SEGUIDORES: SE TRATA DE LA HUELLA DE CADA SEGUIDOR, ¡AL OJO! ¡DEJE AQUÍ SU HUELLA!

lunes, 8 de febrero de 2016

"La habitación": para recomendar a ojos cerrados

Es posible que algunos estén asombrados de la vuelta de hoja que ha dado el director irlandés Lenny Abrahamson (nacido en Dublín), realizador de la película Frank (2014), y quien ahora nos ofrece La habitación (2015). Esta segunda película, con un argumento lacerante, es filme cuya fuerza reside en la estructura lógica de su relato (dentro de su propio universo), relato que pasa por lo específico de su tema: denotada naturaleza angustiante que se apodera del espectador y, si se quiere, lo oprime con sus emociones. La trama se basa en novela escrita por Emma Donoghue, quien llevó a la literatura la historia de Elisabeth Fritzl, mujer austríaca encerrada en un sótano por su propio padre durante 24 años. Elisabeth tuvo hijos durante el encierro. La escritora es, además, la guionista del filme. La autora del libro no quiso concentrarse tan solo en los horrores cometidos por un psicópata. Según lo confesó, ella lo hizo en una pregunta: ¿qué representa ser madre mientras se está secuestrada en una habitación? Esta pregunta es la que también viene a darle sentido a la película de Lenny Abrahamson. Desde ahí, La habitación, como película, logra ser sumamente intensa en gran parte de su metraje, con las relaciones tan contradictorias de una madre y un hijo encerrados ambos en un cobertizo, como fiera prisión (no en vano, ella le cuenta al hijo la historia del conde de Montecristo). Entonces, en medio de su intensidad, se va descubriendo una hermosa y esperanzadora historia de amor materno-filial. Así, los personajes están perfectamente diseñados y los histriones Brie Larson (como la madre) y Jacob Tremblay (como Jack, el hijo de cinco años) están excelentes (notable dirección actoral, no hay duda). Las relaciones de causa y efecto están muy bien planteadas y de manera unitaria por el filme, que algunos dividen en dos segmentos, como dos actos. Error. Hacer eso es no descubrir la unidad dramática y férrea de la trama (relación dialéctica). Es filme que, por nuestra parte, recomendamos a ojos cerrados o abiertos, como gusten.
Crítica completa en

domingo, 7 de febrero de 2016

"Creed: Corazón de campeón", qué título más flojo

De nuevo, el actor Sylvester Stallone se mete en la piel de Rocky Balboa, su personaje icónico (el otro es Rambo), para sorprendernos con una película bien narrada, pese a tantos lugares comunes en el relato, titulada Creed: Corazón de campeón (2015), dirigida por Ryan Coogler. Es continuación o “spin- off” de una saga boxística exitosa en dólares y con un buen filme como primero de la serie: Rocky (1976), dirigido por John G. Avildsen, donde vimos otra cara de la realidad social estadounidense (la que el cine oculta casi siempre).
Luego la saga se empantanó. Ahora viene Creed: Corazón de campeón, película que con su personaje principal, Adonis Creek, deviene en especie de nostalgia del filme original de 1976. Incluso los personajes, uno por uno, nos recuerdan a los que entonces conocimos.De hecho, Adonis, el nuevo boxeador, es hijo del gran rival y amigo de Rocky Balboa entonces: Apollo Creed. En nombre de esa vieja amistad, Rocky acepta ser entrenador del joven cuyo credo le viene por herencia genética: el boxeo.De ahí en adelante, el filme es previsible, pero le queda la mano de un buen director, Ryan Coogler, quien logra darle un tratamiento muy humano a los conflictos personales, quien de nuevo hace valer las imágenes para recordarnos la marginalidad social vivida por ciertos grupos de la sociedad estadounidense y quien, sorpresa, sabe dar vigor dramático a las peleas de boxeo. Ryan Coogler nos recuerda que no en vano es ganador en el festival de Sundance con su primera película: Fruitvale Station (2013), precisamente con el joven actor Michael B. Jordan, quien ahora convence de nuevo como Adonis Creed.Coogler ha de ser excelente director actoral para poner a Sylvester Stallone dentro de una buena actuación. Rocky es ahora un pugilista melancólico, quien ha perdido más de lo que ha ganado (si lo pensamos bien) y quien carga su propio combate fuera de las cuerdas de un cuadrilátero: ¿culpa del boxeo?

domingo, 31 de enero de 2016

"Carol": amor se escribe con " m " de mirada

He aquí una historia contada con mucha sensibilidad, con emotivo tono poético, con libertad erótica y con gran habilidad para diseñar personajes y sus ambientes. Es cine donde la amable sencillez del relato hace una hermosa película vitalista. Se trata del filme titulado Carol (2015), logrado con inteligencia, ternura y pasión desde la mirada de su director Todd Haynes, graduado en semiótica, lo que nos explica cómo dicho director pudo expresar tan bien no solo los acontecimientos, sino, sobre todo, los sentimientos desde un referente unívoco. Con la aguda visión de Todd Haynes, el filme es profunda historia de amor vivida desde el contacto visual de sus personajes: dos mujeres que se aman desde el primer momento en que no pudieron eludir el mirarse una a la otra. El tránsito de esa relación amorosa con sus contradicciones, giros y perspectivas, esto es, la huella de esa mirada, se reproduce o extiende en una, otra y muchas más miradas que le dan cuerpo a una historia de ritmo pausado, pero sostenido, de fina progresión dramática, con elegantes formas y cálida pasión. Con Carol, no es herejía alguna recordar el tratamiento que del melodrama hicieron directores como Douglas Sirk, estadounidense de origen alemán, y John M. Stahl, estadounidense de origen soviético. Son fuentes. En fin, Roland Barthes dijo que uno escribe con su cuerpo; pues entonces esta película se narra a sí misma con la mirada de sus personajes (desde el comienzo de la historia hasta su cierre). Para eso, es imprescindible contar con buenas actuaciones, porque si no la película se va a pique. La salvada está en el buen trabajo de las actrices Cate Blanchet y Rooney Mara: sus ópticas de sus propios personajes estructuran con firmeza lo narrativo (épico) y lo sentimental (lírico) de la película. Hay que rescatar el arte del encuadre en Carol, ejemplar, y también la dirección de arte. Arte más arte; aunque hubiese preferido una más esclarecida muestra de la sociedad represiva de los años 50 en Estados Unidos, implacable contra las minorías, que parece resurgir con algunos precandidatos presidenciales de ese país, ¡hoy mismo!

viernes, 29 de enero de 2016

In Memoriam: muere Jacques Rivette a sus 87 años


El credo de Jacques Rivette, fallecido hoy viernes 29 de enero del 2016, a los 87 años de edad, fue siempre romper códigos establecidos, experimentar con el cine y ser conciencia revolucionaria dentro de la también revolucionaria Nouvelle Vague (Nueva Ola francesa). Sus comienzos con el cine fueron los de crítico, desde donde entabló sólida amistad con Jean-Luc Godard, François Truffaut y Claude Chabrol, y devino jefe de redacción de la revista Cahiers du cinéma, alma de dicho movimiento. Luego hizo cine y chocó con las censuras (La religieuse de Diderot). En realidad, fue director elogiado por críticos y estudiosos de cine y no por el público ("su cine es muy lento", decía la audiencia). En el 2010 comenzó a dar síntomas de Alzhéimer, enfermedad que le provocó la muerte. 

