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miércoles, 29 de julio de 2015

"Buscando a Hagen": camino rudo y final de poesía

He aquí un filme tenso como gruñido canino en alguna hora de la madrugada. Se trata de la película húngara Buscando a Hagen (2014), dirigida con eficacia por Kornél Mundruczó, realizador que nos resulta desconocido, pese a que suma en su lista seis filmes con este. Aunque lo ubicamos como drama, su historia asume distintos tratamientos a lo largo de su proyección, como si fuese no solo un mosaico de situaciones, sino también arduo repertorio de conceptos. Buscando a Hagen abre con un formidable plano general, donde la belleza histórica de Budapest se ahoga en su propia desolación. Con expresividad y logro estético, planos como este habrá más a lo largo del filme: la fotografía de Marcell Rév es uno de sus méritos. En esa soledad cargada de silencios, aparece una niña en bicicleta, como si fuese a ninguna parte. La música se oye como eco extraño de la aridez geográfica. Es música incidental o mimética: comenta con su propio suspenso lo que, poco a poco, se arma en la pantalla. La música es de Asher Goldschmidt y es otro acierto del filme. El plano general cede a primeros planos y alterna con ellos: la niña, la bicicleta, el rostro de la niña, los pedales de la bicicleta, vuelta a la ciudad vacía, excepto por una manada de perros que aparece de pronto y traza su ruta de manera violenta. Ese comienzo es el fundamento de lo que veremos a lo largo de casi dos horas. Es una entrada magnífica en términos plásticos y propositiva: lo que sigue será dramáticamente más fuerte para una película capaz de funcionar como metáfora cruel de la vida, que la vida suele ser cruel. Lo cierto es que la trama desarrolla una historia compleja entre esa niña y el perro que guía a la manada sedienta de venganza, que ladra y mata. El argumento genera distintas observaciones: cada quien puede extraer la moraleja que mejor le convenga o le haya sido más fácil deducir. Para visualizar el conflicto, la película a veces se dispersa y se aleja de su centro temático, pero se recupera bien y cierra con categoría. Las actuaciones tan buenas le dan sólido sustento o cuerpo al relato y a su dinamismo: el lenguaje del cine crea una atmósfera colérica de la que no podemos huir, lo dramático le gana al artificio y cuestiona la malsana costumbre de la discriminación. Buscando a Hagen es filme que debe ser buscado por quien admire los finales poéticos. Esta vez, con la ayuda de la música del gran Franz Liszt se nos recuerda algo importante: todo lo que es terrible necesita de nuestro amor.

miércoles, 22 de julio de 2015

El Hombre Hormiga rompe el molde: delicia para los fans

¡Un aire fresco recorre el universo de filmes con superhéroes! Dicho sea esto a propósito del estreno de la película titulada El Hombre Hormiga (2015), dirigida con esmero por Peyton Reed. De pronto, la película El Hombre Hormiga rompe el molde y se atreve con una perspectiva distinta: su trama se sacude del fardo de lo acostumbrado, la tensión de la aventura busca la ironía y uno la disfruta montones. Es cine de entretenimiento, pero hecho con inteligencia, para demostrar que una cualidad puede ir junto a la otra, con un montón de guiños a otros superhéroes para delicia de los “fans” y para entrampar a los críticos. ¡Qué bueno! El argumento es simple y su base está en las investigaciones de un científico con ética, quien descubre cómo minimizar el tamaño de un sujeto y llevarlo al de una hormiga. También diseña un casco que le permite comunicarse con dichos formícidos (hormigas, pues). El Hombre Hormiga tiene un pasado carcelario: Scott Lang. Scott encuentra su redención “hormigueándose” gracias al doctor Hank Pym (así se llama el científico). Juntos y con la ayuda de una bella chica llamada Hope, Hank y Scott han de enfrentarse a quienes utilizan el conocimiento científico para llevarlo al lado oscuro (el mal). Es estimable el pulso narrativo de esta película: cuando parece que nada va a suceder, sucede lo mejor. Los efectos visuales son un deleite, sobre todo la alternancia del héroe con su tamaño en las peleas y la participación colectiva de las hormigas cuando son necesitadas (esto ronda lo genial). El guion es atractivo y asume una expresiva visualización (gustosa), con ajustada banda sonora, actuaciones bien logradas (de antenitas hormigueras) y tiene fotografía de la mejor. Como historieta, El Hombre Hormiga nació en 1962 y ahora se plasma de manera seductora en el cine. No es filme súper perfecto y peca de superficial con sus diálogos, pero sí se debe recomendar.

lunes, 13 de julio de 2015

"El divorcio de Viviane Amsalem": claustrofobia

No sé si esto pasará con la distribución de cine en otros países, que de una trilogía nos llegue la tercera película, pero no así las dos primeras. Lo cierto es que de la directora Ronit Elkabetz y del director Shlomi Elkabetz (hermanos entre sí) nos llega ahora el filme El divorcio de Viviane Amsalem (2014). En efecto, esta película es la tercera fracción de un tríptico sobre el matrimonio y la familia en Israel. En las dos partes anteriores (2004 y 2008) se narra la vida matrimonial de Viviane con un esposo machista, religioso e impertinente, llamado Elisha. En dichos filmes se marcan los indicios del proceso desgastador que para Viviane significa su matrimonio. Ahora, con El divorcio de Viviane Amsalem, asistimos a la explosión de la olla de vapor. Viviane no soporta más y le pide el divorcio a su esposo Elisha. El problema es que, en Israel, el divorcio solo es posible si el hombre lo acepta. Mientras se mantenga con un terco no, simplemente no hay divorcio. Peor aún, en dicho país el tema del divorcio no es asunto civil: este debe resolverse en un tribunal religioso, donde los rabinos deciden según el parecer del hombre. Así, El divorcio de Viviane Amsalem se dedica, durante su metraje, a mostrar los reclamos que eso conlleva. La trama sucede en un tribunal. No es sino hasta el final que la mirada de un personaje nos lleva a ver el paisaje externo. Se trata de un filme claustrofóbico y la dirección se encarga de reafirmarlo secuencia a secuencia y plano a plano (resultan bien importantes los primeros planos: rostros de los personajes). Ante la terquedad del hombre, la película describe bien la tenacidad de la mujer. La fotografía se apropia de ese concepto, la excelente música lo subraya y la actuación de la actriz y directora Ronit Elkabetz es extraordinaria: su labor histriónica es vertebral para el argumento narrado. El incesante y bien logrado cambio de planos visuales, los excelentes movimientos de cámara y las buenas actuaciones le insuflan vida a un relato que, en manos más torpes, habría sido cuadrado, poco creativo, aburrido y del todo teatral. Los diálogos son inteligentes, tienen que serlo; incluso, en medio del ímpetu del drama, el filme sabe hacer uso de momentos propios de la comedia: buena sinapsis o unión funcional, sin duda. El guion literario y lo visual saben conjugarse para mostrar el horror que significa aún vivir en un país o Estado confesional, donde las mujeres son víctimas primeras de un monoteísmo patriarcal. Pareciera que en un país bélico, como lo ha sido Israel por siglos, solo en el ejército las mujeres se igualan a los hombres: por necesidad militar. En la práctica, el hombre es dueño de la mujer. En la película vemos cómo el juicio dura cinco años, con una mujer que solo quiere ser libre ante el matrimonio. El filme es inteligente, tanto en conceptos como por su puesta en imágenes, aunque peca de redundante y de excesos con el diálogo, pero maneja bien su complejidad psicológica. Película recomendada, ¡no solo para las mujeres!

