresponde a la situación y al carácter. Pero, si un estudiante sólo conoce de pichazos, maes y tuanis, es imposible que pueda crear o representar a un personaje que demande otro grado de complejidad. (...) Si la gente de teatro no conoce los otros registros, ella misma se autolimitará en su expresión artrística." Texto completo en  http://www.sergioroman.com/

Esto provocó el siguiente comentario del actor, director y cineasta Óscar Castillo, quien le escribió, entre otras cosas:  "Mi querido Sergio, Imposible estar más de acuerdo con vos sobre este tema. A lo largo de mi vida profesional, ya larguísima, hemos padecido la, por decirlo con guantes de seda, ignorancia del idioma de parte de autores y actores. Esa ignorancia, como bien decís se traduce en la incapacidad de una inmensa mayoría de nuestras actrices y actores, de encarar textos que exigen una manera de hablar, perfectamente imbricada con el “gesto actoral”. Para muestra una anécdota de cuando estábamos seleccionando actores y actrices para el montaje de Macbeth: era tan lastimosa la manera de moverse, hablar (gritar), comportarse de muchos de los actores y actrices que probamos, que casi, casi, ubicamos el montaje en Infiernillo de Alajuelita, dicho sea esto con respeto por los habitantes de ese lugar, donde Macbeth fuera un aspirante a capo de la droga. (...) Lo trágico de este asunto, sería tener que 'nacionalizar' una puesta, no por innovación o búsqueda, sino por la incapacidad de los actores y actrices, causada por el entorno en que se desenvuelven y por la deficiente formación que reciben en las escuelas de teatro, unido esto al ascenso cada vez mayor de la fetidez, la vulgaridad y el pachuquismo en los escenarios nacionales, y la total falta de coherencia en las políticas culturales del país."

lunes, 26 de abril de 2010

Están todos bien: de Mastroianni a De Niro

El estreno de la película Están todos bien (2009), del director Kirk Jones, con la actuación de Robert de Niro, es refrito de una de las películas más vivenciales del director italiano Giuseppe Tornatore, titulada Stanno tutto bene (1900), con la delicada actuación de Marcello Mastroianni. La película italiana es el viaje de un padre en búsqueda de sus hijos, quien encuentra una realidad muy diferente a la que ellos le habían pintado. Tornatore llena su filme de sensibilidad, al borde de la tragedia interior del personaje,entre la nostalgia y la melancolía. Esto no pasa con el refrito, porque Kirk Jones no es Tornatore ni De Niro es Mastroianni. En Están todos bien, de Jones, tenemos una versión gelatinosa del asunto, con una visión superficial del tema, para manipular al espectador con sensiblería sin arraigo. Malas actuaciones, y si los personajes no son creíbles, menos el relato, por lo que la película se ahoga en un charquito de agua sin siquiera mojarse. wílliam venegas

viernes, 23 de abril de 2010

Dimes y diretes de tres centavos y algo más

Con La ópera de los tres centavos, parece que los centavos están hechos de materia estólida. Ahora se atrasa una semana el estreno y Juan Fernando Cerdas (director; foto) le dice a Melvin Molina (periodista de La Nación) que tienen 5 semanas de ensayar, cuando todo el mundo sabe que tienen como 5 meses. ¿Por qué no se dice la verdad?  ¿Por qué les piden a los del elenco que no hablen de "ensayos", que sería ilegal por ausencia de contratos? ¿Por qué aparecen tarde las partituras? ¿Por qué se hace periodismo de acuerdo a las fuentes y no de acuerdo a la realidad? Por otro lado: actores de Los Velázquez piden ayuda para que les paguen, ¿de verdad? ¿Ya les pagaron a los extranjeros? Y al final, a la Ministra de Cultura, doña Nené, solo le faltó decir –en la entrega de los Premios Nacionales– que nada había antes de ella y que nada queda por hacer después de ella, ¿o mal entendí? wílliam venegas

miércoles, 21 de abril de 2010

No neguemos sonrisas a nadie: La dulce vida

El título puede ser engañoso, si se piensa que el filme inglés La dulce vida (2008) tiene que ver con el clásico del italiano Federico Fellini: La dolce vita (1960). La dulce vida viene de la mano del gran cineasta británico: Mike Leigh.
La dulce vida ofrece la la historia de Pauline Cross, a quien llaman Poppy, encarnada de manera contagiosa por Sally Hawkins. Ella es una joven maestra de primaria, con afable sensibilidad para con los niños, mujer para quien la vida es ejercicio de la alegría solidaria. Poppy es divertida y generosa. Ella está vacunada contra la amargura, en una sociedad donde dominan el egoísmo, los traumas, los enojos y las discriminaciones. Poppy viste como vive y vive como viste, y el filme se deleita al mostrarlo: es cine de espíritu libre que funciona como fábula sobre el derecho a  la alegría. Mike Leigh sabe contar historias con acabada puntuación y pulido manejo del lenguaje cinematográfico. Él desarrolla su intriga sin fisuras, sin acciones gratuitas y sin diálogos vacíos. Al principio sentimos que la alegría del personaje se nos viene como tromba; mas pronto el filme se nos hace creíble gracias a la espléndida Sally Hawkins. Este filme enseña a convertir la sonrisa en el pan nuestro de cada día y a compartir con los demás. Cine excelente.  No se lo pierdan.  wílliam venegas

