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lunes, 2 de marzo de 2015

"Código Enigma": Alan Turing en cine: abarca y no aprieta


Código Enigma: El cine inglés tiene su estilo para rodar filmes biográficos y ahora un noruego lo hace de esa manera

Morten Tyldum es director de cine noruego que estudió para tal en Nueva York. De él es El código Enigma (2014), filme inglés. Dicha película narra de manera amplia la vida del genio criptoanalista y matemático británico Alan Turing (1912-1954), encarnado por Benedict Cumberbatch. De una vez, aclaremos que su actuación es monolítica, en el sentido de que “pescó” su personaje de una manera y así lo sostiene durante todo el filme: ausente de matices. El problema es que un personaje así más parece maniquí que ser humano: Se trata de una caracterización monotemática. Un personaje así trazado, me rompe el concepto de verosimilitud que la propia película se esfuerza por crear y mantener. Los acontecimientos se dan en 1952, cuando Alan Turing es tomado preso y luego acusado de “indecencia grave”. De ahí en adelante, el filme juega bien el manejo del tiempo en su presente histórico y con bien esgrimidas retrospecciones. Dos líneas han de converger en la trama. Una es la del Alan Turing pionero informático, quien fue capaz de descifrar los códigos de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, los de la máquina Enigma. La otra es la del Turing incapaz de definirse a sí mismo o de descifrar su código emocional de manera determinante, acusado y castigado de manera harto injusta por ser homosexual, lo que lo lleva al suicidio. Otro problema es que cada vertiente argumental tiene sus propias subtramas y, de pronto, la película abarca, pero no aprieta: le falta involucrarse más, le falta teñirse con la sangre que corre por las venas de sus personajes e, incluso, tomar partido ante lo que narra.

domingo, 1 de marzo de 2015

"Kingsman: El servicio secreto": vuelven espías con paraguas

He aquí una película modesta en ambiciones y sencilla en planteamientos, pero incisiva, agradable y entretenida en sus resultados. Se trata del filme inglés titulado Kingsman: El servicio secreto (2015), dirigido por Matthew Vaughn. Es película atractiva, paródica y valiosa. Es la historia de un viaje interno, el de un muchacho desclasado, sujeto marginal dentro de un sector social degradante, quien, de manos de un veterano agente secreto inglés, encuentra la ruptura con aquello que lo aliena y deviene “otra” persona. Al tiempo, una amenaza emerge por culpa de cierto genio del mal y, así, ambas situaciones serán una sola. 
Lástima que la actuación del muchacho, Taron Egerton, no sea la mejor. Peca por su falta de convicción, lo que no sucede con el resto del reparto, donde se lucen Colin Firth, Michael Caine y Samuel L. Jackson (genial como el sujeto sin escrúpulos con ansia de poder total). Pese a sus estereotipos, Kingsman: El servicio secreto maneja bien su propia lógica, incluso con su osado diseño artístico estilo “vintage” (donde, para un agente secreto, un paraguas es más importante que cualquier arma ultramoderna). Hay secuencias excelentes, como aquella mientras se escucha música de Edward Elgar o la de los paracaídas o la pelea con el paraguas. Los giros del relato sorprenden y enriquecen el entretenimiento de manera audaz, para beneficio del público. Esta película sabe reírse de sí misma (ah, y de la monarquía sueca, ¡ja!). Siente cariño por los espías y recordamos a muchos de ellos, del cine y de la televisión, como 007, Súper Agente 86, Los Vengadores, Mini Espías y otros. Ojalá vayan a disfrutarla.

miércoles, 25 de febrero de 2015

"El francotirador": la humanidad en la mirilla del tirador

Una y otra vez hay que lamentarse de películas que se basan en hechos reales: son las menos convincentes. Sin embargo, cuando un director capaz es quien narra, la historia cambia

Eso último sucede con ese buen filme titulado El francotirador (2014), dirigido por Clint Eastwood, eslabón entre el cine clásico de gran peso narrativo a lo John Ford, Howard Hawks o Don Siegel y el megacine que abarrota pantallas en estos tiempos. Sí, cierto, los tiempos míticos del sétimo arte ya han pasado. Con su película, Clint Eastwood nunca defiende la invasión a Irak. La muestra con magníficas imágenes: la guerra es cruel y hace -de un soldado- un asesino, aunque este dude antes de jalar el gatillo. Con la figura de un francotirador, Clint Eastwood establece que la crueldad se anida no solo en un soldado, sino que este es la figura retórica de la barbarie. Cuando el francotirador regresa a su hogar es un tipo inestable, destruido o alienado por su inculcado patriotismo: ese hombre es producto de una sociedad patriarcal, armada y de superhéroes (modelo que el francotirador repite con su hijo: determinismo histórico propio de un país como Estados Unidos). Con la guerra, Eastwood nos deviene cómplices, porque somos más que mirones o fisgones al ver al francotirador acomodar la mirilla de su rifle: nosotros igual vemos desde ahí, apuntamos igual e igual disparamos. Es cuando se luce el actor Bradley Cooper, mientras la actriz Sienna Miller es la mujer que humaniza los acontecimientos. Con diferencia de tono, Clint Eastwood nos acerca a la tragedia griega. El francotirador es “una mirada al horror del hombre contra el hombre”. Esto narrado con arte visual.

martes, 24 de febrero de 2015

"Selma": el cine en la historia con compromiso ético y social

Selma: Un drama personal es el de una población específica y el de un país; esto bien se muestra ahora en cine