domingo, 24 de enero de 2016

"El renacido": su valiosa singularidad: en la suma

Con El renacido (2015), el buen director mexicano Alejandro G. Iñárritu (antes se firmaba González Iñárritu) cumple la difícil tarea de hacer cine comercial, al mejor gusto del Hollywood boletero, sin perder su habilidad y tradición como autor fílmico. En apretado resumen, El renacido (The Revenant) es la historia de una venganza, pero no como represalia mecánica, sino como algo nacido desde los propios sentimientos del sujeto vengador. Por eso, Iñárritu deja la valoración ética del tema en manos del espectador. Ahí nos toca asumir una responsabilidad más allá del final abierto de la película. Así, la trama resulta un viaje hacia el logro de la venganza, tema recurrente en las películas del género del Oeste, pero aquí con tramperos fronterizos como personajes. Desde ahí, evoluciona hacia un drama tan épico como emocional. Eso es lo que mejor logra Iñárritu. Lo obtiene con tres importantes ayudas. En primer lugar, la de ese gran maestro del ojo fotográfico, amo y señor de la paleta de colores, de sombras y luces, que es el mexicano Emmanuel Lubezki. En segundo lugar, está la magnífica puntuación de la música de Ryuichi Sakamoto y Alva Noto, quienes logran darle tensión a la trama, fuerza a las imágenes y pasión a los momentos claves de la historia. Por último, está el importante trabajo de montaje al mando de Stephen Mirrione, quien da el estudiado cálculo de tiempos entre secuencias de acción y la morosidad urgente, sobre todo cuando está en juego la relación de tramperos e indígenas con el ambiente natural apabullante. Servido de esos tres platos, Iñárritu toma el argumento y lo ofrece con tonos épicos, ideas panteístas, intimismo de los personajes, lo atractivo de los paisajes (tan agrestes como bellos) y la acción tan violenta como vital propia de la época. Ahí está la singularidad valiosa de este filme: en la suma orgánica de sus partes. Las actuaciones debieran estar a ese nivel, pero no exactamente por descuido de la dirección de actores. Para quienes gustan de aspectos formales, ojo a los planos-secuencia: son estupendos por inteligentes (son una toma durante cierto tiempo, cámara en movimiento, sin cortes que la interrumpan). Para los sociologistas, vean cómo Iñárritu se permite la defensa de los indígenas: “los blancos nos lo han robado todo”.
Crítica completa en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-The-Revenant-Venganza-trampera_0_1537846305.html

lunes, 18 de enero de 2016

"Joy: El nombre del éxito"... del éxito burgués

La película Joy (2015), dirigida por David O. Russell, es tan monosilábica como su título: ahí no sucede otra cosa más que lo mismo a lo largo de repetido metraje. No dudo al decir que Joy es película del montón, más de mil veces vista con historias semejantes. Lo peor de Joy no es su poca originalidad temática. Total, eso determina en nada la calidad de un filme visto en sí mismo. Lo mediocre es el tratamiento que tiene, al estilo de montaña rusa en un parque de diversiones: de pronto crece como la espuma del jabón, de pronto cae como fruta remadura de un árbol. En otras palabras, se trata de una película inestable con su discurrir narrativo: un “sin-sentido” en el cálculo de los tiempos. Sus imágenes son tan solo funcionales, al revés de lo que debe ser el buen cine. Es inaceptable que las imágenes estén en función de las palabras.De esa manera, la correspondencia entre imágenes y diálogos es incluso redundante. Lo otro es el descuido narrativo en términos estructurales. La película es narrada por la abuelita de Joy, personaje principal. Es un narrador testigo; sin embargo, ¡diantres!, ¡todo lo sabe! Del narrador testigo, sin justificarlo, el guion hace un narrador omnisciente. Y más, la abuelita se muere (perdonen el dato) y sigue narrando lo que le sucede a Joy. ¿Diay? Por último, la moraleja de esta fábula tan manoseada es fácil de suponerla: para cualquier Cenicienta lo mejor es el “sueño americano”: Estados Unidos es la zapatilla que trae príncipes (dólares, en este caso). ¡Golpe bajo!
La crítica completa la encuentran en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-Joy-Cenicienta_0_1537246295.html

domingo, 17 de enero de 2016

"La gran apuesta": crisis del capitalismo en breviario

La gran apuesta
A propósito de Shakespeare, el poeta romántico Coleridge señalaba: “Su humor tiende al desarrollo de lo trágico”. Esta frase nos viene como anillo al dedo a propósito del estreno de un excelente filme, como lo es La gran apuesta (2015, The Big Short), con sagaz dirección de Adam McKay. Al basarse en hechos públicos, es atrayente cómo una película –cuyo final se sabe– pueda mantenernos pendientes a lo largo de su metraje, seducidos no solo por la trama, sino también por la creativa grafía en que esta se plasma en pantalla. Cuando algunos gobiernos y sus instituciones nos distraen con asuntos menores, cuando la prensa aliada de los más poderosos ignora ciertas noticias y cuando solo en los ríos suenan las piedras, ojo, algo serio está por pasar. Por aquí va la película con elegantes formas y con hondura dramática tras su rostro de comedia. Esta película se basa en el libro homónimo de Michael Lewis, sobre la quiebra del sector inmobiliario en Estados Unidos (2008), lo cual originó una profunda crisis económica del capitalismo. La película sorprende bien con sus resoluciones visuales, sus giros argumentales, su ruptura de la cuarta pared (con parlamentos directos al espectador), su sátira explosiva y sus diálogos inteligentes. Excelente película que, como dice el crítico Lucas Rodríguez, resulta cortante drama sobre la ganancia de unos pocos en detrimento de empujar a otros a la pobreza. Las actuaciones son excelentes, de principales a secundarios, y el filme resulta un breviario crítico sobre Wall Street para principiantes (digamos), que no para tontos (es distinto).

lunes, 11 de enero de 2016

"En primera plana": nunca lo perdonaremos: ¡Nunca!

Los hechos: por el 2002, un equipo de reporteros del diario Boston Globe investigó y destapó los escándalos de pederastia cometidos durante mucho tiempo por sacerdotes católicos de Massachussets. No eran casos aislados, qué va, era una red de perversiones sexuales con consecuencias graves para las víctimas. La propia estructura de la arquidiócesis de Boston montó un aparato sólido, en complicidad con abogados sin escrúpulos, para ponerle tapa a esa olla de cochinadas. El manto de silencio fue orquestado por el propio cardenal de dicha diócesis, Bernard Francis Law. Este obispo luego fue obligado a renunciar y Juan Pablo II lo nombró en los dicasterios vaticanos, donde él se protege de los cargos judiciales que lo acusan en Estados Unidos. Sobre eso y sobre las investigaciones del grupo de periodistas llamado Spotlight, del Boston Globe, corre el argumento de la película En primera plana (2015), dirigida con sinceridad y tensión por Thomas McCarthy, quien logra acuñar, imagen tras imagen, un pálpito digno del mejor cine. 
Presencia admirable
del equipo actoral
Se debe alabar el buen manejo de recursos cinematográficos por parte del director para que su filme no sea un simple documento más sobre el tema: esta es una película con vida, capaz de enojarnos a quienes miramos con asombro el descaro eclesiástico para con los niños. Es cine valiente, no hay duda. Sin embargo, es más que eso: es cine inteligente y hace arte con su propuesta: el arte de la indignación. No hay concesiones temáticas y a ello se le suma una escritura fílmica de rigurosa caligrafía, sin perder el rumbo. Eso significa que el filme posee una lograda arquitectura para, sobre todo, privilegiar su autenticidad: ante un tema tan delicado, destaca su honradez conceptual. El mundo del periodismo, desde sus inquietas salas de redacción hasta las entrevistas fuera de ellas, está muy bien delineado: es la mejor glosa del relato. Lo cierto es que el contenido del filme determina cada uno de sus elementos y estos responden bien a esa exigencia. Otro mérito de la dirección. Como testimonio, así queda En primera plana, con una lista final de la gran cantidad de hechos semejantes en otros sitios del mundo: el catolicismo institucional nunca podrá lavarse la cara de esta inhumana versión moderna del “Dejad que los niños vengan a mí”: ¡nunca!