domingo, 5 de julio de 2015

"Relatos iraníes": relatos que son emociones

El estreno sorpresivo de la película titulada Relatos iraníes (2014), de la brillante y muy comprometida directora Rakhshan Bani-Etemad, nos sacude de nuevo, como la mayoría del cine iraní, con su deber social y con su arte fuera de lo corriente. Relatos iraníes es signo de vida. De alguna manera, ir a ver una película como Relatos iraníes viene a ser sincero acto de rebeldía contra el cine-espectáculo. También es solidaridad con los directores persas que, en su Irán natal, se juegan la vida con sus ideas insurrectas llevadas a la pantalla, en contra de una teocracia que anula a las mujeres, desoye la pobreza ajena y está llena de corrupción burocrática o política. Algunos realizadores están en cárceles, a otros los han condenado a no hacer cine y hay quienes han podido emigrar. Definitivamente, hacer cine en Irán es ejercicio de lucha. Su película es canto lírico frente al dolor, ante la injusticia social, ante el amor no realizado (de pareja o familiar) y contra la agresión sufrida por las mujeres. La trama narra distintas historias que se van hilando según los personajes que las identifican. Son cuentos tensados de manera admirable. Por eso, es cine coral, capaz de irritarnos, de angustiarnos, de hacernos sonreír o de conmovernos, según sea. Todo ello con un ejemplar y muy propio manejo del lenguaje del cine. Aunque a esta película le falta sinergia: que la suma de los relatos dé un producto mayor. Son historias, cierto, pero también son las emociones que les dan sentido a esos relatos. Las actuaciones son extraordinarias, mejor en las mujeres. Los dos últimos relatos me hicieron quedarme en mi butaca mucho más allá del final, dominado por la melancolía. Espero que esta crítica convenza a muchos de ir a ver este filme: Relatos iraníes.
Para leer la crítica completa, CLIC en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-Relatos-iranies_0_1497850253.html

martes, 23 de junio de 2015

"Intensa-Mente": el genio de Pete Docter asombra otra vez

El director Pete Docter sabe lucirse con sus películas animadas como parte de Pixar. Ahora, con el filme Intensa-Mente, el director Pete Docter cumple de maravilla con esa frase española de “rizar el rizo”, esto es, de ir más allá de lo viable con su argumento y de ir lo más lejos posible con lo visual. Es genial el argumento de esta película. Así, el “paisaje” que se nos ofrece es tan concreto como abstracto, simple y complejo a la vez. Esto permite un filme donde los espectadores más infantes se entretienen con la simple aventura, pero los adultos podemos reflexionar más allá de ella. Lo que el filme construye es una especie de distintos entarimados, graciosos retablos, donde ciertos sujetos caprichosos son conductores de nuestros sentimientos. Esos conductores son personajes en constante movimiento, titiriteros ocurrentes con sus ajustadas pasiones. La estructuración narrativa es ardua, sin temor a las complicaciones, a nada, ni siquiera al mundo surreal de lo inconsciente, y el filme sabe llegar de manera más que exitosa a buen puerto. El personaje central es una niña, Ripley. Parapetados en algún lugar del universo de la personalidad humana, sobre ella actúan estos personajes: Alegría, Miedo, Ira, Asco o Desagrado y Tristeza. Es creativa la atmósfera de los sucesos y es creativo el decorado que la expresa. Este es un viaje a lo interior del ser humano logrado con extraordinaria fantasía. Es una película que hay que ver.
Crítica completa, CLIC en:

domingo, 21 de junio de 2015

"Esperando a Godot": lo absurdo es buen teatro

Rodrigo Durán Bunster
y Óscar Castillo: ¡excelentes!
Coincido plenamente con el crítico de teatro de La Nación, Tobías Ovares, cuando, al escribir sobre la más reciente puesta en escena de Esperando a Godot, el conocido texto del irlandés Samuel Beckett (1906- 1989), Ovares escribió sobre el texto: "Su fuerza radica en la infinita variedad de interpretaciones que hay sobre sus significados más profundos. Esto mantiene –aún hoy– a toda la fauna teatral especulando a su alrededor." Por ejemplo, a mí hasta se me ha ocurrido que esa espera de los dos personajes principales, Estragón y Vladmir, de un Godot que nunca llega, se me semeja a la de ciertos cristianos con su obstinado "Cristo ya viene", en tanto llenan sus conductas de vacilaciones e incongruencias sobre la vida misma. A la par de ellos puede pasar una realidad social áspera, digna de cambio, y no hacen nada, mientras esperan a Godot (como ante la injusta relación de explotación de Pozzo sobre Lucky, por ejemplo). Solo oyen ángeles (como el mensajero en la obra que repite: "mañana" llegará Godot). Otras "lecturas" hay y habrá siempre, más importantes que esa. Con el juego de la ruptura de acontecimientos que no son en realidad (ese deshilar el texto en lugar de hilarlo), el director Luis Fernando Gómez logra adecuado ritmo escénico con el aporte esencial de afinado movimiento de actores/personajes. Con buen manejo de luces, de ruidos y del árbol al fondo que invita a la muerte (ahorcarse en sus ramas) se complementa una buena puesta en escena que también peca por silenciosa, culpa del temor –más que sabia decisión– de no emplear música (yo habría puesto compases de Mahler). Por supuesto que si uno tiene dos actores excelentes, del calibre de Óscar Castillo y Rodrigo Durán Bunster (sobre todo el primero), se aceptan los otros riesgos. Los actores secundarios (Pablo Morales y Viviana Porras) se ven muy mal a la par de esos "sansones" histriónicos. Aquí la vida se diseña a sí misma como algo absurdo y también lo absurdo deviene patrón de vida. Un agradecido aplauso al grupo Crono por este trabajo sensible.