La marcha desde Selma

En 1965, el presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, aprobó la ley que le permitió a la población negra el ejercicio del voto; sin embargo, esto no fue un simple acto de buena voluntad.Atrás de la decisión del señor Johnson se daba un fuerte y valiente movimiento popular en las calles. Esto presionaba fuerte, no solo a la Casa Presidencial, sino también al FBI y a los propios republicanos que se oponían a dicha ley. Al frente de esa lucha estaba Martin Luther King Jr., predicadorcomprometido con la importante lucha por la igualdad racial entre blancos y negros. Estos acontecimientos son los que se reflejan ahora en la valiosa película inglesa titulada Selma: El poder de un sueño (2014), dirigida por Ava DuVernay. Este filme logra darnos una sincera caracterización sobre el personaje principal (Luther King) e, igual, un registro bastante completo de esa época (pulcra ambientación). Es significativo lo bien que logra esta película unificar un drama personal, incluso en sus tonos familiares, con el drama social de sujetos excluidos de sus derechos tan solo por el color de su piel. De ambas vertientes, la película logra mostrar los sucesos como un solo drama nacional e histórico. Si bien la película se concentra en la marcha desde Selma hasta Montgomery (Alabama), su defensa de los derechos civiles es discurso bien planteado como actual y procedente. Este filme habría sido mejor si hubiese potenciado las soluciones visuales en lugar de recurrir tanto a diálogos explicativos e ilativos de la historia, aunque ello permite ver mejor el gran calibre de las actuaciones. 

lunes, 23 de febrero de 2015

"En el bosque": sobre cuentos, filme que pierde cohesión

En el bosqueAmasijo de cuentos de los hermanos Grimm que no pasa de ser, en cine, algo así como un tamal mal amarrado. 

El realizador Rob Marshall explotó de manera exitosa en el 2002 con un musical aún muy mentado: Chicago, con dos mujeres en la cárcel, según el argumento. Ahora regresa con otro musical, especie de alocada mixtura de cuentos de los hermanos Grimm. Esta nueva película del señor Marshall (también coreógrafo y director de teatro) viene con el título de En el bosque (2014). Es la versión cinematográfica de un musical exitoso en Broadway, cuya música me parece del todo insípida. La acción se ubica en un bosque mágico. Aquí se trata de una bruja fiel a sus sortilegios: ella desea recuperar su belleza original, para lo cual necesita el rojo abrigo de Caperucita, el zapato dorado de la Cenicienta, un ramillete del cabello de Rapunzel y una vaca blanca como la leche. Para tener eso, la bruja obliga a un panadero y a su bella esposa para que los busquen. A cambio, podrán tener un hijo. Es cuando aparece Jack, quien hace loco con sus frijoles mágicos y con sus idas a lo alto del cielo, donde habitan gigantes. También aparece un par de príncipes vanidosos. El más joven desea liberar a Rapunzel, encerrada por la bruja. El otro quiere enamorar a Cenicienta; sin embargo, seduce a la esposa del panadero. Hay un lobo que canta muy feo y, aún así, se come a la abuela de Caperucita, mientras esta se come las rosquillas del panadero. En fin, de no acabar. La trama de la película se enreda de manera antojadiza, sin lógica alguna, ni con sus causas ni con sus efectos. Es fábula minusválida por su ausencia de moraleja... ¡puro cuento!
Esta crítica continúa en comentarios con otros detalles...

martes, 17 de febrero de 2015

"Boyhood: momentos de una vida": la veneración a Linklater

POLÉMICA ABIERTA: 'BOYHOOD' Y LINKLATER
Dice el refrán: “Para hablar y comer pescado hay que tener cuidado”. Así es, “cuidado” debemos tener para hablar de la película Boyhood: momentos de una vida (2014), dirigida por Richard Linklater. Los filmes de Linklater han contado con la devoción y fidelidad de los críticos, quienes le admiran su afán de hacer cine prácticamente desprovisto de toda narrativa, algo así como ir a misa sin ropa. Eso significa que Linklater se preocupa poco de las estructuras propias de un relato, o sea, no busca narrar una historia; aunque sí la narra y hasta desliza un discurso (digo). Muchos críticos prefieren creer que no lo hace, para venerarlo más. También le elogian su aventura de filmar con escasos movimientos de cámara. Dicen ellos que Linklater solo muestra la vida tal y como es, tal y como fluye, al natural, ¡es la vida! Con Boyhood, filme de alargado metraje sin necesidad alguna, ha sucedido lo mismo. Los vítores de los críticos para Linklater son bulliciosos. Ahora le elogian que gastó 12 años en el rodaje de un drama con los mismos actores, como si esto fuese el más novedoso “toque experimental” del cine en toda su historia. En concreto, Linklater filmó del 2002 al 2013 el crecimiento de un niño llamado Mason (Ellan Coltrane). En la película lo que mejor pasa es el tiempo y son bien mostradas las crisis de la madre de Mason, quien va de un marido a otro, agredida.
¿Necesariamente debe el cine contar una historia? Jean Epstein en su momento escribió: “Deseo filmes donde no ocurra ni nada ni mucho”; de acuerdo. Pero eso no da permiso para hacer un filme aburrido con el pretexto de lo “no-narrado”. Este es el camino más fácil para hacer cine y Linklater anda por ahí. Imagino que la palabra “aburrido” enoja a la crítica académica. Pero eso es Boyhood, la verdad, porque es más interesante ver moverse el rabo de un cerdo que seguir la “no-historia” de dicha película.

En cine, si alguien se decide por desdramatizar un drama, entonces que –al menos– nos dé una realidad plena de misterio o cargada de simbolismos, aunque sean simbolismos latentes. Linklater no lo hace: lo único suyo es filmar durante doce años con actitud de seguimiento de una vida. ¡Vaya, qué genio! De ahí, excepto por Ethan Hawke, es evidente la mala dirección de actores. Hay música sin luz propia. La fotografía es insulsa. Los diálogos son superficiales (así, hasta cuando desprecian al expresidente de EE.UU., George W. Bush). De destacar, sí, el montaje, porque deja al público reconocer las transiciones para el paso del tiempo y para evitar los altibajos en el compás del filme. Igual, están bien las recreaciones de distintas épocas con signos de cada una. “¡Como la vida misma!”, le elogian a Boyhood. Está bien, pero que al menos lo haga mejor (pensemos en Truffaut). Total, como decía Hitchcock, el público no debe pagar un boleto para ver “la vida misma”.

domingo, 15 de febrero de 2015

"Cincuenta sombras de Grey": amor con amarras (bondage)

La novela “Cincuenta sombras de Grey” llega al cine 
y resulta menos agradable que serenata de gatos callejeros