domingo, 3 de enero de 2016

"Primero de Enero": el niño del piano en buen cine

El cine es universal. Eso suele decirse y, en el caso de la película dominicana titulada Primero de Enero (2014), dirigida por la costarricense Érika Bagnarello, dicha frase puede servirnos de consuelo. La directora Bagnarello, también guionista, pensó su película para ser rodada en Costa Rica, pero no encontró puertas ni ventanas que se le abrieran para su proyecto. Se echó a sus espaldas el guion, mochilera de las imágenes, y encontró el apoyo en República Dominicana. Así es cómo su filme Primero de Enero pasó de ser costarricense a ser dominicano. No es de lamentarlo. Érika Bagnarello ha contribuido con su película al pensamiento de José Martí en su ensayo titulado Nuestra América: “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse”: sin vanidades aldeanas Con dicha película, Érika Bagnarello se impone la tarea de mostrarnos una realidad muy próxima, tal cual, en un medio donde afloran las contradicciones sociales. Lo mejor: lo hace desde la mirada de un niño llamado Sebastián. El divorcio del padre con la madre de Sebastián, genera en el niño el deseo de realizar un acto poco prudente. Esto dará lugar a una trama explosiva en lo emocional que, a la vez, conforma una babélica espiral de acontecimientos, donde bullen por igual la solidaridad y las mezquindades. Lo acontecido en el relato del filme deja huella en sus personajes. Ya se sabe, nadie se baña dos veces en las mismas aguas. Bien diseñados, los personajes han de cambiar con el transcurso de los hechos que ellos mismos propician o generan. Evolucionan. Este es el sustento de la trama, lo mejor de ella. 

Con un piano como pretexto, la historia se agita en sí misma y avanza con arte narrativo (sígnicas y comprometidas maneras), con muchas cosas buenas diseminadas por su amplio territorio narrativo y un decir fílmico capaz de sorprendernos de manera siempre plausible. La película se comporta, pues, como un paquete bien redondeado de imágenes e ideas (lo visual y lo conceptual) y con una estética pasada por la criba de la mejor calidad: es filme que no solo da información, porque también produce distintas sensaciones. Podemos disentir de situaciones resueltas con diálogos apenas funcionales; podemos decir que la música exagera su presencia en el último tercio del filme y que eso nos obliga a cerrar oídos; también podemos señalar que las actuaciones no mantienen el mismo equilibrio. Luego de eso, solo queda aceptar que la calidad general del filme es más que buena y sabe seducirnos. Hay secuencias realmente excelentes: el juego de planos cortos del comienzo del filme, la mostración de personajes, la cámara que indaga lo humano en un botadero de basura, la situación de los haitianos, la búsqueda de autenticidad en su escritura fílmica y el afán de humanismo en su contenido. Érika Bagnarello ya nos había convencido antes con su documental Luces de esperanza (2009). De nuevo lo hace ahora con esta su primera película de ficción. Solo queda que vayamos al cine, no porque la crítica lo diga, es que Primero de Enero y ustedes se lo merecen.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Snoopy y Charlie Brown: a la medida de los sueños

Sencillez y hondura, escribió alguien acerca de la nueva película con los personajes de la historieta titulada en inglés Peanuts (cacahuates o maníes). Por cierto, este nombre le fue dado por un productor en contra del criterio de su autor, el historietista Charles M. Schulz (1922 - 2000). Hondura y sencillez, cierto, y es lo que rebosa el filme Snoopy y Charlie Brown (2015), sensible acierto del cine animado. Podríamos agregar otras virtudes de esta película que, lástima, se alarga sin urgencia narrativa en su último tercio, es como si quisiera encontrar un final que no le llega cuando lo tiene ahí a mano. Entonces, es válido pensar que se alarga y se torna lenta tan solo para cumplir con más tiempo de metraje. Por supuesto que ello afecta el resultado total de la película de manera negativa, pero también es cierto que –a ese momento– se ha dado una aventura muy entretenida, bien narrada, con sus personajes perfectamente diseñados (los sentimos adentro de nuestras pieles) y, con tales personajes, se nos estructura una fábula con sinceras e importantes moralejas. La aventura de Charlie Brown, ese niño tan sentimental y honrado consigo mismo y con los demás, pasa por valores hoy bastante descuidados. Esta película nos habla con fino sentimiento sobre el amor, sobre la importancia de la honradez intelectual, de la ética y de la amistad. También ayuda a valorar el papel de la imaginación con los recreados combates de Snoopy, con su canina casita voladora, frente al llamado Barón Rojo (el bien contra el mal). Humor sobra en estas secuencias. Snoopy y Charlie Brown es filme narrado con bien llevadas situaciones paralelas. Shakespeare escribió en su obra La tempestad: “Nosotros somos esa cosa de la que los sueños están hechos y nuestra vida está rodeada de un sueño”. Frase exacta para medir esta película que debemos recomendar.

sábado, 19 de diciembre de 2015

"Star Wars 7": El despertar de la fuerza: más de lo mismo

Llega Star Wars 7: El despertar de la fuerza (2015) y está claro que es jugadita comercial; sin embargo, también deviene entretenimiento bastante aceptable, con más méritos que deficiencias: un buen “rejuntadito” de lo visto en anteriores filmes de dicha saga. No es el filme extraordinario que sus devotos desean ver y terminan por ver. Para nada. Sin darle vuelta, lo mejor que tiene está en el buen trabajo del director J.J.Abrams, quien también ha tenido buenos resultados con algunas películas de la saga de Viaje a las estrellas (2009 y 2013). Abrams comprende que esta nueva guerra galáctica, si bien es película del género fantástico (ciencia-ficción), es también filme cuya raíz se nutre de las viejas historias de samuráis propias del cine japonés e –igual– de las de caballerías, al estilo de las del ciclo artúrico. De paso, se permitió, con Lawrence Kasdan y Michael Arndt (guionistas), limar las tantas vicisitudes místicas muy al estilo de Tolkien que tenían los filmes anteriores. De esa manera, Star War 7: El despertar de la fuerza apuesta más a la aventura y, ante todo, a la lucha por el poder (con aristas políticas más del presente). Así será mientras no aparezca Yoda: al menos, es de suponerlo. Lo cierto es que es como esas fiestas de graduados de un colegio que se ven años después: hay mucho que recordar y hasta lo deficiente parece bueno, donde se habla de manera fragmentaria de lo mismo, pero narrado como historia pasada por el tiempo. Hasta la música de John Williams se permite recordarnos el tema principal de la saga a cada momento, con el defecto de que su música es un cansado concierto de excesos sinfónicos: él se cree ser la película o lo más importante de ella. Las actuaciones son del todo irregulares: solo Daisy Ridley y Oscar Isaac se han tomado en serio sus personajes, mientras Harrison Ford se preocupa más por el cheque que le darán. El diseño de arte sí es más de lo mismo, como si no hubiese corrido el tiempo, mientras la fotografía se cuida de estar en esas mismas tonalidades. Con todo, lo bueno del filme es cómo procura evadir la monotonía. El trucaje se ve siempre minucioso, pero menos imponente. Lo mejor no está en el final de la película (como dicen algunos), sino en su recorrido. Se puede recomendar.

La crítica completa aparece en
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-Star-Wars-despertar-fuerza_0_1531046954.html
cualquier publicación de esta crítica debe mencionar dicha fuente.

martes, 15 de diciembre de 2015

"El abrazo de la serpiente": ¡hay hacia donde mirar!