lunes, 15 de junio de 2015

"Mundo Jurásico": comienzo cursi y luego mejora mucho

Son 22 años reales de distancia entre una película y otra. La famosa, la dirigida por Steven Spielberg, Parque Jurásico (1993), y la que ahora recrea la misma temática: Mundo Jurásico (2015), dirigida por Colin Trevorrow, sin que sepamos cuánto metió la mano el señor Spielberg. En Estados Unidos a este tipo de cine le llaman “blockbuster”. Son filmes de alta producción que buscan traer millones de dólares a las boleterías y que están planificados para ser exhibidos durante la temporada de verano en Estados Unidos. Cine de verano, allá, “blockbuster”. Pese al calentamiento global, aquí estamos en invierno; sin embargo, muchos ticos también les llaman “blockbuster” a dichos filmes. Es cine de entretenimiento, empero, he aquí que Mundo Jurásico no solo logra ser una película eficaz, o sea, bien diseñada como entretenimiento, sino que además es buen filme como tal, por diversas razones, entre las cuales podemos destacar sus hipnóticos movimientos de cámara y el muy hábil manejo de los efectos especiales. Decía el semiólogo francés Roland Barthes (1915-1980) que uno escribe con su cuerpo. Disculpen la comparación, lo que sucede es que Mundo Jurásico es filme bien escrito con los cuerpos de animales prehistóricos, ellos son la película; sin embargo, también el elenco humano lo hace bien. Esta vez, en el parque, la genética ha modificado a uno de los bichos y ha creado un dinosaurio que nunca ha existido: monstruoso. Cuando ese bicho escapa, los acontecimientos se enlazan de manera escalonada y la trama resulta bien estructurada. Cierto que tiene un comienzo meloso, al peor estilo Disney, por lo que uno espera lo peor; no obstante, cuando el filme se ubica en la isla Nublar, todo mejora. En medio de la acción constante, el filme dice sus cosas, por ejemplo: cuestiona a los militares empresarios de las guerras, valora la ética por encima de la investigación genética, destaca el papel de la solidaridad entre personas con sensibilidad bondadosa y condena la conversión del entretenimiento en mercancía.
Crítica completa en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-Mundo-Jurasico_0_1493850625.html

domingo, 14 de junio de 2015

"Desechos y esperanza": la pobreza como infamia

Hay películas que subrayan tanto sus propias virtudes que terminan por diluirse sin llegar al desplome. Es el caso de un filme generoso en cuanto a intenciones, ahora en cartelera. Se titula Desechos y esperanza (2014).
El filme es inglés, su título original es Trash y viene de la mano del director Stephen Daldry, más conocido por sus películas Billy Elliot (2000), Las horas (2002) y El lector (2008). Aunque del Reino Unido, el argumento acontece en Brasil, en ese universo marginado de los pobres, quienes subsisten en los basureros de Río Janeiro. Para acentuar sus posiciones dramáticas, sus personajes son tres niños, a quienes se les agrega luego una niña. Cuando dos de esos niños se encuentran una cartera en un vertedero, tirada por un hombre que lucha contra la corrupción política, torturado y asesinado, esos niños y sus amigos se convierten en objetivo de la policía corrupta y de los políticos burgueses de oficio. El filme se sostiene y puede ser recomendado por la habilidad de su director Daldry para darle calor a aquellas secuencias entre la acción y el sentimiento, y por el arte de Adriano Goldman con la fotografía, lo mejor: el paisaje de la pobreza en contraste con la riqueza de los políticos. También hay secuencias intimistas; empero, si no son tan buenas, tal vez sea porque la dirección de actores no es la mejor o porque el exceso de música bulliciosa invade y desmejora estas secuencias. Aún con tales observaciones, es obligatorio señalar que Desechos y esperanza es cine que privilegia la búsqueda de la autenticidad. Este tipo de cine busca nuestra atención ante una sociedad construida a imagen y beneficio de los más corruptos intereses.

jueves, 11 de junio de 2015

IN MEMORIAM: Christopher Lee ha muerto...

Recibo este correo de una graaaaan amiga:

Querido amigo me siento triste, el cine ha perdido otro de sus grandes, ha muerto Christopher Lee hace unos días, aunque recién nos enteramos hoy por decisión de su familia.
 
Si bien era un señor mayor, tenía 93 años, su fuerte personalidad lo hacía como atemporal, trabajó hasta casi hasta el final lo que demuestra su infinito amor por la profesión que abrazó toda su vida.  Obviamente de esto vos sabés mucho más que yo. 

Pero también tenía otro amor y era la música, por ello te dejo un video del grupo Rhapsody of fire, con los que colaboró, resultando un verdadero placer verlo y escucharlo, tenía una voz maravillosa.
Christopher Lee

Enlace:
https://youtu.be/z16_mx1edG0

Luzero M.

 Mi respuesta:

Gracias, Luzero, me uno plenamente a su sentimiento y guardo respetuoso luto para un gran Maestro del cine. 
wílliam

lunes, 8 de junio de 2015

"Una espía despistada": humor bien empistado

En el Holywood industrial casi todos los géneros cinematográficos han venido a menos. Es posible que los más golpeados sean el terror y la comedia. Sin embargo, dentro de ese desierto, de pronto salta una calabaza llenita de agua. Esta vez se trata de una comedia regocijante, agradable entretenimiento y buen filme, cuyos méritos vienen desde el guion de Paul Feig. Hablo de Spy: Una espía despistada (2015), donde el señor Feig es también director. Como tal, sabe narrar con buen ritmo (acertado montaje para el manejo de pausas y aceleraciones). Sobre todo, Paul Feig logra sacarle provecho a esa especie de vacilón hecho cuerpo que es la notable actriz Melissa McCarthy. En efecto, de eso se trata: Paul Feig escribe, diseña y filma situaciones hilarantes. Lo demás corre por cuenta de la actriz Melissa McCarthy, con su desparpajo, soltura y su coprolalia, o sea, su gusto por hablar malacrianzas, pero con maña para hacerlo de manera risible. Esta vez, logra diferenciarse más a sí misma y salirse de su propia rutina, no solo por la sabia dirección de actores, sino también porque a eso la obliga su personaje, el de analista de la CIA convertida de pronto en atroz espía. Lo otro es tener ahí, codo a codo y como contrapunto, a un “duro” del cine de acción, como lo es Jason Statham, quien sube el peso sarcástico del filme. Por supuesto que Una espía despistada es parodia constante de los agentes a lo 007, pero también es caricatura sabrosa de otras parodias con espías a lo Austin Powers86 o cualesquiera. ¡Por favor!, quédense hasta lo último de los créditos, para que vean el final. Es que la gente siempre se va antes.

