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http://www.nacion.com/2013-05-13/Entretenimiento/Criticos.aspx?critico=W_b4_lliam%20Venegas
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Blog de wílliam venegas, crítico de cine, teatro y de otras huellas al ojo [Costa Rica]
El conocido director inglés Danny Boyle regresa con película interesante y demuestra su capacidad al sobreponerse a un guion poco convincente, con incoherencias fáciles de percibir y no tan vehemente, pero que, en manos de Boyle, logra ser un filme de logrado suspenso psicológico. En trance (2013), relata la historia de Simon (bien encarnado por James McAvoy), asistente de una casa de subastas, quien se asocia con una banda criminal para robar una pintura de Goya de millones de libras esterlinas. Luego de recibir un golpe en la cabeza, Simon no recuerda dónde escondió la pintura, por lo que el jefe de la banda recurre a la hipnoterapia para encontrar el dato en la psique de Simon. En esa medida, un verdadero baile de demonios salta desde la hipnosis, permeada de deseos ocultos, venganzas, lujuria erótica y “artículos” semejantes. Con manifiesto buen trabajo de los actores, se monta una especie de jeroglífico donde lo real se mezcla con lo onírico o surreal. Hay secuencias realmente neurálgicas e, incluso, algunas pretenden ser la expresión más actual del desnudo femenino que Goya trajo al arte con su maja desnuda. La música es vibrante, según se esté o no en los recovecos mentales de Simon.
Cuando en España se estrenó la película Que se mueran los feos, dirigida por Nacho G. Velilla, alguna crítica, para elogiarla, dijo: “La comedia española se reinventa”. No hay tal. El director Velilla se propone lograr un jacarandoso cuadro de costumbres con afilada crítica por ahí solapada. Lo logra con narración ágil, mientras hila disímiles entornos cómicos en un solo trasunto y manifiesta un válido cariño por los personajes. El director lo hace dentro de la tradición costumbrista española, que ha dado las obras de Carlos Arniches en teatro, que produjo el llamado “género chico” a la sombra de la zarzuela y que, en el cine, ha dejado una estela valiosa de guionistas y directores, con ese punto altísimo que es la película Bienvenido, míster Marshall (1952, de Luis G. Berlanga). La trama "de los feos" se da en un pueblo donde el chisme corre como manifestación del humanismo popular, con bondad, mucha gracia y donde nada es anormal, ni siquiera que el cura y una lesbiana tengan un hijo. El elenco asume con gran afinidad sus personajes y es casi injusto destacar a alguien. Es solo que Javier Cámara, como Eliseo, ¡está excelente! Lo demás funciona muy bien con este engranaje: a puro cine y a pura risa.
Es casi increíble cómo un filme puede ser a la vez cálido y demoledor, tierno y devastador, tal y como Amor (Amour, 2012), dirigida por el austriaco Michael Haneke. No hay duda que en esa simbiosis o sinergia de elementos tan en contradicción, lograda con exultante calidad, está la mano de un director que conoce su oficio y que lo maneja como un artista radical. Su trama gira sobre el amor en la senectud, entendida la vejez como un momento tan igualmente maravilloso como humillante y triste, cuando se cruzan el amor de una pareja octogenaria con la impotencia ante eso mismo: las consecuencias negativas de la longevidad. Amor es una película eximia. Lo es por el sabio manejo de la elipsis narrativa, del corte drástico (ejemplar montaje de Nadine Muse y Monika Willi), de la cámara fija, de la pausa y la sorpresa, de lo dramático y lo emotivo, de la propia música (apenas la justa), de la riqueza fotográfica y, ante todo, por las sublimes actuaciones de Emmanuelle Riva y Jean-Louis Trintignant. No hay razón alguna para perderse este filme, cuyos méritos también están en sus valiosos diálogos e inteligentes silencios.
El director salmantino Rodrigo Cortés Giráldez gusta del ritmo prudente y de sorpresivos puntos de giro. Con la presencia de un magnífico actor, el irlandés Cilliam Murphy, capaz de mutarse dentro de su papel con envidiable perfección, Poderes ocultos (2012) es cinta inquietante con el tema de lo normal o lo anormal en el conocimiento humano. Dos investigadores con doctorado académico, se dedican a buscar fenómenos paranormales para demostrar su origen fraudulento. La conformación estructural del relato es buena sobre la premisa de la relación entre los contrarios. Suspenso. Crítica completa en: http://www.nacion.com/2013-04-15/Entretenimiento/critica-de-cine---magia-o-ciencia-.aspx
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| Gary Cooper, Sarita Montiel, Denise Darcel y Burt Lancaster. En "Veracruz", clásico del Oeste del gran Robert Aldrich. ¡Podía rajar la Montiel! |
Anna Karenina (2012): Paradoja: la inventiva formal va en contra del buen desarrollo narrativo del relato y de sus emociones esenciales. La película, de manos de su director Joe Wright, se va por lo accidental y pierde la fuerza semántica del drama, su concepto. La actriz Keira Knightley se muestra desigual como Anna.
Las ventajas de ser invisible (2012), su director Stephen Chbosky busca indagar adentro de sus personajes adolescentes, de sus alegrías y fracasos, de sus tristezas, amores y traumas. No es simple, pero el resultado es bueno, aunque al guion le falta más complejidad y profundidad: se le siente su génesis de best-séller.