Eroducción, este término se ha acuñado para (también) definir al cine oscilante entre el erotismo y la pornografía, casi siempre transmutado en simple operación comercial para recuperar pronto el dinero invertido. Este es el caso de la película Cincuenta sombras de Grey (2015), dirigida por Sam Taylor-Johnson y basada en el primer libro de la trilogía literaria escrita por la autora inglesa E. L. JamesEste tipo de cine tuvo su empujón definitivo en Suecia, cuando Vilgot Sjöman completó su díptico titulado Soy curiosa (1967), a tal punto que la historia del sexo en el cine se divide en dos partes: antes y después de la citada película sueca. Como glosa, debo insistir en que el cine y la literatura tienen dos gramáticas diferentes. Así pues, afirmo que Cincuenta sombras de Grey es una mala película, y lo alego con independencia del libro, el cual, ciertamente, no he leído ni pienso leer. 
El filme intenta ser un estudio de la relación entre las estructuras emocionales de sus personajes y la conducta sexual enfermiza de ellos.En cuanto estudio de los laberintos psicológicos, la película es más bien superficial, y, en cuanto expresión visual de desnudos o de sexo, le falta maña para ser más sugerente: lo que se ve es más conocido que la ruda y deviene en imágenes repetitivas, algo así como llover sobre mojado.Incluso, las secuencias con “bondage” a bordo tienen más tono televisual que de cine. Se puede rescatar la belleza física de la pareja histriónica, pero nunca un supuesto talento actoral: Jamie Dornan es pésimo actor y Dakota Johnson solo tiene algunos buenos momentos como actriz, siempre y cuando esté vestida, porque cuando se quita la ropa se le cae el talento.

La trama la conoce casi todo el mundo: una joven inocente (Anastasia) se enamora de un tipo millonario cargado de traumas (Grey). Para cuando ella se espabila, él la ha reducido a la sumisión total y a la humillación absoluta.En lo conceptual es donde este filme es un asco, porque en lo formal y como estructura narrativa es solamente película de mala calidad. No hay que ser feminista para sentir pronto el carácter machista y misógino de la trama de la película (¡y eso que la directora es mujer!). Es definitivo que dicha realizadora no supo erotizar el relato ni tampoco profundizar en él. Es como una radiografía del hombre invisible. La única progresión del argumento es llegar a saber si Anastasia irá o no al cuarto lleno de chunches sadomasoquistas (especie de baticueva del sexo).Hay ciertas canciones bien escogidas, más bien para la venta posterior del disco con la banda sonora. Está claro, no se trata solo de quitarles la lana a las ovejas, sino, además, despellejarlas. La fotografía tiene elegancias ocasionales y al parloteo de los personajes le agregaron humor poco oportuno (¿para qué?). Como película, Cincuenta sombras de Grey no calienta ni la pantalla; igual, como acto de narrar es tibio. Sin tonalidades ni vida. Solo sirve para perder el tiempo.

lunes, 9 de febrero de 2015

"Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)": ¡exc!

 Me encanta que directores latinoamericanos sacudan la pereza argumental del cine de Hollywood, y lo hagan ahí, en el propio patio de esa gran industria. ¡Que sacudan neuronas!

Hace un año lo hizo Alfonso Cuarón con su película titulada Gravedad. Ahora lo hace otro mexicano: Alejandro González Iñárritu, quien nos trae un filme de largo título: Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia), del 2014, película que le da ardor al drama y que, por igual, le da rigor de sátira a la comedia. Birdman es buen ejemplo de eso que llamamos “comedia negra”. En este caso, para hacernos reír –con cierta amargura– de personajes sin control de sus vidas y dominados por obsesiones laberínticas. Son sujetos disfuncionales en una sociedad igualmente disfuncional. Con Birdman, González Iñárritu hace de la película  una singular figura retórica sobre la condición humana en un escenario específico. Con excelente actuación de Michael Keaton, el filme se sumerge en humor negro para narrar la historia de un viejo actor alicaído, quien conoció sus mejores momentos cuando encarnaba a un icónico superhéroe (de esos que se repiten hoy en películas a la carta). En su época, él fue el gran BirdmanLa suma de hechos lo visualiza la película mediante un (falso) plano-secuencia (como una sola hilada con una sola aguja). Es arte dificultoso bien resuelto gracias a la mirada habilidosa del director. Con trabajo de Antonio Sánchez, la música es brillante como énfasis de lo visual. Es perfecta la fotografía de Emmanuel Lubezki, ¡puñeta!, ¡qué bien! Se lucen actrices y actores, quienes encarnan a actrices y actores de teatro en disímiles situaciones. El título del filme aporta poco o nada como primera expresión del contenido. Aún así, una vez que el filme entra en uno o uno entra en el filme, es harto difícil desatender lo que expresa.
Para leer la crítica completa, CLIC en
http://www.nacion.com/ocio/cine/Birdman_0_1468453219.html

martes, 3 de febrero de 2015

"La teoría del todo": ciencia y amor, ateísmo y fe en el cine


Si hay algo hay que alabar de la película inglesa La teoría del todo (2014), dirigida por James Marsh, es el pulido profesionalismo para mostrar aspectos personales de Stephen Hawking, el físico de mayor renombre de la época actual por sus aportes al conocimiento sobre el origen del Universo. El filme es abanico de sentimientos e ideas: ciencia y amor, ateísmo y fe, cosmología y arte. Puede resultar triste sin invadirnos de manera lacrimógena. Es película burlona con buen humor. Es biográfica (biopic) sin temerle a las emociones. El filme se detiene bien en lo más conocido sobre Hawking: su enfermedad motoneuronal relacionada con esclerosis lateral amiotrófica, que lo deforma físicamente y lo obliga a hablar por medio de aparatos generadores de voz. Esto lo muestra con el soporte de la buena y difícil actuación de Eddie Redmayne, quien maneja bien los matices del personaje. Está claro: lo que mejor se expresa en La teoría del todo es la relación amorosa, desde muy jóvenes, entre Hawking y su compañera sentimental por mucho tiempo: Jane, con la sutil actuación de Felicity Jones (el científico se ha casado dos veces y tiene tres hijos). El filme tiene maciza reconstrucción de época; pero a la película bien se le puede exigir más creatividad visual (es muy conservadora al respecto). Con sus señaladas “debilidades”, al juntar sus distintos elementos positivos, tenemos filme para recomendar.