lunes, 25 de mayo de 2015

"Dos aguas", cine tico que igual viaja a dos aguas

A dos aguas camina película costarricense, pero hay buenas razones para verla

Como expresión visual del arte naturalista, la película costarricense Dos aguas (2015), dirigida por Patricia Velásquez, se muestra imponente y arraigadamente telúrica. De alguna manera, podemos decir que está dentro de la intuición del también filme costarricense Caribe (2004), de Esteban Ramírez. Con Dos aguas, la realizadora con el apoyo de la expresiva fotografía de Gustavo Brenes, le ha dado a la Naturaleza un papel más que protagónico: dentro de su belleza profusa, esa Naturaleza es aplastante: es caribeña, aún dentro de algún paisajismo que se permite la directora. En ese ambiente natural, los sujetos humanos se ven más débiles desde sus confictos. Así, el mar, capaz de tragarse al señor Jean Bazim, es presentado con fuerza y exquisitez visual, capaz de recordarnos –con otra sintaxis– a aquella selva que se traga a Arturo Cova, en esa pieza literaria del naturalismo que es La vorágine, del colombiano José Eustasio Rivera. A propósito de dicho personaje, es justo señalar que el actor César Maurel es el único que cumple bien con su trabajo actoral. No siempre es fácil trabajar con actores no profesionales y es evidente que Patricia Velásquez no destaca con este tipo de dirección. Las actuaciones son tan deficitarias que hay momentos en que uno siente que se está ante dos películas (dos aguas): una, muy buena, que es esa con una poética del paisaje y su enlace con los personajes. La otra parte del filme, talón débil, tiene un frágil diseño de personajes, que se “cae” con las pésimas actuaciones, acartonadas, recitadoras de parlamentos, por lo que la trama, mínima y fragmentada, deviene más bien algo didáctico  Se debe agregar el buen subrayado que recibe el filme con la música inteligente de Óscar Herrera. Resulta expresiva la sinergia habida entre música y fotografía. Sin forzar la situación, Dos aguas bebe de aquella conocida frase de Auguste Rodin: “El arte es el placer de un espíritu que penetra en la Naturaleza y descubre que también esta tiene alma”. Este primer trabajo de la realizadora Velásquez merece nuestra asistencia a la salas de cine donde se exhibe.

lunes, 18 de mayo de 2015

"Gloria": la parte oscura de la vida de Gloria Trevi

Sin mucha bulla, se ha estrenado en Costa Rica la película mexicana Gloria (2014), fisgonamente realizada por un suizo: Christian Keller. Es su primer filme como director: se trata de un filme biográfico (“biopic”) sobre la parte más oscura en la vida de la cantante mexicana Gloria TreviContra todo pronóstico y por encima de cualquier prejuicio, este “biopic” asume los rasgos mejores del drama y, de esa manera, tenemos una buena película que sabe narrar su historia. No solo eso, también maneja muy bien el cómo lo cuenta (lo formal). En este filme, la trama nos mete rápido en sus asuntos y comienza con la llegada de Gloria Trevi a la academia musical dirigida por Sergio Andrade, allá, en el México de los años 80. La Trevi soñaba; sin embargo, muy pronto, Andrade le pedirá un desnudo total para medir ¡su talento para la música! Mientras el filme corre por ese su presente, en otros momentos salta adelante y vemos a Gloria Trevi y a Sergio Andrade encarcelados en Brasil. El filme no carga tintas, pero tampoco rehúye hundir el dedo en la llaga, o sea, disparar la verdad de esos hechos. Sergio Andrade es mostrado con toda su brutalidad, cinismo, corrupción y adicción por las mujeres menores de edad. Por su parte, está claro que Gloria Trevi no solo fue víctima erótica y emocional de Andrade, sino que, además, ella fue observadora privilegiada de los delitos y marrullerías de su apoderado musical (en algún momento, fueron marido y esposa). Por eso mismo, al final, sorprende la absolutoria de la Trevi en México (no hay duda, por aquí hay “una papa sin cátsup”). Lástima que el actor Marco Pérez tienda a sobreactuar siempre como Sergio Andrade, con excesivo subrayado del carácter manipulador y chantajista de dicho tipo. Él es superado por la actuación de Sofía Espinosa, tanto cuando ella encarna a Trevi en el escenario o fuera de él. No se oyen mal las canciones de corren durante la película. El buen ritmo que tiene esta película es parte de sus denuncias y de su prolepsis o anticipación narrativa. Queda recomendada, con o sin "el pelo suelto".

domingo, 17 de mayo de 2015

"Corazón de León": con donaire y jocosidad

El director argentino Marcos Carnevale regresa a las pantallas con una comedia realmente divertida, tanto desde sus jocosas situaciones como desde sus personajes tan particulares, quienes revelan la filosofía de la trama. Se titula Corazón de León (2013), donde León es el personaje principal. El filme describe el nacimiento, desarrollo, crisis y nuevo encuentro entre el arquitecto León Godoy y la abogada Ivana Cornejo. Todo va bien, porque el amor es ciego, dicen: León e Ivana piensan en sus diferencias, pero las superan, hasta que esas diferencias se socializan con los demás. No es poco lo que sucede: Ivana es mujer galana, cuya hermosura se mira magnífica desde lo que es: alta y elegante. En cambio, León dejó de crecer en un momento dado y ahora mide tan solo un metro con 35 centímetros. En la calle le gritan “¡enano!”.  Este argumento podría dar lugar a un melodrama digno de cualquier telenovela llorona; sin embargo, desde el guion y su puesta en escena, en manos de Carnevale, la historia marca otra mejor huella: la de la comedia festiva y burlona. Hay mucho donaire y más jocosidad, sobre todo cuando aparece ese magnífico actor, Guillemo Francella, quien encarna a León Godoy con estupenda dignidad. La guapísima Julieta Díaz es el exacto contrapunto de cada situación hilarante. El ambiente social es adecuada atmósfera de esta comedia que insta a respetar a los demás, sobre todo si son capaces de amarse por encima de sus obstinadas diferencias. Por eso, elementos como vestuario, decorados, composición del encuadre, luz, color, música y movimientos de personajes (se utiliza bastante la pantalla dividida con distintos personajes en cada parte) nos permiten entrar de manera más fácil en el juego propuesto por esta película.

sábado, 16 de mayo de 2015

"Mad Max: Furia en el camino": anchurosa imaginación

Majestuosa, visualmente majestuosa con una historia mínima, pero coherente, intensa y atractiva. ¿Cómo hace una película para ser tan demencial y, a la vez, tan lógica con su propuesta? Eso es lo bueno del llamado género fantástico cuando resulta bien trabajado, como lo hace el realizador australiano George Miller, quien salió del anonimato por su trilogía con el antihéroe llamado Max Rockatansky (el actor Mel Gibson), serie titulada Mad Max (1979, 1981 y 1985). Ahora, dicho director vuelve sobre sus huellas con Mad Max: Furia en el camino (2015). En medio de una fantasiosa puesta escénica (maravillosa dirección de arte), se narra una historia cuya visión dura y transgresora se ubica luego de la destrucción de la humanidad, cuando la esperanza ha sido opacada por extrañas tiranías. Es un universo incoherente dentro de una historia narrada de manera coherente y muy bien estructurada según el proceso dramático de sus personajes. Pronto descubrimos que la belleza femenina es el extraño elemento sobre el cual giran los acontecimientos, más que el agua y la gasolina (por ejemplo). La mujer es esperanza no solo para su propia reivindicación, sino también para el logro de una sociedad más justa y equitativa: es cuando el mundo loco y distópico (futurista y anacrónico a la vez) asume una utopía. Por eso, la actuación de Charlize Theron –como Furiosa– resulta mucho más destacable que la de Tom Hardy como Max. El filme peca por el uso excesivo de efectos visuales, o sea, cede ante ese fetichismo moderno: demasiada computadora, aunque algunos “trucos” lo dejan a uno con la boca abierta. Sin embargo, George Miller se las ingenia siempre para no perder el concepto temático dentro de ese apocalipsis. Mad Max: Furia en el camino demuestra que el cine, manejado con inteligencia, es lo mejor para imaginar con imágenes. Para ello, es vital un montaje sabio como el que aquí se muestra, con una buena fotografía. También la música es buena, aunque excesiva en cantidad. Al final, queda el gozo de haber visto cine comercial solvente, pulcro en lo técnico y capaz de manejar conceptos valiosos. De sutil humor, debe verse en pantalla grande y es mejor que NO sea en 3D.