lunes, 19 de abril de 2010

Los Velázquez: teatro de mala funeraria

Una familia dedicada al negocio funerario y a hablar tonteras ante el padre agonizante es el eje de Los Velázquez. Ninguna trascendencia dramática. Pieza teatral de cartón-piedra. Ningún arte en el diseño de personajes ni maña en la costrucción de situaciones. Paja, y la pasan aquí por teatro, obra mediocre del argentino Eduardo Rovner y peor dirigida por el también argentino Alejandro Casavalle, donde los signos teatrales son peores entre sí. Incluso, Casavalle logra que buenos actores del país actúen como aprendices al borde de lo ridículo, como Stoyan Vladich, Rocío Carranza y Rebeca Alemán. Los demás son un desastre: Luis Rodrigo Durán, Rosaura Barquero (acartonada), Wílbur Carvajal (uyyyy, fatal) y Liliam Blandino. ¡Todo es un desastre! ¿Quién diantres metió cabeza en esto? wílliam venegas

Para otras opiniones, les dejo el link con la crítica escrita por Andrés Sáenz:
http://www.nacion.com/2010-04-14/Entretenimiento/NotasSecundarias/Entretenimiento2333846.aspx
y el de la escrita por Natalia Rodríguez
http://redcultura.com/blogs/index.php/2010/04/11/los-velazquez-o-de-como-mejora-rocio-carranza-cuando-esta-bien-dirigida?blog=17

sábado, 17 de abril de 2010

La dama de negro supera sus dificultades


Teatro El Triciclo, sábados y domingos, a las 5 p. m.: es un horario "raro" para la puesta interesante de una obra exitosa: La dama de negro, especie de acidez cómica que se combina con elementos propios del horror. Es metateatro: un profesor de actuación y su discípulo ensayan una obra teatral que los llevará a una historia de terror y, así, el espectador se ve sumido en ambos mundos. Obra que pudo ser más corta; pero que, en manos del director Mauricio Astorga, es creatividad para resolver –en las tablas– lo difícil de la puesta (parece que a Astorga le gustan las dificultades). Su gran ayuda lo son los efectos sonoros, la música y los juegos de luces con oscuridad que refuerzan los sucesos de la obra (buen trabajo). La experiencia del actor Carlos Alvarado, cuya intensidad afloja en el último tercio de su trabajo (¿cansancio?), se suma a la fuerza interpretativa de un joven que me sorprendió en su beneficio: el puntarenense Carlos Martínez. Esta obra, escrita por la autora inglesa Sussan Hill en narrativa, ha sido llevada al cine y al teatro, en este caso por Stephen Mallatrat. Sugiero que vayan a verla pronto, para que la repitan. wílliam venegas

viernes, 16 de abril de 2010

Madre nuestra que estás en la Tierra e Istarú

Admiro la poesía de Ana Istarú. Y su prosa. Me encanta leerla en Proa (La Nación), la exquisitez con que conjuga su escritura, rica en contenido e imágenes con su capacidad de convicción. Ana Istarú es semidiosa con lo que escribe (mínimo). Sin embargo, no hay manera que yo le tome el pulso a su teatro. Me acaba de pasar con Madre nuestra que estás en la Tierra, dirigida con alguna certeza por María Bonilla, hasta donde ella pudo, para tratar de volver atractivo el texto de Istarú a los ojos y a la inteligencia del espectador. Fui a ver la obra el fin de semana. El texto, más bien intimista, fue tragado por el espacio tan abierto del escenario de la nueva sala del Teatro Universitario (UCR) y por su mala acústica. Las actuaciones se quedaron en la piel de los personajes, sin adentrarse en ellos: eran actuaciones postizas. Es obra de juventud de Ana Istarú, si no la reescribe, es mejor guardarla. wílliam venegas

domingo, 11 de abril de 2010

Cine de amor y demonios, de Hilda Hidalgo

La película Del amor y otros demonios (2010), de la costarricense Hilda Hidalgo, se basa en la novela homónima de Gabriel García Márquez. Me limito a hablar de la película, cuyo magnífico comienzo me hizo pensar en algo bueno. Sin embargo, cuando la dicha es pronta, resulta engañosa. Conforme pasaba el metraje, sentí que la película se me desvanecía como fuego fatuo. Cuando los histriones parecían hablarme desde otra película, entendí que había una deficiente dirección de actores y un infausto diseño de personajes. Ello resume la escasa tensión dramática en el relato. ¿Ustedes han visto un cigarrillo cuando arde disparejo? Así se estructura Del amor y otros demonios, sin la intensidad del amor y sin el ardor de lo demonios. Es película fría, lenta, aburrida, sin nudos dramáticos en el relato del sacerdote adulto enamorado de una jovencita de 13, a la que acusan de endemoniada porque la mordió un perro. Hay secuencias sobre la intolerancia religiosa, pero es tan superficial el tratamiento que más parecen una nota al margen. Poco salió bien en el filme, mal en el cálculo de los tiempos (timing), peor en actuaciones y con música melindrosa (en función de sí misma). Salvemos la fotografía, de eficaz cromatismo y entereza visual. Del amor y otros demonios es filme sin fuerza pasional y queda debiendo en el quehacer de los amantes al amarse. wílliam venegas