Para leer la crítica completa, CLIC en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-teoria_0_1467253316.html

domingo, 1 de febrero de 2015

"El Codo del Diablo": cuando el terror es asunto político

He aquí un filme documental cuyo título es la primera aproximación al contenido del mismo: El Codo del Diablo 
 El documental (2014) es costarricense y aparece escrito y dirigido por dos hermanos: Ernesto y Antonio Jara Vargas, dueños de una sensibilidad especial para expresar un momento trágico de la historia política de Costa Rica con dolido lirismo. La habilidad de los hermanos Jara Vargas logra que uno, como espectador, nunca sienta su documental como discurso, aunque lo sea; total, dice Emile Benveniste, “un filme tradicional se presenta como historia, no como discurso; sin embargo, es discurso”: es solo que en El Codo del Diablo bien se supera la simple enunciación. Con este documental se nota la exigencia investigativa y el afán por esclarecer un hecho histórico que, en la Costa Rica de 1948, fue “explicado” de determinada manera por los sectores vencedores de la guerra civil. Con imágenes que refuerzan y comentan muy bien lo que se dice, el documental narra primero la encarnación de las ideas sociales en la clase trabajadora de entonces en nuestro país. La presencia del dirigente comunista Manuel Mora va hilando los hechos políticos. Luego investiga sobre la huelga bananera de 1934. Conocemos de los dirigentes de la lucha en Limón. Aparece José Figueres con su afán por evitar la “expansión comunista” más que lograr la pureza del sufragio, algo bien planteado por el documental. Con el triunfo militar de Figueres, se muestra y documenta la siguiente represión sufrida por los llamados “caldero-comunistas”. Es cuando seis dirigentes obreros son llevados de la cárcel de Limón a San José. En un recoveco de la línea del tren, donde llaman el Codo del Diablo, esos prisioneros fueron baleados y muertos por sus guardianes. El oficialismo culpó a los mismos comunistas ese diciembre de 1948. El documental explora, investiga, pregunta, encuentra datos y demuestra que aquello fue un asesinato político que, incluso, pretendía extenderse a otros dirigentes obreros del país (lo que no se cumplió). El problema del documental es que no siempre nos señala bien quién es el entrevistado. Así, se nos pierde el origen de distintas voces entre las imágenes en pantalla. Al final sí explicita quién es quién. Lo hace con fotografías. Sin duda, El Codo del Diablo maneja muy bien las relaciones entre cine e historia: es la historia en el cine y, además, es el cine en la historia, con su importante papel para encontrar la verdad y establecer un nuevo contexto sociopolítico. En este caso, como lo escribe el historiador francés Marc Ferro, el cine es fuente y a la vez es agente de historia. Los hermanos Jara Vargas lo han hecho sin temor y con ventajoso manejo de la sintaxis fílmica, sobre todo de la fotografía, música y montaje, a partir de un guion que todavía da para más (por ejemplo, quiénes dieron la orden a los militares asesinos).

viernes, 30 de enero de 2015

"El gran hotel Budapest": algo más que gran curiosidad

Los seguidores de ese director icónico que es Wes Anderson están felices. Hablamos del filme titulado El gran hotel Budapest (2014), ejercicio manierista muy al estilo o autoría de su realizador, farsa de época donde lo excéntrico es el eje que da razón y sincretismo a la trama. El filme está tan bien narrado que su mundo interno, su “realidad ficticia”, es del todo coherente e increíblemente creíble. El guion es del propio Anderson y narra las aventuras a contracorriente de Gustave H., legendario conserje de un famoso hotel europeo del período de entreguerras, y de Zero Moustafa, botones de ese mismo hotel, quienes se convierten en amigos leales. La historia incluye el robo y de una pintura renacentista de incalculable valor. Eso es parte de una frenética batalla por una inmensa fortuna familiar dejada por una señora mayor. A Wes Anderson le cuesta un mundo dejarse seducir por la elipsis narrativa (resumir) y, por eso, el filme se le cae sin necesidad alguna, por perder tensión. Anderson es autor que lo quiere contar todo por una sola razón: entre más diga, más creatividad visual. En efecto, se trata de una película visualmente artística. El gran hotel Budapest se luce con un elenco de primera línea y con magnífica dirección actoral. Dentro de esa pasarela histriónica sobresalen Ralph Fiennes y Tony Revolori. Ahí se enmarca un filme de valiosos sentimientos e inteligente con sus conceptos (ideas en juego), con distintos narradores protagonistas, relatada por capítulos y con retrospecciones, sin perder su unidad.
Crítica completa, haga CLIC en:

sábado, 24 de enero de 2015

"Escobar: Paraíso perdido": ¡grande el actor Benicio del Toro!

Anunciada en Costa Rica solo con el título de Escobar (2014), esta película francesa lleva un título más amplio: Escobar: Paraíso perdido, con buena dirección de Andrea di Stefano, actor italiano que incursiona como realizador. Toma la figura de Pablo Escobar y muestra sus quehacer como narcotraficante en Colombia. La bipolaridad en la conducta de Escobar queda clara con su extraña simbiosis de un sujeto religioso, simpático, amante de su familia, casi pueblerino y, a la vez, cruel, cínico, asesino y demagogo: narcotraficante con métodos de gánster. La figura de Pablo Escobar se amplía en esta película por la elocuente, espectacular, eléctrica y multifacética actuación de Benicio del Toro. El filme también narra la historia de un joven canadiense, Nico, quien, llegado a Colombia, se enamora de una sobrina muy querida por Pablo, llamada María. Sin sospechar nada, Nico entrará en una vorágine para él insalvable. Como Nico, la actuación de Josh Hutcherson es buena, pero siempre se verá opacado frente a Benicio del Toro o frente a Claudia Traisac, sólida actriz española en el papel de María. Con música oportuna y con fotografía exquisita, se completa un buen filme sin ser cine perfecto (pero no es momento de sacar pulgas). Lo mejor es su montaje, que le da brío al ritmo.

lunes, 12 de enero de 2015

"Elsa y Fred": La dolce vita, Fellini... y el amor sin edad

Nos llega un filme cálido y como lo es "Elsa y Fred" (2014). Esta película es la historia de dos personas octogenarias quienes descubren que nunca es tarde para amar. Elsa es una espontánea mujer jubilada con bastante sentido común, quien un día se encuentra con Fred, viudo rutinario y cascarrabias, quien del todo quiere estar solo.