Mientras transcurría el metraje de la exitosa película colombiana El abrazo de la serpiente (2015), pensé en otro referente en apariencia ajeno: el de la novela La vorágine, del también colombiano José Eustasio Rivera, publicada en 1924. Ahora, con sus formidables imágenes en blanco y negro, el director colombiano Ciro Guerra se adentra en esa selva amazónica que se traga a los humanos, los invade de locuras, los hace pagar sus desmanes y donde la fiebre del caucho los esclavizaba. Vorágine. En la película El abrazo de la serpiente no tenemos una selva turística ni idílica, de ahí la renuncia al color que solo se muestra durante breves e importantes minutos: el color como evasión de la realidad. Sin tener el color de la pintura indígena de Carlos Jacanamijoy, de la región selvática de Putumayo, la película sí mantiene esa evocación mágica propia de la cultura autóctona en conflicto con la crueldad practicada, en nombre de su fe, por religiosos venidos de España. El sincretismo cultural es la unidad temática de esta importante película que camina a lomo de dos historias, como dos voces que se entremezclan en una sola, ello gracias a un personaje indígena: Karamakate. Hay dos surcos y una sola siembra. Son surcos visuales bien hilvanados en el filme con logradas transiciones entre ellos. Primero vemos a un indígena que es el último de su estirpe y su encuentro con un científico enfermo; sin embargo, Karamakate es indígena visto desde su misterio interno: ser un “chullachaqui”, especie de cascarón a la deriva que busca el encuentro ancestral. 
Tiempo después, Karamakate, envejecido, recibirá a otro científico, quien busca una planta que enseña a soñar. Este encuentro se unirá de manera umbilical con el anterior de la mejor manera. Hay momento impactantes, pero también el filme languidece a ratos con fallidos tiempos muertos por repetirse a sí mismo con sus conceptos. Los planos largos pueden ser tan exquisitos y significantes, casi siempre, como tediosos en otros momentos. La dirección actoral está bien lograda, sobre todo con quienes encarnan a Karamakate en las dos historias (Antonio Bolívar y Nilbio Torres), mientras la energía fotográfica se apoya bien en música oportuna de distintos rostros. Con mejor compás desde la sala de montaje habría sido filme perfecto; pero igual, es evidencia de que en América Latina hay muy buen cine. ¡Por supuesto que hay a donde mirar para lograr buenos guiones!

miércoles, 9 de diciembre de 2015

"El año más violento": como el "Macbeth" al revés

Si hay algo realmente bueno en la película El año más violento (2014), del excelente guionista y director J.C. Chandor, es ese aire de tragedia shakesperiana que respira a lo largo de su metraje, donde los sucesos se acumulan de manera tensa y pausada. Como paradoja, esa virtud le es también debilidad: se le escapa la excelencia total al filme por no ser consecuente consigo mismo y por llevar el elemento trágico hacia otros personajes, quienes aparecían como secundarios. De esa manera, el determinismo aciago pierde fuerza y la película también. Aún así, El año más violento sugiere que los hilos mafiosos de la corrupción bien pueden pasar del campo de los negocios al de la política. La trama sucede en Nueva York. Corre el año de 1981, que, según las estadísticas, ha sido el año neoyorquino con más crímenes. Es cuando un emigrante hispano, Abel Morales, comienza a triunfar con sus negocios, no tan limpios del todo, pero sin caer en la rudeza de la mafia. Para eso cuenta con la ayuda de su esposa Anna, menos escrupulosa y muy bella. A punto de poner la pieza clave de su dominó, para Abel y Anna comienzan los problemas y el drama. Alguien dijo que esta película es algo así como el Macbeth escrito por Shakespeare, pero al revés: es interesante esa acotación. J.C. Chandor se permite un agudo estudio sobre la avaricia, la competencia, el afán de poder y la relación de pareja como pocas veces se ve en el cine industrial: hay mesura en la tensión y tensión en la mesura. Algo está muy claro con El año más violento y es que mucha de su entereza dramática y de su sentido trágico descansan en las formidables actuaciones de Oscar Isaac y de Jessica Chastain: ¡tremendo tándem actoral! Igual de importante es la dirección de arte para, con la fotografía, componer una época: los años 80. Y si hay algo que sorprende por su exquisitez y sentido de oportunidad, ello es la música de Alex Ebert

martes, 8 de diciembre de 2015

"En el corazón del mar": Melville antes de "Moby Dick"

El gusto por el buen cine. El gusto por la aventura. Ambas condiciones se unen para ofrecerse en una película de buena calidad, capaz de entretener y de sembrar inquietudes en el espectador. Se trata del filme En el corazón del mar (2015), dirigido por Ron Howard. La película mantiene el aire de aventuras propio de la literatura estadounidense de la época de autores como Nathaniel Hawthorne y Herman Melville. El primero es citado en el filme varias veces y el segundo es uno de sus personajes. La anécdota que da lugar a la trama es el hundimiento del buque ballenero Essex, cuando Melville indaga sobre la suerte del Essex para llevarla, según el filme, a la literatura y escribir su Moby Dick. Uno de los sobrevivientes del Essex le relata los terribles acontecimientos, generados por la codicia humana de obtener más y más grasa de las ballenas arponeadas. En esa situación, podemos recordar lo dicho por Miguel de Unamuno: se está en agonía cuando se lucha, pero el combate del hombre en el interior de sí mismo es la agonía más grande. A eso, agreguemos un cachalote inmenso que persigue a sus cazadores y tenemos el “clic” de la película. No hay duda que el director Ron Howard conoce su oficio y logra convertir el guion en excitante película de aventuras, con muy buen diseño de personajes, sobre todo el de los marineros lejos de tierra firme, quienes deben enfrentarse a un descomunal e inteligente cetáceo. Recomiendo En el corazón del mar como cine de aventuras, con filtrado texto ecológico y con agudas reflexiones sobre la conducta humana. Ahí les queda.

lunes, 30 de noviembre de 2015

"Las sufragistas": voto, hogar, calle y cárcel: ¡cine!

Es admirable el vigor mostrado por la película inglesa Las sufragistas (2015), dirigida no solo con esmero artístico, sino también con aguda credibilidad. Ese vigor se muestra en la estructura lógica de sus ideas y en lo específico de su tema: el derecho al voto de las mujeres. Con guion escrito por Abi Morgan, la directora de esta película, Sarah Gavron, entiende bien que las distintas luchas de las mujeres por alcanzar el voto, en condiciones iguales a los hombres, son más que una reivindicación. Por eso, Las sufragistas expresa muy bien que esta lucha de las mujeres es, además, sostén de la sociedad toda, que es lucha política e implica la fe de llevarla hasta otros temas, como la equidad social, el respeto a la condición humana y el logro de una sociedad más justa. Todavía es más claro el argumento de este filme, cuando propone que esta gran lucha femenina es y será dada fundamentalmente por las mujeres proletarias, quienes sufren con más dureza las injusticias de una sociedad patriarcal y odiosa con sus regulaciones laborales. Con eso último, Las sufragistas es cine casi documental (su directora es también documentalista) y no malgasta imágenes. Así se muestra con las mujeres en los centros de trabajo, en el hogar, en las calles, en las actividades clandestinas y hasta cuando son encarceladas. La resistencia al avance social femenino proviene de igual forma de un sistema político-económico y no solo del orden ideológico patriarcal. Eso en lo conceptual, donde la película es hervidero de ideas que nos llega desde sus diálogos nada superficiales, ¡para nada! Hay más, porque tres elementos fortalecen la posición fílmica de la directora Sarah Gavron para esta excelente película. Primero, la fotografía grisácea y de agudeza proletaria, lejos de cualquier estilo colorido de la “Belle Époque”: recordemos que los acontecimientos se dan antes de la Primera Guerra Mundial. Ese arte le corresponde al español catalán Eduard Grau, cada vez más grande en lo suyo. El segundo elemento es la música de otro grande: el francés Alexandre Desplat, quien se muestra superlativo: el filme corre por su pentagrama. Tercero: la extraordinaria presencia del elenco, con formidable actuación de Carey Mulligan, eximia como la mujer fabril que, poco a poco, toma conciencia política hasta convertirse en auténtica revolucionaria. Las sufragistas es cine comprometido desde su ética y con su estética. Es filme aún válido, porque las mujeres juegan hoy un papel histórico en el cambio de una sociedad que se cae con su podredumbre. Este es cine del excelente, de ese que uno nunca debe perderse.

