Tintín es héroe inteligente desde que apareció, en 1930, con las historietas de Georges Remi, mejor conocido por su pseudónimo de Hergé. Hoy, este sagaz personaje y su inseparable perrito, Milú, llegan a la pantalla con el filme Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio (2011), dirigido por Steven Spielberg, quien ha decidido darle –a la cinta– fidelidad con respecto a los personajes de Hergé y a la atmósfera de la historieta dibujada. La acción empuja a la acción y los diálogos colaboran a esclarecer misterios, con magnífica ambientación y holgura de medios técnicos para muy buenos escenarios. La falla es la casi inexpresividad de los personajes. La técnica con que se filmó define esa tesitura monocorde de los rostros de los personajes y las fallas con sus movimientos. La cinta estaba pensada para actores reales, pero luego se pasó a la llamada “motion capture”, o sea, la captura de movimientos por animación desde actores que son presentados en pantalla como muñecos (formato digital). Me dio mal rato el exceso de música, compuesta por John Williams. Es que la música se detiene solo por breve tiempo, como si quisiera subrayarlo todo y, más bien, termina por no hacerlo. Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio es película rutilante, chispeante con su humor, alegre con la acción y de buenas set-pieces. Queda recomendada. (wvs). Crítica completa en: http://www.nacion.com/2011-12-31/Entretenimiento/UltimaHora/Entretenimiento3023279.aspx