domingo, 10 de mayo de 2015

"Leviatán": cuando el poder político se une al religioso

Andrey Zvyagintsev

Pues sí, he de jactarme que compartí alguna vez con el director ruso Andréi Zvyagintsev, allá por el 2004. Fue en la Sala Garbo, a propósito del estreno de su primera gran película El regreso (2003). Recuerdo su admiración por la literatura de Fiódor Dostoievski y del cine de Andréi Tarkovski. En aquel momento surgió la pregunta de cómo iba a hacer ese joven ruso (nacido en 1964) para superar la gran calidad de su primer filme. Ahora llega al país su más reciente película Leviatán (2014). Para algunos críticos, esta es su mejor obra fílmica. Por mi parte, evitaré las comparaciones. Eso sí, me queda claro que Leviatán es gran película que condensa imágenes de   gran riqueza conceptual con diálogos vitales. 
Su trama es clara alegoría sobre una realidad inmediata; pero, en este caso, sin la cohesión narrativa propia de una obra maestra, porque el filme deja hilos sueltos e, incluso, personajes importantes por ahí abandonados. Por supuesto, eso no quita que Leviatán, de manera sutil, vaya de la sátira al drama, de lo épico a lo trágico y, se le mire como se le mire, resulte cine intenso, brutal y solemne. La lucha de un hombre por no perder la propiedad familiar, apetecida por un alcalde corrupto, asume rasgos de ímpetu dramático como pocas veces se expresa en cine. Es también la lucha del sujeto que ama a su esposa, mientras ella debate su pasión entre dos hombres. Un hijo resulta la víctima de esa vorágine de pasiones llevada con fuerte consumo de vodka. En la trama, el poder político abusivo cuenta con el calculador beneplácito religioso (el sacerdote que convierte la religión en ideología para beneficio propio). He ahí el leviatán del caso: la unión del poder político con el religioso.La película fue acusada de “antirrusa” por el gobierno de Vladimir Putin, por mostrar esa apropiación que funcionarios políticos e iglesia ortodoxa hicieron de bienes públicos, carroñeros al momento de la caída del socialismo. Las imágenes que nos da esta película son de antología (¡esos largos planos!, ¡bravo!), con refuerzo de música vehemente y, sobre todo, señalar sus admirables e impactantes actuaciones. No dejen de ver esta película, ese es mi consejo.

lunes, 4 de mayo de 2015

"Ida": cine es poesía y metáfora, metáfora y poesía

Hay un cine que es poesía antes que narración. También puede conjugar ambas cosas de manera admirable, como lo hace el filme polaco Ida (2013), dirigido con vitalismo por el director también polaco Pawel Pawlikowski, nacido en 1957. Se trata de un poema del dolor, más bien, un poema con la sensación del pesar humano, con aquella idea planteada por el gran poeta romántico Lord Byron: el recuerdo del gozo deja de ser gozo, pero el recuerdo del dolor siempre es dolor. Pawlikowski logra que la caracterización extraordinaria de sus personajes sea resumen de la filosofía de la película, cuyo título, Ida, se refiere a una joven novicia, quien a punto de ser consagrada monja debe salir en búsqueda de la única familiar que le queda: una tía. El encuentro entre ambas se convierte en una suma de conceptos más allá del contraste de dos visiones de mundo: ella, joven católica; la tía, jueza del gobierno socialista del período anterior de la actual Polonia. La joven católica, a quien llaman Anna, en realidad es de origen judío y se llama Ida. Ella invita a su tía, llamada Wanda a buscar a sus padres, desaparecidos durante la invasión hitleriana a Polonia. Sin embargo, para la tía, esa búsqueda implica algo que no solo le revierte dolor, sino que también la lleva a la idea de la paz de la muerte. En Wanda se concentra una Polonia que se va o se ha ido, mientras en la joven Ida está la Polonia por venir y que debe vivir un período que le ha sido negado de manera histórica, tanto como a Ida le ha sido negado el placer de la sensualidad en la claustrofóbica religiosidad del convento. Esta trama-poesía no nos calaría tanto, si no fuera por las buenas actuaciones en pantalla: la de Agata Trzebuchowska como Ida y, sobre todo, la de Agata Kulesza como Wanda. El tono lírico se fundamenta en la excepcional fotografía que hace, del blanco y negro, un elemento narrativo, tanto en su función estética como en su función dramática, eso más la música. Ida es película de carretera, de un viaje en automóvil hacia alguna parte (que aquí debemos ocultar). No se equivocan quienes notan la influencia del cine del sueco Ingmar Bergman y, sobre todo, la del francés jansenista, el gran Robert Bresson. Esta película no es derroche de tecnología, aquí juegan otros valores: inteligencia, sensibilidad, dignidad artística, humanismo, elegantes formas y mejores resultados.

domingo, 3 de mayo de 2015

Los Vengadores: Era de Ultrón: cine para los fans. Punto.


Aún recuerdo las postalitas que uno coleccionaba de superhéroes en álbumes comerciales. Muchos de esos “semidioses” permanecen en el imaginario de lo fantástico, gracias al cine. Las películas con estos sujetos nos vienen igual que las postales de mi niñez, o sea, son coleccionables. Lo escribo a propósito del esperado estreno (para los seguidores) de la película Los Vengadores: Era de Ultrón (2015), dirigida con eficacia visual por Joss Whedon, también guionista según historietas de Stan Lee y Jack Kirby. Ellos pelean contra el mal y también entre sí, por razones pueriles. También se enamoran. Hasta ahora son amores de tipo heterosexual, entre Hulk y Nat, por ejemplo, conocida como Viuda Negra. De pronto, como una moda autoimpuesta, estos héroes tienen sus catarsis individuales y ahondan en sus propios laberintos emocionales: lo traumático. Cuando hay amores, el filme es cursi por melindroso. De erotismo, cero. Ahí no son tan “valientes” los héroes. Si es por traumas de cada quien, esta película tiene buenas secuencias e interesa un tanto más. Las peleas son buenas por sus logros visuales, no conceptualmente. Cada pelea es como una película dentro de otra película más grande: este filme es la suma inorgánica de sus partes sin que el total las supere: no hay sinergia en calidad; la película se siente más grande en refriegas de las que tanto gusta su público, no en conceptos, de ahí tanto diálogo superficial. Hay buen estado histriónico. Estas “pelis” son coleccionables para los “fans”. Según algunos psicoanalistas, ello es expresión adulta de la etapa anal de la infancia, pero esto es otro tema. Entretiene.