Los Croods es largometraje animado cercano a los estilos del género fantástico. Con un relato ubicado en una ingeniosa prehistoria, se atreve a decirnos, con gracioso énfasis, que no es momento de asustarse por los cambios. La fábula converge hacia esa moraleja. Escrita y dirigida por Chris Sanders y Kirk DeMicco.
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Sean Penn: “Hoy la gente de Estados Unidos ha perdido un amigo que nunca supo que tenía y la gente pobre del resto del mundo ha perdido a un campeón".
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Aunque esperada, la muerte de Hugo Chávez me produce un dolor que nunca imaginé sucediera. Lo de Chávez es morir en combate contra la inequidad, la injusticia social, el imperialismo y en favor de la unidad latinoamericana. Es uno de esos hombres que nos regala la historia para escarmiento de nuestras conciencias acomodadas. Él hizo suyo aquel texto de José Martí:
"Con los pobres del mundo quiero yo mi suerte echar".
(wílliam venegas segura) |
A las pocas imágenes, uno sabe que se está ante una película dura como redoble de tambor; pero, a la vez, cargada de inquietante poesía, como si estuviéramos leyendo a César Vallejo con toda su fuerza lírica. Una niña maravillosa (2012) es filme igualmente maravilloso. Llamada en otros países Bestias del sur salvaje, estamos ante la primera película de un director de apenas 31 años: Ben Zeitlin, nacido en Manhattan. Su filme no es convencional, ni con su propuesta visual, intensa y cercana, ni con su guion literario, coescrito con Lucy Alibar, autora de la pieza dramática en un acto que le da sustento al guion. Con mirada del realismo naturalista, el filme observa la realidad desde sus llagas sociales y proclama la defensa de la armonía universal, armonía rota por la torpeza humana y amenazada por los deshielos polares, por las bestias de corazón duro, heraldos negros que "abren zanjas oscuras en los lomos más fuertes" (Vallejo). Es perdurable la actuación de la niña Quvenzhané Wallis como Hushpuppy (con apenas seis años durante el rodaje). Una niña maravillosa es película para absorberla y vivirla desde su autenticidad.
La madrugada es incitación, así como el calor llama a las salamandras. La madrugada nos alienta a dejar prejuicios para descifrar la vida con el ardid de la bohemia, para correr las horas sin el salto del minutero y para amarnos hasta la sombra de la sexualidad. Por ser borrosa, bajo luces faroleras, la vida es efervescente para los noctámbulos, con sus bares, mujeres, hombres, músicas, bailes y conductas fuera de los cánones. La noche es hora de palabras nunca dichas, mientras los cigarros se apagan bajo un zapato ebrio. Es tiempo de creatividad para los artistas. Nos guste o no, los días son expresión de lo tradicional, los días son mojigatos. En cambio, las noches son teatrales: se inventa la libertad y se viven las transgresiones. Son ricamente paganas, las madrugadas, cuando el placer corre por la seducción de los cuerpos. En las noches entendemos que el pecado es engaño predicado por religiones oficiales. En la noche somos ritmo; en el día, rutina zoológica. En la madrugada el demonio no existe: somos nosotros mismos.
Nacido en Estambul en 1959, el guionista y director turco Ferzan Özpetek saltó al reconocimiento fílmico gracias a su primera película titulada El baño turco (1997). El cotarro aumentó con la segunda cinta de Özpetek, El último harem (1999). Con las siguientes películas de Özpetek la agitación no fue tanta y, así, hasta llegar a la que se considera su obra menor: Hombres al dente (2010), filme sin tono ni entono, sin arte ni gracia, ni camagua ni elote, que reitera el tema preferido de dicho director: el de la homosexualidad. El argumento, moraleja: la importancia que tiene el definir y defender ante los demás la respectiva orientación sexual. Más simple: la importancia de salirse del clóset. Hombres al dente, como película, no pasa de ser un plato mal preparado: su punto de cocción no es el óptimo, ni mucho menos; por eso, es filme poco nutritivo y pierde su sabor natural: ¡de “al dente”, nada!
El director de cine taiwanés Ang Lee es un realizador “todo terreno”. Ahora vuelve con el filme Una aventura extraordinaria (2012). En España se titula La vida de Pi. Estamos ante una buena fábula sobre la relación del ser humano con la Naturaleza y sobre la creencia o no en dios o en dioses diferentes. El carácter narrativo gira hacia un expresivo realismo mágico con el mejor uso de los avances tecnológicos. Este filme tiene una plasticidad realmente seductora, de ostentosa imaginación y útil para el argumento. Aquí lo formal está al servicio de la historia, como debe ser. La película narra la vida de Piscina (Pi), quien, en un momento dado, se encuentra a la deriva en el mar, en un bote salvavidas con ¡un tigre de bengala!, con quien tendrá una apasionante aventura. Es película que alimenta mi fe en el cine, en el llamado cine alternativo, en el sétimo arte. No quiero terminar sin agradecerle al joven Suraj Sharma su trabajo como Pi. Él él se echa sobre sus hombros la película y entre él y el tigre me dieron una fábula inolvidable.