"Elsa y Fred" versión
argentina del 2005
Elsa y Fred es refrito (“remake”) de un filme argentino del 2005, dirigido por Marcos Carnevale, con el mismo título. Esa versión del 2005 es perdurable, al igual que las actuaciones de Manuel Alexandra y de China Zorrilla (¡genial ella!).
"Elsa y Fred"
versión del 2014
La transcripción viene hoy de la mano de Michael Radford, director nacido en 1946, en la India (Nueva Delhi), realizador que, entre otros, ha logrado títulos como 1984 (1984); El cartero y Pablo Neruda (1994) y El mercader de Venecia (2004). Agreguemos a este actual refrito la presencia de un actor como Christopher Plummer (Fred), muy bueno, quien encarna el proceso de un hombre duro cuyas fibras emocionales cambian ante el amor a la vejez. Buena escogencia. También (sobre todo) hay que mencionar a Shirley MacLaine (Elsa), actriz que aún mantiene el encanto histriónico, capaz de hacernos sentir nostalgia cinéfila por sus trabajos con el gran director Billy Wilder. Son dos películas icónicas: El apartamento (1960) e Irma, la dulce (1963); sin dejar de mencionar su exitoso filme La fuerza del cariño (1982), de James L. Brooks. Con Elsa y Fred, esta gran actriz logra una composición noble y eximia de su personaje, dentro de distintos juegos emocionales y diversos matices.
El recuerdo
del cine de Fellini
Este refrito, como el original, se convierte en añoranza y homenaje que pasan por el recuerdo de una gran película: La dolce vita (1960), de Federico Fellini, con las actuaciones de Marcello Mastroianni y Anita Ekberg.
Lo cierto es que Elsa y Fred, 2014, se cuaja a sí misma como una comedia romántica muy noble, hecha con criterio, capaz de bordear el drama sin causar desazones en el espectador. Peca, eso sí, por tener momentos convencionales y por mal manejo de las subtramas con ciertos personajes (los hijos). Sin embargo, los diálogos chispeantes, la química histriónica en pantalla, sus secuencias humorosas y su mensaje sobre el sentido del amor (de entrega al ser querido) hacen de Elsa y Fred una película de calidad por encima ante otros filmes muy publicitados que andan por ahí.
Para leer la crítica completa, haga CLIC en este enlace:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-Elsa-Fred_0_1463053750.html

lunes, 5 de enero de 2015

"Más días para matar": Violencia por vicio. ¿Qué otra cosa?

Decía el escritor español Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) que el cine empezó como acabará: ¡a tiro limpio! La frase viene al recuerdo porque estamos a punto de darle la razón luego de ver una película ultraviolenta, sin más gramática que los balazos y las muertes en serieOtro día para matar (2014), dirigido por Chad Stahelski y David Leitch. 

El filme es bastante escaso en coherencia interna, donde los malos son de la mafia rusa o son latinos topadores y los buenos son héroes estadounidenses, capaces de poner orden en su país con cualquier crueldad. Entre esos héroes, la película se concentra en uno llamado John Wick, encarnado muy de manera estólida y robótica por Keanu Reeves, a quien difícilmente se le mueve una ceja con su actuación como asesino de asesinos. Si alguna vez Bertolt Brecht dijo que Hollywood era un mercado de mentiras, con Otro día para matar bien podemos decir que también lo es de la tonta violencia como mercancía, sin importar la trama de la película, a lo sumo con algún cuido coreográfico en su pasarela de muertes con personajes psicópatas. La crónica cinematográfica del Hollywood actual no pasa por la crónica cultural. Un filme como Otro día para matar es prueba de ello. El ritmo del filme es atropellado. La música aturde. Mucho descuido del plano y más de las secuencias. Movimientos de cámara artificiosos. Banalización de personajes a meras máquinas para hacer muertos. Actuaciones degradadas. Burda copia de un cómic gótico. Diálogos que son pura paja. Película incapaz de narrarse a sí misma. Que quede claro: no es por la violencia, sino por su tratamiento lumpesco.
Para leer la crítica completa, clic en:

domingo, 4 de enero de 2015

Éxodo: dioses y reyes: Ridley Scott y el bostezo bíblico

Ridley Scott vuelve a contarnos una historia que casi todos conocemos desde niños: la de Moisés enfrentado al poder de un faraón. Son dos visiones de mundo entre dos personas que se criaron juntas. Cada una se dice la voz de un dios. Así, Ridley Scott nos da su versión del hecho fundacional del pueblo hebreo con su película Éxodo: dioses y reyes (2014), con la opulencia que él cree debe dársele a un drama bíblico, donde los dioses son protagónicos y los humanos sus víctimas. Éxodo: dioses y reyes se delimita a ser excesivo espectáculo visual, muy de brocha gorda, con pinceladas que –en vano– intentan retratar a sus distintos personajes. Es así cómo el mejor momento visual deviene en el peor enunciado narrativo: las famosas plagas de Egipto, todo ello con eficacia visual, pero sin drama alguno en pantalla. Sin peso dramático, los actores Christian Bale (Moisés) y Joel Edgerton (Ramsés) parecen maniquíes en ventana de tienda. La fotografía de Dariusz Wolski cede ante el logro digital y la música del conocido Alberto Iglesias cansa con sus imitaciones de la de Vangelis. Ni hablar del montaje, parece hecho a manotazos. Éxodo: dioses y reyes ha generado polémicas religiosas. ¿Para qué?, si está tan claro que se trata de una pésima película. La única fe que despierta este filme es la del bostezo, ¡y por 151 minutos!
Con todo, (yo) rescato un diálogo válido para el actual conflicto palestino-israelí: el faraón, con el cuerpo de su hijo muerto en brazos, le dice a Moisés: “¿Qué clase de pueblo adora a un Dios que es capaz de matar a niños recién nacidos?”, y Moisés de manera distante responde: “ningún niño hebreo murió”.

martes, 30 de diciembre de 2014

Volvamos al buen cine: "Grandes héroes": Disney /Marvel

"El festín": corto excelente
Después de ver un cortometraje finamente narrado, aperitivo con gran manejo de la elipsis narrativa, titulado El festín (2014), vino el plato fuerte con la película Grandes héroes (2014), dirigida por Chris Williams y Don Hall, filme de exquisita arquitectura cinematográfica.