lunes, 27 de abril de 2015

"Whiplash: Música y obsesión": buen tratamiento


En Whiplash, el jazz es asunto dramático
 plasmado con sinceridad y devoción


La película Whiplash: Música y obsesión (2014), escrita y dirigida por Damien Chazelle, dice su historia sin alardes narrativos, pero con limpieza visual. Es el paso primero de su bien calada expresividad. Con la dureza misma de un redoble de tambor, esta película relata las contradicciones entre un músico director de una banda de jazz y un joven baterista, a quien se le exige más y más, desde la tiranía del poder del director mentado. El filme pone en el tapete el asunto de si debe haber o no algún límite en las exigencias de un maestro para con su discípulo, asunto llevado –incluso– al plano ético. Como concepto, Whiplash: Música y obsesión es cine sobre el triunfo del individuo por encima de cualquier obstáculo, metáfora del alienante pragmatismo liberal en economía y política. La película se concentra de tal modo en el joven músico, llamado Andrew, que su éxito parece ajeno a la importante noción de conjunto, necesaria en una banda u orquesta, cualquiera que sea. Incluso, dentro de los repetidos diálogos del filme (esto por la presencia de su trama monotemática, lo cual no le es virtud), dentro de tales diálogos se oye decir que si un músico no tiene habilidad para un instrumento, acaba tocando rock. Un roquero podría contestar que si un músico se equivoca una vez es un error, pero si se equivoca dos veces es que ejecuta jazz, pero el guion literario del filme no le da esa oportunidad. Pese a su argumento monotemático, Whiplash: Música y obsesión se permite un buen tratamiento de su historia. Lo hace sin fisuras, con excelente apoyo de su banda sonora, con fino trabajo en fotografía (el color es sígnico) y con logrado punto de giro hacia un clímax dinámico. Como ven, no es poco.

lunes, 13 de abril de 2015

Günter Grass y Eduardo Galeano mueren para ser recordados


El premio Nobel de Literatura alemán Günter Grass ha muerto este lunes 13 de abril a los 87 años en la ciudad de Lübecker. Considerado el más importante escritor en lengua alemana de la posguerra y referente político en su país, Grass alcanzó fama mundial con la publicación de su novela "El tambor de hojalata" en 1959. Oriundo de la ciudad polaca de Gdansk, Grass y encarnó al intelectual de izquierda comprometido y participante activo del debate político alemán. En 2012 retornó al centro de la polémica al considerar a Israel “un peligro para la paz mundial” en su poema "Lo que hay que decir". El tambor de hojalata guarda silencio, guarda sus bolillos.

"Dejemos el pesimismo para tiempos mejores": Eduardo Galeano, revolucionario uruguayo-nuestroamericano, martiano y bolivariano, poeta, apasionado del fútbol, importante escritor y el mejor periodista, amante empedernido de América Latina, el hombre de las palabras-venas abiertas y solidarias, se despidió del mundo y, en especial de su América amada y efervescente, a los 74 años, 13 de abril, 2015. Nos quedan sus palabras en tantos libros. “Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable”.

domingo, 12 de abril de 2015

"El último amor del señor Morgan": película frustrada por cobardía

¿Cómo una película puede comenzar bien y terminar tan mal? Ahora se trata de El último amor del señor Morgan (2013), filme escrito y dirigido por la alemana Sandra Nettelbeck y con actuación del británico Michael Caine. Nos encontramos ante un relato de buen comienzo e interesante al principio. Lo que sucede luego es casi inexplicable. La película pierde fuelle y se hunde en su autocomplacencia: solo queda del ahogado el sombrero: la presencia del actor Michael Caine no es suficiente. Eso sí, en la retina nos queda la exquisita actuación de la joven actriz Clémence Poésy. La historia va a tono del melodrama con un personaje crepuscular: el señor Matt Morgan. Un día, en el bus, en París, el señor Morgan conoce a una jovencita generosa llamada Pauline Laubie (¡aquí Clémence Poésy!) y, entre ellos, surge una galana empatía que roza el más extraño amor. Lo que comienza con deliberado tono poético, como si fuese sonrisa de la vida, empieza a enredarse en sus propios mecates al transcurrir el relato y, entonces, la narración le quema las manos a la directora (pese a tener de base la novela de Françoise Dorner). Pasado el primer tercio, todo parece un despropósito, más bien. En lo que sí este filme no escatima imágenes es para mostrar el encanto de París y esto podría valer el boleto. Eso y Clémence Poésy.

Breve crítica de teatro: no más de lo que se necesita...

Leonardo Perucci es Pablo Neruda
y Arturo Campos es el cartero de Isla Negra
"Ardiente Paciencia: El cartero de Neruda"
Texto de Antonio Skármeta

NOCHE del mejor teatro, del que es cada vez más esporádico en Costa Rica. Acudan al Teatro 1887, Cenac, a ver "ARDIENTE PACIENCIA: EL CARTERO DE NERUDA". Es teatro serio, emotivo, conceptual, bien llevado y mejor actuado con Leonardo Perucci y Arturo Campos (FOTO), con Katia Mora y Arabella Salaverry. Solo quedan funciones sábado 11 y domingo 12 de abril. Esta obra y puesta en escena, dirigida por Leonardo Perucci, es oasis en el desértico teatro costarricense. Valga la metáfora para nada nerudiana. Qué lástima que sean tan pocas funciones, mientras el teatro mediocre se plagia a sí mismo con tantas y tantas funciones de malas comedias en otras salas.

lunes, 6 de abril de 2015

"Rápidos y furiosos 7": busca deleitar con sus propias tonteras

¿Furiosos? Con más presencia mediática que propia calidad, 
llega filme de acción al uso para su desuso
Por más que la mencionen en la película Rápidos y furiosos 7 (2015), lo cierto es que la ley de la calle ya se perdió del todo en dicha saga. Lo que queda ahora, con esta sétima y alargada versión, es pura aventura con más hormonas que talento en el guion. Aceptemos que el director del caso, el malayo James Wan, sabe meterse con cine de acción y no solo de terror. Este joven director (tiene 38 años, por ahí) muestra gusto y elegancia en el movimiento de cámaras. Igual, James Wan se deleita con el diseño coreográfico de los combates en grupo. Y ya. El filme es solo el empalme de distintas circunstancias, al punto que uno se siente ante cuatro cortos en un solo metraje. Es cine que intenta deleitarnos desde sus propias tonteras y desde sus diálogos cajoneros. No solo eso, hay que ver lo cursi que se pone esta película cuando le entra al melodrama familiar. Aquí nadie actúa bien: los histriones (ellos y ellas) son más esquemáticos que el diseño de sus personajes: lo rocambolesco del filme los hunde en la nada. Con banda sonora que aturde y sin precisiones de fotografía, no creo que Rápidos y furiosos 7 ni Dominic Torretto, su personaje, merezcan una película más.