domingo, 29 de noviembre de 2015

"Un gran dinosaurio", buen filme que pudo ser mejor


No hemos terminado aún de frotarnos las manos ante el placer dado por Disney junto con Pixar, por el estreno del filme Intensa-Mente (2015), dirigido por Pete Docter, cuando ya nos traen una nueva y seductora aventura: Un gran dinosaurio (2015). Como director ha sido escogido Peter Sohn, y lo primero que hizo fue cambiarle la edad al personaje principal, un dinosaurio llamado Arlo. Pues bien, Un gran dinosaurio, pese al encanto de su historia, al logrado diseño de sus personajes y al magnífico entorno visual tiene el problema de ser un relato débil en sí mismo, que aporta poco o nada a la evolución del lenguaje fílmico animado y al que le cuesta convencernos de lo “real” de su trama. Con el argumento, tenemos un joven dinosaurio (Arlo), quien debe hacer un viaje difícil para recuperar a su familia y para superar los miedos que lo mortifican. En dicho éxodo, Arlo establece profunda amistad con un niño cavernícola al que llamará Spot y quien tendrá su propio destino: él es parte de la especie humana en temprana evolución. Ellos se complementarán. El filme tiene buenos momentos, pero uno siente que pudieron ser superiores: más vitales. Destaca bien la secuencia de los tiranosaurios vaqueros: gran momento de la música de la película. Es en lo que falla el filme de manera parcial, cuando lo tenía todo en sus manos. Igual, es gustoso cine animado.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Está detrás de ti: viene de estar encima de alguien

Al fin, el cine independiente es quien saca la cara por el cine de terror y ofrece un filme que garabatea el terror desde el drama. Lo hace con calidad respetable. En Costa Rica, la película se titula Está detrás de ti (2014). La dirige con astucia el realizador David Robert Mitchell, a partir de un guion propio. El filme sorprende bien desde su comienzo, con esa especie de introducción de una muchacha que huye de “algo” para nosotros desconocido. Visualmente, el filme se ve enriquecido con un excelente plano-secuencia para ver la angustia de la joven y su escape de algo que no se dice qué es. Lo vamos a saber después: se trata de “algo” que se contagia por transmisión sexual. No es una enfermedad. Suena a moralina, pero al interior de la película lo que interesa es el terror que esa situación pueda y puede generar. Lo que sigue es encontrar la cura al “algo” heredado por sexo y es ¡tener más sexo! Roland Barthes decía que uno escribe con su cuerpo. Si le damos vuelta de rosca a la frase, podríamos decir que este filme narra bien su historia con su propio cuerpo narrativo. Su historia está bien estructurada, con suspenso bien manejado. Entonces vemos buenas actuaciones de actores y actrices bastante jóvenes, el decorado es buena glosa plástica (con el refuerzo de la fotografía) y la música electrónica de Rich "Disasterpeace" Vreeland refuerza cada momento del suspenso con energía, sobre todo cuando se muestra que el “algo” prefiere matar en un coito. En medio de tanto ajetreo, hay indagaciones sobre los miedos de las nuevas generaciones y se adentra en los temores del subconsciente. Película recomendada, va al estilo de John Carpenter, por dicha, y no del fallido Wes Craven.

domingo, 22 de noviembre de 2015

"Los juegos del hambre: Sinsajo, parte 2": se mantiene

Minutos más, minutos menos, hace un año me refería a la tercera entrega de Los juegos del hambre (2014), en su parte primera (dirigida por Francis Lawrence), como puente entre lo que había antes y lo que habría de venir y ya está aquí: Los juegos del hambre: Sinsajo, parte 2 (2015), de las manos del mismo director. Aún como “puente”, esa parte primera de este tercer capítulo está bien dentro del tono distópico propio de la ciencia-ficción. Hoy, la parte segunda se ve obligada a ser más proactiva y, por eso, a configurarse diferente como relato fílmico. Con el final de la película anterior, parecía que uno oprimía un botón de pausa. Hoy, al comienzo de este filme que cierra el ciclo, uno siente que solo da “play”, que tan solo fuimos a comernos un emparedado con refresco y que hemos durado un año en ello, sin sentirlo. Los juegos del hambre: Sinsajo, parte 2 retoma fuerzas como hecho narrativo y, con su cruce de aves híbridas (sinsajo), el filme narra bien el viaje de sus principales personajes hacia algo. Ese “algo” oscila entre el ansia de libertad para los residentes de los distritos (derrocar a la dictadura con sus juegos del hambre) y el afán de venganza (matar al dictador). También los sentimientos asumen nuevos rostros: la alegría, el dolor y, ante todo, el amor. Las actuaciones del equipo crecen en calidad, con Jennifer Lawrence más presente que nunca. La música es portentosa, necesaria y útil. La fotografía le corresponde muy bien a una magnífica dirección artística: mezcla sabia de escenografías con arte tecnológico (efectos visuales). Con aceptable versión 3D, los subtítulos fueron colocados de manera oportuna entre los personajes. Es curioso: así, se alienta el dinamismo dramático del relato y la tensión visual. Especie de visión futurista de la lucha de clases, el filme Los juegos del hambre: Sinsajo, parte 2 logra superarse a sí mismo como elemental entretenimiento para adolescentes. Ha sido un buen cierre para una saga que ha dado mucho más de lo esperado.

lunes, 16 de noviembre de 2015

"Conducta": historia tensa y sensible, cine cubano

Lo mejor del cine cubano es su capacidad para ser relato y hacer crítica social a la vez, siempre con logradas metáforas. El filme Conducta (2014), con la precisa dirección de Ernesto Daranas, se suma a ese hábito donde tanto la función estética como la social son aquí sinergia. Conducta es drama sentimental, que logra conjugar –de manera admirable– el valor de las ideas, el desarrollo de ellas, su pensamiento, o sea, sus conceptos, con su sincera e inteligente forma de narrar (tratamiento). Contenido y forma, todo ello expresado con talento narrativo y con solidaridad visual. Es curiosa esta habilidad del cine cubano y de sus directores, quienes son los primeros críticos del orden social con el cual conviven y al que, al final de cuentas, respaldan. Aunque Conducta tenga algunas pocas secuencias un tanto machaconas con su lirismo melodramático, el resultado final es el de una película no solamente seria y contundente, sino también amorosa con sus personajes, sujetos que viven al margen de una sociedad cuyas égidas o estandartes son la justicia social y la paz. De esa manera, la historia tensa y sensible (a la vez) de una maestra que asume con gran amor su vocación y quien se supera a sí misma ante niños o niñas que viven situaciones humanas desfavorables, cala en el espectador con asombrosa probidad. La excelente fotografía y la música se incorporan con arte y argucia al relato mismo: con estilo coherente. Es admirable este trabajo de simbiosis dramática para beneficio del proceso narrativo. Le da cuerpo de excelencia al filme. De manera análoga hemos de hablar de las actuaciones, de todo el equipo histriónico y no solo de los principales: ¡excelentes!, son ellos quienes nos sumergen en ese tejido complejo de la sociedad cubana, pero que igual podría darse en otros países distintos: es el carácter universal de Conducta. La película evita juzgar a sus personajes. Los ve cómo sujetos de una historia dialéctica, de una historia capaz de desarrollarse siempre, aunque cambie de formas. Es cine con fervor humanista si pensamos en ese hombre cubano y continental: José Martí. O sea, es filme martiano al señalar el valor de la educación y de la escuela.
Cierro con la ensayista costarricense Nuria Rodríguez Gonzalo. Ella escribió en su artículo titulado Viaje a la isla de los cronopios este concepto: “Conducta es película fuerte, dramática, las historias de sus protagonistas son tragedias que nos producen catarsis. No ahorra críticas al sistema educativo ni a la sociedad que describe; sin embargo, también es una obra plena de ternura, profundo afecto e indiscutible belleza.” 
Enlace: 
http://www.elpais.cr/2015/11/13/viaje-a-la-isla-de-los-cronopios/