Se trata de la primera película de la cofradía Disney basada en personajes de Marvel, con animación de punta. El resultado ha sido de plena sensibilidad fílmica y de ejemplar virtuosismo narrativo. Es trabajo que roza la excelencia. Grandes héroes es película que nos enseña a imaginar con imágenes y a ser felices en el proceso, entre la aventura robótica, con bien diseñados superhéroes (de amarlos), con antagonistas interesantes y con bien lograda visión humanista. En lo formal, la perfección de los movimientos, la “expresiva expresión” de los rostros de los personajes, la composición de los planos, el montaje de las secuencias, la atmósfera y el ritmo hacen que uno no quiera desprenderse de la película. La historia sucede en la metrópolis de San Fransokyo. Allí vive un niño genio en temas de la físico-matemática, Hiro, con su hermano mayor, Tadashi, y disfruta de los amigos de este. Un día, Tadashi le enseña a Hiro su trabajo para la escuela donde él estudia. Ahí se da lo más adelantado de la tecnología. Se trata de un robot llamado Baymax, dulce y noble como un cachorro: humanista. 
Luego, cuando Hiro logra otro invento sorprendente, capaz de dar mucho poder a quien lo posea, las fuerzas del bien y el mal entran en juego. Para salvar a la población de los malos, Hiro y Baymax transforman al grupo de amigos en banda de superhéroes de última tecnología. Ellos están decididos a que triunfe el bien. Esta película es “enérgica fusión de arte y corazón”, escribió alguien por ahí. Agreguen: amorosa simpatía y humor gustoso. 
Para LEER la crítica completa haga CLIC en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-Grandes-heroes_0_1460254001.html

martes, 23 de diciembre de 2014

Maikol Yordan y yo: río revuelto, ganancia de pescadores

El crítico versus el director
El tema del cine costarricense está en pañales, no solo por su producción, más cuantitativa que cualitativa, sino por la propia formación del público. Las mejores películas fracasan en taquilla y los exhibidores se apresuran a sacarlas de sus salas de cine ("lo que no da plata, que se vaya"). Los distribuidores se limitan a levantar los hombros. De pronto aparecen filmes de mediocres a malos que resultan éxitos de taquilla y los exhibidores -felices- cuentan ganancias mientras se ufanan de que ellos "protegen el cine costarricense". Sofisma. Queda algo pendiente: la cultura del país es baja con el arte y cine en general y, por ende, con el cine propio. No hay vuelta que darle.
Portada de La Teja.
Martes 23 de diciembre, 2014.
https://www.facebook.com/lanacioncr/posts/10154974760355051
   La andanada de insultos que he recibido, en redes sociales, solo por mi crítica adversa a una película mala (Maikol Yordan de viaje perdido) es muestra de ello: pachucadas peores que las dichas en un estadio futbolero. No importa. No es el asunto. El asunto es que el crecimiento del cine tico debe pasarse por el mejoramiento de la cultura y del gusto de muchos costarricense. No es tarea fácil. Lo de ahora, entre Maikol Yordan y yo, es asunto pasajero que aprovecha, incluso, la prensa, unos en papel, otros por la red. Sin quererlo, mi opinión contraria lleva gente al cine mientras me acusan, incluso, de antipatriota. ¡Cosas veredes! Río revuelto, ganancia de pescadores.

domingo, 21 de diciembre de 2014

"Maikol Yordan de viaje perdido": chicle re-masticado

La primera película costarricense es El retorno (1930), dirigida por A.F. Bertoni, y en ella se muestra la separación de un joven de su hogar para ir del campo a la ciudad, donde se degrada. El retorno es película silente. Ahora el grupo llamado La ½ Docena retoma el viaje de un campesino a la ciudad con el filme Maikol Yordan de viaje perdido (2014), dirigido por Miguel Gómez 

Al contrario de El retorno, cine mudo, en este filme de La ½ Docena se habla más de lo prudente: exceso de palabrería que va en detrimento de la fluidez del relato que, de por sí, es anécdota sin riesgos temáticos. La película define su estilo: es rosario de chistes. Algunos son gozosos; pero, en general, salen mecanizados o con piloto automático. Aquí, Maikol es una caricatura del campesino y el argumento más bien resbala en lugar de “transcurrir”. Maikol vuelve al campo para luego sacarse un viaje a Europa. En su momento, el discurso de que es mejor vivir en Calle Lencha de San Rafael del Monte que en Europa no pasa de ser frío enunciado. El viaje a Europa es encadenamiento de chistes verbales. El texto narrativo es un pretexto. La película Maikol Yordan de viaje perdido busca risas de los espectadores a partir de diseñar un campesino estúpido y soso, capaz de hablar más que un heredero inconforme. Inaceptable sesgo ideológicoEso le permite al “actor” Mario Chacón sacar su personaje de manera monotemática y le permite a la película alivianarse. Hay algunas bien logradas panorámicas, pero el filme cae en la rutina del personaje y de su díctum: domina lo visual y cansa, mientras las actuaciones van de mal en peor. Como director del filme, Miguel Gómez se limita a dirigir como si fuese concierto en una sola cuerda: no existe mayor estructura dramático-narrativa. La fotografía es tan funcional como la música: sin estrategias propias. Esta es otra mala película costarricense que busca imponer la noción de que la estulticia es divertida. Hay cierta perversión en ello.
Para leer la crítica completa, clic en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-Maikol-Yordan_0_1458654191.html

lunes, 15 de diciembre de 2014

"Hobbit 3" con cinco ejércitos y "Magia a la luz de la Luna"

Estamos ante el cierre de una trilogía visualmente brillante: El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos (2014), con una lucidez escénica que ni siquiera el autor literario de esta gran aventura en la Tierra Media, el sudafricano J.R.R. Tolkien, hubiese imaginado. 