sábado, 10 de abril de 2010

39 escalones entre Hitchcock y Astorga

Alguien escribió que el inglés Alfred Hitchcock fue –más que un maestro del suspenso– un gran creador de formas. Al menos en cine. Creo que fue ambas cosas. Ahora, por primera vez, veo en teatro un texto suyo (así se anuncia); aunque, la verdad, creo más bien que se trata de la parodia escrita por el inglés Patrick Barlow, que le ha dado la vuelta al mundo. Lo cierto es que es una caricatura bastante inteligente y graciosa del clásico de suspenso de 1935, en cine, de Hitchcock: Los 39 escalones. Todo comienza cuando Richard Hannay, en el Londres de los años 30, conoce a una agente británica que le confiesa una importante misión antes de ser apuñalada en su apartamento. Acusado del asesinato, al huir, Hannay vive una serie de aventuras. La puesta en escena que vemos ahora en San José, en la sala teatral El Triciclo, debe mucho de su éxito a la audacia creativa de su director Mauricio Astorga (foto) y a su decisión de mantener el suspenso dentro de una parodia pasional, con romance gracioso incluido. Esta puesta en escena de Astorga resulta particular por sus acuciosas soluciones escénicas e, incluso, dichas soluciones son hilarantes por sí solas, en su esfuerzo por darle aire cinematográfico a la libertad teatral manifiesta en el escenario. Mauricio Astorga está mejor de director que de actor, no sé por qué a su personaje él le pega una sonrisa innecesaria durante toda la obra (vean de nuevo la foto). Creo que hubiera sido bueno reducir el arte clonesco en escenas repetidas, donde se evidencia la payasada en detrimento de lo flemático que corresponde; aquí es donde se sienten exagerados, en sus papeles, los actores Ricardo JiménezMagdiel Ramírez. El mejor tono lo lleva, sin duda, la joven actriz Sofía Chaverri. En estos 39 escalones habría sido oportuno el uso de tijeras en la duración de algunas escenas, o sea, los mismos escalones en menor tiempo para un mejor impacto. En resumen, es una pieza hecha para ser disfrutada y la he disfrutado. (wílliam venegas)

viernes, 9 de abril de 2010

Mundo, Demonio y Carne en Comunión, y yo

De niño, en el Catecismo, nos preparaban para la Primera Comunión poniéndonos a memorizar respuestas a lo que el sacerdote nos preguntaría. Era en Heredia centro. Cuando el bondadoso padre Miguelito preguntó: “¿Renunciáis al Mundo, al Demonio y a la Carne?”, una duda torpedeó mi ingenua mente infantil: ¿por qué a la carne? Es que mi madre hacía una costilla de cerdo con papas que era de chupar el hueso mismo de la carne. Al padrecito había que contestarle que “Sí”, pero yo dije “No” bien suavecito, mientras pensaba en las tortillas con carne que nos daba mamá. Lo del Mundo menos lo entendía, si yo me limitaba a jugar en las calles de mi barrio, en potreros, en una poza y en cafetales. El Demonio me era vacilón en los cómics. Ya no hacen esa pregunta; pero, la verdad, no fue ningún dilema para mí, gracias a la rica cocina de mi madre.
wílliam venegas                                                                                                    

lunes, 5 de abril de 2010

El cuarto contacto: gato por liebre: mentiras

lliam venegas. En Hollywood, les ha dado por decir que esta y aquella otra cinta, con temas de ficción, asuntos paranormales, extraterrestres, brujerías y demás se basan en hechos reales. Llegará el día en que nadie se va a tragar el cuento de “filme basado en hechos reales”. Esto sucede ahora con el filme El cuarto contacto (2009), escrito y dirigido por Olatunde Osunsanmi. En esta película, entre más esfuerzos hacen para pasarla como historia real, más se nota una narración desarticulada por culpa de tanto mentidero. No es que yo cierre mi inteligencia, o lo que queda de ella, a la posibilidad de vida extraterrestre. Este es otro tema. Es que la historia contada en El cuarto contacto se siente tan forzada, que uno entiende fácil que lo están embaucando. En Alaska, una psicóloga investiga los traumas comunes de sus pacientes, quienes ven un búho en sus ventanas, que luego no es un búho. Son extraterrestres. Se combina la dramatización con supuestos videos de dichos sucesos, pero es como si en un piano las teclas negras no alternaran con las blancas, sino que se estorbaran entre sí. Al comienzo, una actriz nos dice que ella solo va enunciar acontecimientos. A la larga por eso actúa tan mal, mientras alterna con otra actriz que pasa por ser la psicóloga “real” (y actúa peor). Es como aquella canción del nicaragüense Carlos Mejía: “Tan larga es la lengua de la Tula Cuecho, que cuando la saca y la desempaca le llega hasta el pecho”.