"El lugar más feliz del mundo": flojera desde su guion

Otra película costarricense, una más y nada más. Asunto cuantitativo: muy pocos filmes del país logran el salto hacia una condición cualitativa. Esta vez se trata de un mejunje o aguachirle sin fuerza ni sustancia, así de aguado, aunque visualmente agradable por secuencias. Su título es El lugar más feliz del mundo (2015), filme de Soley Bernal, realizadora de origen colombiano afincada en Costa Rica. La verdad es que no pasa de ser versión biodegradable de lo que siempre hacen determinados cómicos del país, ahora metidos con calzador en cine. El problema viene desde las debilidades de su guion. Su núcleo argumental tiene poca garra y menor coherencia, solo excita la epidermis del público: lo hace a partir de la presencia huera de sujetos ya conocidos en el medio farandulero. El argumento remite a pleitos por audiencia entre dos canales de televisión, uno más poderoso que otro, como si fueran expresión frívola de la lucha de clases. El canal rico paga a un asesino en serie para que mate a cuanto cómico participe en el canal pobre, llamado el canal de la comedia. Al borde de la quiebra, el canal festivo lleva a sus intérpretes a un largo viaje hacia un lugar exótico donde se sentirán renovados y, así, volver y derrotar a los ricos. Ese tal viajecito resulta largo para uno como espectador, mientras se llena de chistes fáciles y absolutamente predecibles. Es cuando la trama se cae sola. Si el núcleo argumental es más disperso que un rezo de loras, también es débil el diseño de personajes: parece más un filme pensado para sus actores que actores pensados para un filme.
Crítica completa en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-lugar-feliz-mundo_0_1524447636.html

jueves, 12 de noviembre de 2015

"Danny Collins: Directo al corazón", mejor... al basurero

El guionista Dan Fogelman pasa de su habitual trabajo de escritor de libretos para filmar su primera película con guion propio. Se titula Danny Collins: Directo al corazón (2015): es melodrama azucarado que gira sobre el rock, donde hasta el rock parece cursi. Si quisiéramos, con ese primer párrafo podríamos dar por terminada esta crítica, pero quedan algunos apuntes. Uno se ríe cuando al principio del filme se dice que la historia “está como basada en hechos reales”, así dice. “Como basada”, o sea, “basada en hechos reales... o al menos un poco”. El asunto es que este filme se basa en anécdota sucedida a otro músico real, Steve Tilston, en el arte del folk. A dicho solista, John Lennon le escribió una carta y Tilston recibió esa misiva cuarenta años después. Hasta ahí el hecho real. Lo demás se lo inventa la película y crea un nuevo personaje: Danny Collins. Collins es cantante roquero capaz de hablar mal hasta del propio rock mientras se hace millonario. Es un sujeto de setenta años con gran pegue entre las masas roqueras. Dicho cantante disfruta la vida precisamente con aquello que la sociedad señala como “excesos”. Así hasta que él lee la carta de John Lennon. ¡Zaz! El hombre queda allí como Saulo cuando oyó la voz de Jesús (“Saulo, ¿por qué me persigues?”): la carta del gran Lennon lo “convierte” en otra persona y la película se viene en caída libre, como cerveza derramada: es cada vez más mala, más cursi, más superficial, más aburrida, más tonta, con exceso de diálogos explicativos y pierde la potencia visual del principio. Es de lamentar que la tan buena actuación de Al Pacino (como el viejo roquero) se desperdicie en un filme tan malo como este.

lunes, 9 de noviembre de 2015

"007: Spectre": entre Orwell y Bradbury, según Mendes

Cuando ya nos vamos acercando a la película número 25 con James Bond, un tal 007, el estreno en Costa Rica del filme 007: Spectre (2015) nos permite señalar que dicha película cuenta con un buen director, como lo es el inglés Sam Mendes, quien sabe escribir conceptos arriesgados y contraculturales en los pliegues de sus logros artísticos (visuales). Por ejemplo, en 007: Spectre, se cuestiona el tema de matar con permiso según ciertas estructuras de poder: las políticas. El agente James Bond es señalado como “asesino” en distintos parlamentos. Por esa ruta, se cuestiona el abuso de poder y el control constante de los personajes por parte de la agencia gubernamental, con el avance tecnológico. Es una especie de mundo a lo Orwell o a lo Bradbury en sus novelas “1984”, del primero, y “Fahrenheit 451”, del segundo. En efecto, Sam Mendes ha estructurado una película distópica y pesimista, donde las mafias se globalizan de manera perversa: tráfico de mujeres, de niños, drogas, órganos, migrantes, medicinas y otras especias, incluido el espionaje. No solo es asunto de persecuciones bien conseguidas (la de México es excelente desde su plano-secuencia) o de entregas eróticas con “chicas Bond”, aquí débilmente logradas: sin convicción erótica. No es solo eso: también hay miga o enjundia. Por otra parte, para complacer a los “bondianos”, la película ofrece guiños tradicionales del agente Bond, bastantes. Incluso la música va por ahí, con notas constantes del tema original, aunque empacha por demasía. El filme peca por exceso de diálogos que dañan su ritmo; empero, esto no afecta el buen trabajo de actores con espuela: Daniel Craig, Ralph Fiennes y Christoph Waltz, en ese orden. A ellos debe sumarse la buena factura técnica y la sorprendente dirección de arte.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

"Shaun, el cordero" y "Máxima precisión": dos estilos dentro del buen cine

Me gustaría ser adivino: estoy seguro de que en el futuro, cuando se estudie el cine de esta época, se sabrá que al cine actual le fue bien gracias a la valiosa narrativa del cine animado. Hasta nos podemos dar el lujo de repetir la sentida expresión del escritor francés Marcel Proust: “No amamos tanto al cine por lo que es, como por lo que llegará a ser.” Ahora se trata de la película Shaun el cordero (2015), dirigida por Mark Burton y Richard Starzack, obsequioso, inteligente y bien logrado filme de los estudios Aardman. Shaun el cordero es gozo sutil y avispado a la vez, con una bien estructurada historia desde el arte del “stop-motion”. Con su trama, vemos cómo un grupo ovejuno y el perro fiel de la granja se ven obligados a salir del campo a la ciudad para rescatar al granjero que los cuida y unifica. Los eventos con los que el señor granjero va a dar a la ciudad son tan gozosos como su estadía citadina, donde sufre de amnesia. Igual es con el rescate y regreso al cortijo; aquí los tres chanchitos han hecho desastres. Sus instantes de humor son sabios, las imágenes nos seducen y la música de Ilan Esshkeri también. El filme dice mucho, pese a que no hay palabras ni diálogos verbales de estilo tradicional (¡notable!). En efecto, no todas las rebeliones en una granja son como las que pinta George Orwell en su novela. Por favor, no dejen de ver esta película, aunque tenga breves problemas de ritmo. 