El director neozelandés Peter Jackson ha logrado una película delirante. En ella, el movimiento escénico es más importante que la propia historia, cuando los Enanos reclamaron su patria al dragón Smaug, quien estaba dormido sobre inmenso tesoro de oro y joyas. Ausente, Smaug acciona una alienante fuerza. Es simple: sin el dragón en esa montaña solitaria, la avaricia se apodera no solo del vencedor rey enano Thorin, sino también de la más distinta gama de reinos que quiere para sí tanto tesoro. Así, La batalla de los cinco ejércitos es cine de entretenimiento, buen pasatiempo, donde se mezclan de manera alterna las batallas campales con las luchas individuales de los diferentes personajes entre sí: esto traga mucho tiempo escénico, pero da secuencias exquisitas. La dirección artística del filme sobresale y, de ahí, se nutre la dirección dramática, como si se invirtieran los términos de la sintaxis del cine. Se trata de película para darnos cuenta que en Peter Jackson está muy presente el cine de Stanley Kubrick (Espartaco) y el de Akira Kurosawa (Ran).

Sin caer en lo superficial, Woody Allen viene ahora con una comedia romántica suspicaz y agradable. Se trata de Magia a la luz de la Luna (2014)
Colin Firth encarna al mago chino Wei Ling Soo, que de chino tiene bien poco. En realidad, este “chino” se llama Stanley Crawford, personaje gruñón y arrogante. Stanley se enfrenta al empirismo en su profesión, a los espiritistas, a la metafísica y religiones. Un día, es llamado para desenmascarar a una joven vidente llamada Sophie Baker, quien con sus dones estafa a familias adineradas. El encuentro entre Stanley y Sophie es el meollo de la trama y el romance se complementa con buen humor.Con gentil dirección de arte, Woody Allen se coloca en la Europa de 1928 para narrar una historia que va desde el arte de la magia a las artimañas de la citada médium. No es otra cosa que “comedia de salón”: con Magia a la luz de la Luna se demuestra que las mejores películas de Woody Allen son, ¡léase!, las de Woody Allen, un capítulo por sí solo en el cine.

martes, 9 de diciembre de 2014

"El círculo de amor se rompe": desde la Bélgica flamenca

Johan Heldenbergh y Verle Baetens
FILME PARA NO IGNORAR: 

Los amantes del drama en el cine han de estar de aplausos, porque de Bélgica nos llega filme que cumple bien como drama. Se trata de El círculo de amor se rompe (2012), dirigido con eficacia por Felix van Groeningen (de la región flamenca).


El espectro conceptual de la película es amplio y valioso, a partir de un guion que sabe desdoblarse de diferentes maneras con una trama (en apariencia) sencilla: la pareja feliz y enamorada que debe enfrentar la muerte de su única hija de seis años de edadEl filme traza su historia como si fuese rompecabezas que el espectador debe armar y hacerlo con distintas emociones. Pese al carácter fragmentario de lo narrado, hay un trabajo muy limpio en la continuidad de los acontecimientos: las partes saben cohesionarse muy bien como un solo cuerpo. Es evidente el buen trabajo de montaje. El papel de las distintas canciones es importante a lo largo del filme: ellas se imbrican. Las actuaciones son de altura y sorprende el trabajo de la niña Nell Cattrysse durante el tiempo de pantalla que se le concede. El compartir escénico de Verle Baetens (como la madre) con Johan Heldenbergh (como el padre) está bien integrado. Igual se debe alabar la fotografía para darnos el sentido de época y determinada emoción. Es cine de compromisos: político, religioso, sexual y ético.
Crítica completa en
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-circulo-amor-rompe_0_1455854504.html

domingo, 30 de noviembre de 2014

Primicia mortal (Nightcrawler): capitalismo y periodismo

La relación del cine con el periodismo es casi un género propio, donde el cine, desde una aparente posición de pureza ideológica (no tan cierta), se permite cuestionar la ética del periodismo 

Ahora nos llega la excelente película Primicia mortal (2014), ventajoso trabajo del director Dan Gilroy (su primer filme), quien se mete con bravura dentro de ese tema, pero con la capacidad de no detenerse ahí, gracias al guion audaz que él mismo ha escrito. La película denuncia la manipulación informativa de la televisión, cuando las noticias son “cosificadas” antes de salir al aire (la noticia como mercancía) La película muestra un mundo ácido y cruel donde se cocina la ética televisiva con fuego endiablado y donde solo falta el rabo por desollar, ello en nombre de la audiencia y de la competencia entre canales. Así, Primicia mortal deviene parábola de la sociedad actual, del capitalismo moderno que impone las reglas para triunfar individualmente y “salir adelante a como sea”. Al mostrar la búsqueda inclemente de la noticia morbosa por calles nocturnales, la película vive buenos momentos de tensión y es cuando más destaca el trabajo de montaje, porque sabe dar la puntada a tiempo. Primicia mortal es película que sabe burlarse del discurso frívolo para mostrar ese periodismo capaz de definirse como “una mujer que corre por las calles con la garganta ensangrentada”, porque al filme no le falta humor satírico. Lo que más perturba de esta película es su realismo: saber que todo eso es posible o poco alejado de nuestra realidad inmediata: “Ya no interesa la lealtad que sí se podía prometer a las anteriores generaciones”, lo dice el personaje principal (gran actuación de Jake Gyllenhaal), y nos involucra al decirlo. 
Para leer la crítica completa, CLIC en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-Primicia-mortal_0_1454454619.html

domingo, 23 de noviembre de 2014

Los juegos del hambre: Sinsajo: Parte I, es "puro puente"

El afán comercial que hay tras la lucrativa decisión de los estudios de cine de hacer trilogías y de dividir la última película en dos, pone al crítico de cine en difícil situación, porque la primera parte de la tercera entrega es solo un puente entre lo que vino y lo que vendrá. Sucede ahora con Los juegos del hambre: Sinsajo: Parte I