domingo, 5 de abril de 2015

"Fuerza mayor", buen cine al estilo escandinavo y algo más

El patriarcado queda en alitas de cucaracha con la trama de la buena película Fuerza mayor (2014), dirigida por el sueco Ruben Östlun, nacido en 1974. No solo el patriarcado. Así, por ejemplo, en secuencia entre dos mujeres, no solo se discute sobre la importancia o no del hombre en la familia, sino también sobre la validez o no de la fidelidad en la pareja. Las valiosas situaciones dramáticas de esta película y su humor negro , tienen como causa un hecho natural: se trata de un alud de nieve en un hotel de montaña mientras los turistas comen en el restaurante. Con Fuerza mayor, al buen estilo escandinavo, tenemos un drama penetrante donde el humor igual refuerza el desarrollo de lo trágico. El guion es del propio director quien maneja muy bien la progresión dramática, que se afinca en los sentimientos de los personajes, cuando un miembro de la familia, nada menos que el esposo y padre, huye de la avalancha nevada y abandona a los suyos. Este acto tiene consecuencias imprevisibles que aquí no vamos a contar. Son las que le dan sustento e inteligencia al argumento del filme, con resultados convincentes gracias al loable pulso narrativo del director Östlund. Una de sus mejores imágenes la vemos cuando se recrea una especie de Piedad, donde la mujer madre y esposa cubre a sus hijos y marido en medio del lloro colectivo.Las actuaciones son excelentes. Dentro de ellas, la de la actriz noruega Lisa Loven Kongsli: ¡qué intensa ella sin gestos innecesarios! Por su parte, la música subraya bien lo emocional, con repetidos compases del “Verano” de Vivaldi como advertencia o “leitmotiv” (¡en invierno!) y con la suma de penetrantes efectos de sonido. La historia dura cinco días. Así se narra, día a día, de manera circular y con cierre relevante.

lunes, 30 de marzo de 2015

"La sal de la Tierra": fotos revolucionarias que piden humanismo

Tierra y sal: Un filme es capaz de hablarnos cara a cara mientras cuenta la vida de un quijote de la fotografía: Sebastião Salgado


El ser humano está llamado a dominar la Naturaleza, a dirigirla; con ello, procurar el bien a la humanidad. Esa frase llegó a ser parte del cosmismo ruso, sistema filosófico desarrollado por Nicolái F. Fiódorov (1829-1903) con otros pensadores de su época. Ese concepto –hoy ecologista– aún no sabía del carácter depredador del capitalismo, capaz de convertir la Naturaleza en mercancía, de expoliarla, usurparla o desfalcarla para satisfacer el instinto del vano enriquecimiento económico. Ahora llega al cine un documental extraordinario que nos da en el rostro con esa temática. Se trata de La sal de la Tierra (2014), producción francesa dirigida por Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado. El documental nos lleva más allá. Con valentía y arte nos señala que esos instintos llenos de avaricia de la humanidad ante la Naturaleza se extienden –como si nada– a una relación prácticamente criminal entre el género humano: el hombre contra el hombre. Para convencernos de su tesis y mediante emotivo ensayo visual, La sal de la Tierra estructura sus conceptos y los verifica a partir de una situación que no deja de ser narrativa. Así, se nos describe la vida de un hombre puro compromiso: el conocido e indomable fotógrafo brasileño Sebastião Salgado. Desde hace 40 años, Salgado recorre tierras y gentes, paisajes y aprietos, captando con fotografías la mutación negativa de la humanidad. Sebastião Salgado ha convertido su cámara en arma de lucha mientras registra trances que degradan la condición humana. A veces lo hace con dolor. A veces con mucho escepticismo. De pronto le da lugar a la esperanza. ¿Cómo no admirar a Sebastião Salgado?, él clama desde los rostros humanos y desde los paisajes esclavizados que, mediante sus fotos, resultan viscerales. Gran documental, no solo por la validez de sus conceptos, sino porque también es cine genialmente entendido desde su propio lenguaje.

Texto completo en:
http://www.quioscogruponacion.com/es/viva-2015-03-30-013841vivaaaaa-0abc-1111-2222150330/14

lunes, 16 de marzo de 2015

"Viaje": filme fallido, sin intensidad progresiva y final falso


Es evidente que, en términos formales, la joven directora opta por un trato minimalista al narrar sus historias. Podríamos decir que va más en búsqueda del concepto y excluye, de hecho y visualmente, lo que a ella le parece un sobrante. Incluso, ¿por qué no?, la expresión visual de la historia en blanco y negro puede ser parte de ese minimalismo. No dudo que el manejo de los tonos blanquinegros y de lo grisáceo está bien gobernado, aunque no siempre deviene signo de algo (es significante, envoltorio, no significado, según el modelo saussuriano). A ver si me explico mejor: el filme en blanco y negro está bien plasmado, es un trabajo limpio, pero no siempre en función de lo narrado. En esa onda, por ejemplo, uno extraña la ausencia de sombras propiamente dichas (luces y sombras). ¿La historia? Es básica, demasiado: chico encuentra a chica, chica y chico se van juntos a alguna parte, chico y chica se separan, chica y chico se reencuentran. Ese es el viaje de la película Viaje. De original, nada; sin embargo, esto no define la calidad del filme. Es otra cosa: aunque la historia discurre de manera agradable, sin incoherencias que la maltraten, la verdad es que el viaje resulta del todo predecible, sí, lo que comienza como una “travesura” del destino se convierte en sosegada historia de amor. Búsquese cualquier sinónimo del adjetivo calificativo “sosegada” y vale para el caso. En ello, los diálogos brillan por su superficialidad (a menos que se nos quiera decir que los jóvenes de hoy son así de superficiales, lo cual no es cierto). Con ese viaje, encontramos una visión sumamente convencional y hasta blanda del amor, sin ningún trasfondo duro. ¿Eso pretende Paz Fábrega, también guionista? Está bien, pero el cine (sobre todo el cine-arte) es una herramienta para más, no se trata de hacer un duplicado de la realidad. Esto no lo hace ni el realismo. Lo peor es que esa insustancialidad narrativa, con escasa tensión dramática, sin nudos ni funciones cardinales que den lugar a nuevas o más vibrantes situaciones, llevan al filme a ser –sobre todo– mera catálisis, ahí: descriptivo. Diseño flojo. El doble final de la película puede complacer a muchos, tanto más a los que gustan de finales felices, pero no deja de ser también especie de temor narrativo: ¿unir a la pareja de nuevo, para qué? ¿Signo del triunfo del amor sobre la amistad con sexo? Mmmmm, resulta muy conservador el asunto. Bueno, total, cada quien finaliza su historia como quiera, pero la debilidad dramática es sensible en este caso. Otros elementos caminan bien, como música y montaje; pero se debe cuestionar el uso empalagoso de los primerísimos planos para personajes hablando “naderías” o con sexo resuelto de manera tímida. Es muy malo el sonido. Además, ante una expresiva actuación de Kattia González, la de Fernando Bolaños es menos convincente. Total: ¿qué hacer con personajes diseñados de manera floja y sin conflictos internos? Este viaje en Viaje, la película, es exteriorizante, de ahí su superficialidad y la ausencia de un “proceso total”. Filme fallido, sin intensidad progresiva, cuyo “verosímil” peca de no exprimir lo que mejor existe como eje narrativo en cine y literatura: un viaje o una odisea.

