La grandilocuencia operática. La idea de este tipo de cine es la siguiente: a mayor elocuencia visual, más probable que muchos espectadores piensen que la película es buena. Esa es la
“inteligencia” de una superproducción. Hoy, con la tercera dimensión (3D), el fenómeno se agranda. Es cine donde lo escénico (lo visual) deviene parafernalia: las imágenes casi apabullan. El sentido de un montaje como gran rito se impone. Pues bien, cuando esto sucede en un filme propio del género fantástico (con la ciencia-ficción, más exactamente), se habla en cine de
space-opera, para entender que se trata de una película con espectacular factura visual. La
space-opera viene del cómic, desde los inolvidables trazos del
Flash Gordon de Alex Raymond y del
Brick Bradford de William Ritt y Clarence Grace. Sin embargo, es en el cine donde los aspectos fantásticos se resaltan con tanta grandilocuencia como ahora. Ahí está
Thor para demostrarlo.
(wvs)