La industria de Hollywood ha dado cualquier cantidad de películas donde la guerra es espectáculo visual. Como otra cara de la misma moneda, Hollywood ha dado también excelentes filmes en contra de las guerras. Pareciera que a la segunda lista quiere agregarse de nuevo el realizador neozelandés Andrew Niccol con su más reciente película Máxima precisión (2014), lo que ya había intentado con Hombre peligroso (2005). Con Máxima precisión, el problema es que la trama no es fácil. Es un tema que el gobierno de Estados Unidos y alguna prensa niegan como hecho cierto. Se trata del acto de matar a enemigos por medio de aviones no tripulados, conocidos como drones. Así, desde Las Vegas, con toda su fastuosidad, se lanzan dichas armas contra objetivos en Afganistán, Pakistán, Yemen o donde sea necesario. El despropósito de esa actitud es que, muy rápido, se pierden escrúpulos y se comienzan a bombardear sitios solo por suposiciones: tal vez esté o no un talibán, pero es mejor bombardear sin pensar en lo colateral. No importa si hay ancianos, mujeres, niños, sean hospitales o cuarteles. Es una espiral terrible que nos asombra o nos da rabia. El filme se basa en la historia de dos soldados, una mujer y un hombre, quienes llegan a sentir culpa por lo que hacen. Cuestionan. “Estamos peor que talibanes”, dice uno. El problema del filme es que se mete a escudriñar la vida familiar del personaje principal, hasta el lecho mismo del sexo, y pierde fuerza en su trámite político y se debilita la totalidad de la película. Eso sí, Ethan Hawke demuestra que es actor de los buenos y nos hace creíble su personaje, movido entre la propia bondad y la perversidad ajena. El filme queda recomendado.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Dos filmes: "En la cuerda floja" y aparte "Escalofríos"

La idea del director Robert Zemeckis de contar una historia en cine con las interrupciones constantes de un narrador que cuenta su propia historia, a cada momento, cortando el propio relato, no fue la mejor decisión para la película En la cuerda floja (2015, THE WALK). Es un exceso y esa intromisión del narrador cansa. La verdad es que la historia del funanbulista Philippe Petit no es tan interesante, excepto por el momento cuando caminó, sobre un cable, el espacio que separaba a las Torres Gemelas de Nueva York, y esto sí lo filma bien Robert Zemeckis (con ayuda de tecnología digital) para acentuar lo mejor del filme: su sensación de vértigo. Nada más.

Los monstruos salen de los libros donde fueron imaginados por el escritor R.L. Stine y arman tremendo alboroto. Es interesante el juego planteado por la película Escalofríos (2015) como fundamento de su trama: el guion es más que atrayente mientras combina romance juvenil, comedia y terror de manera bastante aceptable y equilibrada. Mérito del director Rob Letterman. Empero, las actuaciones n son convincentes, pese al buen diseño de personajes. El título de Escalofríos tal vez no sea tan exacto, porque el terror no lo es tanto; sin embargo, la película funciona bien como entretenimiento y está bien compuesta en lo visual (incluidos los efectos especiales y los “bichos” terroríficos). Por otro lado, la música de Danny Elfman se planta bien y sobresale la fotografía del español Javier Aguirresarobe. En la balanza, es cine para recomendar.

lunes, 26 de octubre de 2015

"Revancha": no es pulga ni nigua entre drama y boxeo

REVANCHA
A mis años, sigo sin entender el atrevimiento ese de llamar “deporte” al boxeo. Sea glosa para que se entienda el rechazo espontáneo que me causa dicho tema en el cine. Sin embargo, ello nada tiene que ver con la mejor o peor calidad de un filme de dicha temática: los ha habido muy buenos. El turno le toca ahora a una película venida con la firma de un director menor como lo es Antoine Fuqua: Revancha (2015). Su título es más expresivo en inglés: SouthpawAntoine Fuqua busca unir el melodrama con el boxeo, o sea, lo almibarado del amor con la violencia de un cuadrilátero, pero le resulta un inútil arroz con mango que ni fu ni fa, a tal punto que Revancha no es pulga para petate ni es nigua para un pie rajado. Con uso exagerado de los planos muy cortos para las peleas de boxeo y de secuencias alargadas para lo folletinesco, la película se desgasta pronto con su ronroneo, como gato persiguiendo ratones plásticos. Drama sensiblero. Peleas sin emociones. Cine hecho a puro formulario. Todo es muy obvio y, así, aburrido. Guion plagado de clichés. Son dos horas perdidas, a no ser por la buena actuación y la grata presencia de la actriz Rachel McAdams, pero la sacan muy rápido de la historia: ¡matan a su personaje y se cae la película! Queda Jake Gyllenhaal como el boxeador convertido en héroe, especie de maniquí con su actuación monocorde. Con mucho maquillaje encima, su desempeño es de lagarto disecado. Por su parte, Forest Whitaker busca lo suyo como entrenador de barrio, pero ni los guantes le calzan. No encuentro una sola razón para recomendarles esta película y hacerlo sería un golpe bajo.

lunes, 19 de octubre de 2015

"Puente de espías" es cine propio de la Guerra Fría

El estreno de las película “Puente de espías” (2015), dirigida por Steven Spielberg, nos pone en el tapete el tema del cine como discurso. El lingüista francés nacido en Alepo, Siria, Émile Benveniste, afirmaba que la película tradicional se presenta como historia, no como discurso; pero que, sin embargo, es discurso desde las intenciones del cineasta. Otro francés, semiólogo, Christian Metz, ampliaba en el sentido de que la eficacia ideológica (el cine como discurso), consiste en que borra los rasgos de la enunciación y se disfraza de historia. Ahí está el punto que no podemos obviar con la película Puente de espías: esta no pasa de ser discurso bien envuelto sobre acontecimientos durante la llamada Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. El filme narra el intercambio de un espía soviético prisionero en Estados Unidos con un estudiante preso en la Alemania comunista, más un piloto de avión-espía derribado por los soviéticos el 1 de Mayo de 1960. La película carga tintas para mostrar las condiciones crueles e inhumanas con que fueron tratados los estadounidenses por los comunistas frente al buen trato recibido por el ruso en EE.UU. Agreguen el diseño de personajes: los de Estados Unidos todos pura vida, los buenazos; los del otro lado son tipos esperpénticos, rudos, más bien brutos y cocinados en su propia inhumanidad. Hay más: el asunto de los niños felices que juegan sobre muros en Estados Unidos en comparación a los jóvenes oriente-alemanes: muy de panfleto. Y más: el final sobre Cuba es de basura. Por ahí se cae la construcción dramática del texto, porque este filme sobre la Guerra Fría está hecho con todos los vicios, falacias y hasta injusticias de dicha época, de la que, incluso, fueron víctimas varias figuras de la propia industria cinematográfica de Hollywood. Puente de espías no pretende narrar: es un discurso estructurado desde el guion de los hermanos Coen, cuyos fines deben ser analizados en otro campo, sobre todo en estos años que vivimos nuevos enfrentamientos entre Rusia y Estados Unidos. Lo malo NO es que esa actitud ideológica esté presente; sino que, con su maniqueísmo, afecta la densidad dramática del texto, el desarrollo de la intriga, sus diálogos son repetitivos y vacíos y, con todo ello, se provoca la irregularidad del filme. Si no fuera por esto, lo ideológico sería anecdótico. Dentro de ese ardid, tenemos dos extraordinarias actuaciones: la de Tom Hanks y, por encima, la del inglés Mark Rylance. Agrego una magnífica dirección de arte para una buena arquitectura visual. Lo único es que –al menos a mí– ni Spielberg me vende gato por liebre. (WVS).

domingo, 18 de octubre de 2015

Guillermo del Toro y su filme “La Cumbre Escarlata”