De esa manera, Sinsajo se diluye como hecho narrativo. Por esa ruta, Sinsajo es filme cuya trama resulta más bien anecdótica, menos al final. Eso sí, debemos aceptar que se trata de una película muy bien lograda desde la dirección artística. Esto consigue darle sensación de proceso al relato con partes muy bien presentadas, como las imágenes del bombardeo con los habitantes del Distrito 13 encerrados, tan solo escuchando desde sus miedos. Las actuaciones son buenas, sobre todo las de Jennifer Lawrence, Julianne Moore y el finado Philip Seymour Hoffman. El problema es que por el tan mentado carácter puente del filme, el resto de los personajes solo tiene apariciones breves o muy breves, lo que determina la imposibilidad de juzgar las correspondientes actuaciones. Esta vez no tenemos ambientes coloridos. Ahora domina lo grisáceo o lo desolador, y el filme se acerca más a las áreas distópicas que, por lo general, están presentes en películas de ciencia-ficción. Con el final, parece que alguien oprimiera un botón de “pausa”, ¡nada más!
Para leer la crítica completa, dar CLIC:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-juegos-hambre-Sinsajo-Parte_0_1453054740.html

domingo, 16 de noviembre de 2014

"Espejismo": sin sentido de lo “interior trágico”

A lo surreal echa mano el joven director costarricense José Miguel González para sacar la trama de su película Espejismo (2014), donde un joven pintor debe enfrentarse a su pasado, que le llega desde las sombras de la infancia y desde las cavernas del dolor, sin que haya nada platónico en ello. En un momento de su sufrimiento, más que de su vida, Daniel (así se llama el joven) se ve contrastado por una especie de “otro yo”, quien viene a espolear y exprimir su lado subconsciente. Varios sucesos establecen las coordenadas del proceso mental de Daniel: su infancia traumatizada por la muerte de sus padres, la enfermedad y muerte de la abuela amada que lo cuidó de niño, su propio crecimiento físico más que emocional y las presencias activas de sus amigos Andrés y Liz. Sin adelantar más acontecimientos de la trama, este filme tenía o tiene las condiciones para adentrarse en el drama psicológico; empero, por la razón que sea, ha caído donde no debía: en los pantanos del melodrama, fórmula evocadora de los sentimientos, donde se pierde la tragedia interior de los personajes. Poco a poco y no tan poco a poco, lo folletinesco se apodera de los acontecimientos narrados y el filme se acerca a un relato telenovelero. Igual con sus actuaciones: son deficitarias, por inexpresivas y falsamente trágicas, donde el actor principal Abelardo Vladich debió haber sido cambiado a las primeras de tanteo. ¡Qué mal, qué mal! Si el filme logra sostenerse con su ánimo es gracias a dos elementos realmente salvadores: la buena fotografía de Luis Salas, quien sí entendió bien el caminar de la procesión, y la articulada música de Edín Salas (lo mejor).

sábado, 15 de noviembre de 2014

"Muñecas rusas": la paradoja de Jürgen Ureña: ser o no ser

Decía Jean Renoir: “Todo lo que se mueve en una pantalla es cine” y, gracias a esa amplia definición, se me quita la duda de si la película Muñecas rusas (2014) es o no es cine, del costarricense Jürgen Ureña

Ureña demuestra que para hacer cine alternativo e inquietante no se necesita siempre de leyendas como Orson Welles o Serguéi Eisenstein. Ni siquiera se necesita una historia alambicada ni se tiene por qué ser original. Muñecas rusas solapa que el guion no es un género literario, por más que lo exija el mexicano Guillermo Arriaga. El guion, dice Fernando Trueba, es un instrumento de trabajo con el cual se construye la película y para que cada quien sepa lo que tiene que hacer. Punto. Así entendido, un guion solo es evaluable en la pantalla y, desde ahí, el de Muñecas rusas muestra que Jürgen Ureña y su equipo tienen talento para hacer una película “rara” (según el propio Ureña) a partir de cualquier minimalismo, aunque –aún así– me resultó película cansina. Sin embargo, acepto que este filme nunca pierde lo esencial de su propuesta. ¿Es Muñecas rusas cine experimental? Solo por ratos. Más bien es cine audaz que se sustenta en un mínimo narrativo para hallar imágenes provocadoras. Lo intenta. Creo que el cine experimental es más indescifrable, contracomercial y rupturista, porque se desprende de toda idea narrativa o relato. Pese al evidente deseo experimental de Jürgen Ureña, Muñecas rusas es siempre un filme más preocupado por la comunicación que por la creación. Eso no se lo quita de encima. ¿Falla? Sí, en este caso.
Su leve argumento no es original, cierto, ni tiene por qué serlo. Es mejor su tratamiento, importante para el cine costarricense. Es huella, pero tiene su trampa: repetir así o asá lo visual lleva al hartazgo (es la misma mona con distinto rabo, ¡y lo hace!). Así, Jürgen Ureña perdió la posibilidad de hacer un cine sin historia: no siempre el cine es narración y representación, aunque esto sea. También hay el llamado “cine de director”. En las películas de director, dice Glauber Rocha, la historia es únicamente uno de los elementos de la dirección. ¿Entonces? Entonces el director debe encargarse de crear un mundo de imágenes. Es lo que casi logra Jürgen Ureña y mi aplauso por ello. Es lo que no logró del todo y, creo, era su propósito. Es su paradoja. He elogiado los cortos de Ureña y ahora me place reconocerle su afán por el valor del riesgo, según la frase aquella de “No sé a dónde voy, pero sé que allí no iré”, que repetía el gran Nelson Pereira dos SantosEste filme de Ureña, con sus abstracciones, es útil para hacer crecer la “inteligencia cinematográfica” del espectador: de lo simple a lo complejo. El cine no debe ser siempre solo para que el público lo entienda. Eso es despreciar la inteligencia del otro: es populismo. 
Muñecas rusas no es película perfecta, ni siquiera es el mejor filme costarricense, por culpa de sus propias contradicciones, pero es importante acto agitador de nuestro cine: el de aprender mientras se realiza, lejos del verosímil aristotélico. Vi a espectadores salir de la sala, no pocos. A ellos les recuerdo la frase de Paul Valéry: “El (buen) gusto está hecho de mil disgustos”.