domingo, 15 de marzo de 2015

"La cenicienta", según Disney, de 1950 al 2015: sus cambios

En el 2015...
En 1950...
En 1950, Disney realizó para el cine su primera versión del cuento de Cenicienta. La hizo con dibujos animados. Dicho filme se asemeja más al cuento del francés Charles Perrault que a la versión alemana de los hermanos Grimm. Ahora, con el desarrollo tecnológico, Disney se atreve a lanzar de nuevo esa historia dela muchacha llena de ceniza luego de dormir junto al fuego, degradada por culpa de su madrastra y hermanastras. La película nos llega con el nombre de La cenicienta (2015) y se basa en el guion de la película de 1950, solo que los dibujos animados han sido sustituidos por actores reales y por animales logrados a pura computadora. Es versión pensada para nuevas generaciones, sin desestimar a las anteriores, en manos de un buen director, el irlandés Kenneth Branagh, quien le da un bien renovado acento dramático a una historia harto conocida. De esa manera, lo escénico es fundamental para esta película, no solo con criterio teatral, sino también por la colorida y rica ambientación de estilo operático. Por supuesto que la maña de dicho director por algún lado cede al estilo de Disney y persisten escenas lacrimógenas con soluciones visuales cursis, agravadas por las actuaciones no tan convincentes de Lily James (Cenicienta) y de Richard Madden (como el príncipe). Para salvar lo actoral, está Cate Blanchett, como una madrastra singularmente cruel desde un potenciado glamour. Es versión neobarroca.

domingo, 8 de marzo de 2015

"Alma Salvaje": película sobre los fantasmas internos

Un solo viaje con doble sentido (físico y anímico) da lugar a un filme emotivo y tenso: Alma salvaje
La vida es áspera y es un conjunto de retos: es un caminar constante hacia alguna parte. Cuando el cine se plantea premisas así cumple el mejor de sus objetivos: narrar una vida en proceso antes que duplicarla. Sucede ahora con un filme muy bien logrado: Alma salvaje (2014), con el sello autoral de su director canadiense Jean-Marc Vallée. Dicho director nos dio gran lección de dinamismo dramático con la narración de la vida del vaquero Ron Woodroof, enfermo de sida por tener sexo sin protección, en la película El club de los desahuciados (2013). Esta vez, con Alma salvaje, se nos muestra la emocional aventura de Cheryl Strayed, quien emprende una caminata de más de mil millas por las Cimas del Pacífico, Estados Unidos (desierto de Mojave).
 Sola frente a la Naturaleza indomable, ella va tras su propio llamado y su propia catarsis, sin ninguna experiencia, en un medio agreste y machista, luego de la traumática muerte de su madre: Bobbi. Ese difícil viaje no es solo un éxodo físico, es también un viaje anímico. Ella desea despojarse de sus fantasmas internos, de su adicción a drogas fuertes y de su irresponsable conducta sexual, lo que la llevó a perder su matrimonio y al hombre que amaba. La historia no está narrada de manera lineal. Con ayuda del montaje oportuno de Martin Pensa y John McMurray y del buen guion de Nick Hornby, basado en el libro “Salvaje”, de la propia Cheryl Strayed, el director logra darle hondura al relato desde bien logradas retrospecciones. Las actuaciones de Reese Witherspoon y de Laura Dern son superlativas, sobre todo la de Laura Dern, como Bobbi, la madre. Entre ellas dos, en la película, corren la alegría y el dolor, la vida y la muerte, el candor y la aspereza. En fin, Alma salvaje es la historia en presente de una joven hacia su futuro, mientras ella debe luchar con las carlancas del pasado, todo bien narrado, con vigor, pese a algunas pocas secuencias más bien cursis. Buen filme que vale el boleto.

lunes, 2 de marzo de 2015

"Código Enigma": Alan Turing en cine: abarca y no aprieta


Código Enigma: El cine inglés tiene su estilo para rodar filmes biográficos y ahora un noruego lo hace de esa manera

Morten Tyldum es director de cine noruego que estudió para tal en Nueva York. De él es El código Enigma (2014), filme inglés. Dicha película narra de manera amplia la vida del genio criptoanalista y matemático británico Alan Turing (1912-1954), encarnado por Benedict Cumberbatch. De una vez, aclaremos que su actuación es monolítica, en el sentido de que “pescó” su personaje de una manera y así lo sostiene durante todo el filme: ausente de matices. El problema es que un personaje así más parece maniquí que ser humano: Se trata de una caracterización monotemática. Un personaje así trazado, me rompe el concepto de verosimilitud que la propia película se esfuerza por crear y mantener. Los acontecimientos se dan en 1952, cuando Alan Turing es tomado preso y luego acusado de “indecencia grave”. De ahí en adelante, el filme juega bien el manejo del tiempo en su presente histórico y con bien esgrimidas retrospecciones. Dos líneas han de converger en la trama. Una es la del Alan Turing pionero informático, quien fue capaz de descifrar los códigos de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, los de la máquina Enigma. La otra es la del Turing incapaz de definirse a sí mismo o de descifrar su código emocional de manera determinante, acusado y castigado de manera harto injusta por ser homosexual, lo que lo lleva al suicidio. Otro problema es que cada vertiente argumental tiene sus propias subtramas y, de pronto, la película abarca, pero no aprieta: le falta involucrarse más, le falta teñirse con la sangre que corre por las venas de sus personajes e, incluso, tomar partido ante lo que narra.

domingo, 1 de marzo de 2015

"Kingsman: El servicio secreto": vuelven espías con paraguas

He aquí una película modesta en ambiciones y sencilla en planteamientos, pero incisiva, agradable y entretenida en sus resultados. Se trata del filme inglés titulado Kingsman: El servicio secreto (2015), dirigido por Matthew Vaughn. Es película atractiva, paródica y valiosa. Es la historia de un viaje interno, el de un muchacho desclasado, sujeto marginal dentro de un sector social degradante, quien, de manos de un veterano agente secreto inglés, encuentra la ruptura con aquello que lo aliena y deviene “otra” persona. Al tiempo, una amenaza emerge por culpa de cierto genio del mal y, así, ambas situaciones serán una sola. 
Lástima que la actuación del muchacho, Taron Egerton, no sea la mejor. Peca por su falta de convicción, lo que no sucede con el resto del reparto, donde se lucen Colin Firth, Michael Caine y Samuel L. Jackson (genial como el sujeto sin escrúpulos con ansia de poder total). Pese a sus estereotipos, Kingsman: El servicio secreto maneja bien su propia lógica, incluso con su osado diseño artístico estilo “vintage” (donde, para un agente secreto, un paraguas es más importante que cualquier arma ultramoderna). Hay secuencias excelentes, como aquella mientras se escucha música de Edward Elgar o la de los paracaídas o la pelea con el paraguas. Los giros del relato sorprenden y enriquecen el entretenimiento de manera audaz, para beneficio del público. Esta película sabe reírse de sí misma (ah, y de la monarquía sueca, ¡ja!). Siente cariño por los espías y recordamos a muchos de ellos, del cine y de la televisión, como 007, Súper Agente 86, Los Vengadores, Mini Espías y otros. Ojalá vayan a disfrutarla.