Hay cine que va a contrapelo de los géneros. En estos momentos, en cartelera, hay un buen ejemplo: “La Cumbre Escarlata” (2015), de ese buen director mexicano llamado Guillermo del Toro. Si a esta película la vemos como cine de terror, debemos aceptar que su historia de amor domina muchas de sus imágenes. Si la miramos como melodrama cercano al drama, la constante intromisión de fantasmas, en una casona donde se incuban misterios peligrosos, hace que la historia romántica se llene de eslabones propios del terror. La mezcla de esos espacios se presenta en “La Cumbre Escarlata” de manera muy bien manejada por su director, quien esgrime con arte el concepto de lo oportuno –algo nada fácil en cine– para llevar al espectador por distintas emociones, provocativas en su mayoría. La película no es melodrama ni es terror. Es ambas cosas. Es sinergia que nos da un “filme-total” de calidad superior a sus partes, gracias a la bien planificada suma de ellas. Vale como entidad narrativa. Esta se apoya en magnífica dirección de arte, donde se pone a prueba el valor del decorado. Con la presencia de fantasmas, Guillermo del Toro le da potencia a un extraño triángulo amoroso, tan misterioso como cruel, tan cruel como perversamente romántico, tan romántico como enajenado, mezcla de sangre, arcilla y nieve en un caserón sombrío: ambiente siniestro. Tres jóvenes (dos mujeres y un hombre) se adentran en tormentosa historia de amor, un cuarto joven se ve atrapado por el vértigo de lo inimaginable y los fantasmas actúan según sus deseos. De nuevo, sentimos ese pulso penetrante de Guillermo del Toro por los espectros que llenan su imaginario. Lo notamos cuando las imágenes pasan por un crimen aterrador o, igual, cuando pasan por el voluble encuentro erótico de amantes distintos. Los “aparecidos” de Guillermo del Toro no son como el fantasma señalado por el escritor James Joyce: como alguien que se ha desvanecido hasta ser impalpable. La administración narrativa de esta película tiene su eficacia en dicha credibilidad por lo fantasmal. Es ahí donde lo irreal del término fantástico se codea con lo real del drama. Esto mejor lo sienten los actores con personajes más funestos o trágicos, tal el caso de la siempre excelente Jessica Chastain (admirable) y de Tom Hiddleston. No sucede igual con Mia Wasikowska y menos con Charlie Hunnam, con personajes diseñados de manera más tradicional. Lo demás está bien resuelto: música, fotografía y montaje son columnas sólidas en el resultado de esta película tan buena. Gran tributo a los romances con terror gótico.

lunes, 12 de octubre de 2015

"Pan" y "Sicario": dos filmes distintos, dos comentarios


El asunto de Peter Pan ha calado en la disímil historia de la pantalla grande. Así desde 1924 hasta hoy con el estreno de “Pan: Viaje a Nunca Jamás” (2015), aventura barroca dirigida por Joe Wright. Sabemos que Peter Pan es personaje teatral creado por el escritor escocés James Matthew Barrie: el niño que vuela y que no crece. Vive con sus amigos los Niños Perdidos, entre hadas, sirenas, piratas, barcos que vuelan y cocodrilos. Esta vez, con la complicidad del guionista Jason Fuchs, el director Joe Wright nos trae a la pantalla los supuestos orígenes de la tradición creada por el talento de Barrie. Es la historia de Peter Pan antes de que lo conociésemos. En cine a esto lo llaman con la horrenda palabra de “precuela”. Dentro de esas condiciones, Joe Wright ha optado por una versión cargada visualmente, pero llena de originalidad, de colorido y buena música. Es un espacio barroco, pero lleno de vida para construir un nuevo “decible fílmico” sobre Pan. Las actuaciones son buenas, adrede resaltadas (no sobreactuadas, esto es algo distinto). Las actuaciones calzan con el carácter sinfónico de la película. A ese instinto responden Levi Miller (como Peter Pan) y Hugh Jackman, casi irreconocible como el pirata Barbanegra.


Hay quienes apuntan que la trama de la película "Sicario" (del canadiense Denis Villeneuve) es mostración del actuar de las mafias ligadas al tráfico de drogas. No es tan cierto. Ese aspecto es solo una muleta para la matriz semántica del filme, que va por otro lado.El argumento se ubica en la frontera entre Estados Unidos y México, tierra de nadie donde los carteles de la droga imponen sus leyes arbitrarias. En la lucha contra tales mafias, las autoridades estadounidenses completan un plan dudoso que necesitan pasar por legal. Para ese juego violento, Kate Mercer, del FBI, es reclutada para que firme como correcta la acción de las fuerzas de élite “gringas” contra los circuitos de la droga mexicana. Así, a la película “Sicario” no le interesa la dramatización a lo interno de las mafias de la droga (aunque la muestra), sino las contradicciones dentro de los grupos policiales y militares que las combaten. En esa lucha, los métodos de la ley se asemejan a los de los maleantes. De ahí la importancia de los diálogos, afirmando o negando la validez de lo que hacen detectives, policías y soldados. El ritmo no solo se marca por las escenas violentas del filme, sino también por las reacciones afectivas de sus personajes. “Sicario” también es búsqueda de una estética propia: lo logra, y con ella tenemos secuencias impresionantes al ojo del espectador, hasta su música nos llega por intermedio del ojo. Las actuaciones se comportan como un infinito interior de sus personajes, sobre todo Emily Blunt y el excelente Benicio del Toro. Con ellos, el filme corporiza su intención de “reventar” la posible conciencia burguesa sobre la ley: la trama muestra una lucha donde la ética se desvanece por ambas partes.

miércoles, 7 de octubre de 2015

"El cielo rojo 2" y una cita de Pier Paolo Pasolini

Abro el paraguas.
En Costa Rica cada vez que uno escribe una crítica adversa a alguna película nacional, de verdad que llueven improperios y hasta solicitudes de que uno renuncie como crítico de cine de La Nación. Ni modo. ¿Cómo diantres darle una valoración positiva a algo como “El cielo rojo 2” (2015), que más parece un cancionero de música ralita y tiene un 
argumento del todo plano y sin sustancia alguna? Parece que su director, Miguel Gómez, está decidido a ser vanguardia de eso que se llama hacer cine en serie, pero no en serio. En ese cine de Gómez, aún me resulta valioso su filme “Italia 90”, por la calidez humana que logra con sus imágenes. Si a Miguel Gómez le interesa establecer marcas, como la de hacer la primera secuela del cine nacional, resulta esfuerzo pírrico. Como secuela, “El cielo rojo 2” es técnicamente mejor, pero no alcanza siquiera la calidad conceptual de su antecesora del 2008. Si de la primera escribí que el guion era su debilidad, con ideas ingeniosas y apuntes críticos, pero que perdía coherencia e intensidad narrativas, ahora hay que decir lo mismo, solo que es como si naufragara el Arca de Noé. De nuevo, pese al esfuerzo para que exista un proceso narrativo, su ausencia condena al filme a un tedioso exceso descriptivo. Es peor en la fiesta donde aparece el propio Miguel Gómez, pésimo actor, con una intromisión desleal en el relato: se pone a hablar de sí mismo. Por esa ruta, no hay tensión dramática en el texto y solo busca el chiste fácil, como si se tratase de una reunión de amigos en cualquier bar de segunda. Entonces, con ese relato plano y de manera mecánica o artificial, tenemos excesos con el uso del lenguaje procaz o como se le llame. La definición de personajes es harto superficial, con diálogos aún más frívolos, por más que busquen ser punzantes o corrosivos. De ellos, sí sale muy mal parado el actual presidente del país, don Luis Guillermo Solís, de manera merecida, pero con estilo más bien cajonero. Hay debilidades en el sonido y no se aprovechan bien los parajes naturales, aunque hay un plano-secuencia muy bueno al llegar a un balneario. A los actores se les nota su deliberado esfuerzo por actuar de manera natural; por eso, el resultado es lo contrario: pura artificialidad, malas actuaciones por parejo. “El cielo rojo 2” no consigue su afán de ser cine de corrección formal y menos consigue su pretensión de contar bien una historia. Los ‘fans’ de Miguel Gómez dirán otras cosas, obvio. Ante eso, acudo a la valiente expresión del gran director de cine Pier Paolo Pasolini: “No puedo tener en cuenta la menor preparación o capacidad del hombre medio para entender el significado de una proyección, porque en ese caso estaría violando la libertad de expresión, no sólo la mía, sino también la del espectador".