Blog de wílliam venegas segura, crítico de cine, teatro y de otras huellas al ojo [Costa Rica]
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miércoles, 29 de julio de 2015
"Buscando a Hagen": camino rudo y final de poesía
He aquí un filme tenso como gruñido canino en alguna hora de la madrugada. Se trata de la película húngara Buscando a Hagen (2014), dirigida con eficacia por Kornél Mundruczó, realizador que nos resulta desconocido, pese a que suma en su lista seis filmes con este. Aunque lo ubicamos como drama, su historia asume distintos tratamientos a lo largo de su proyección, como si fuese no solo un mosaico de situaciones, sino también arduo repertorio de conceptos. Buscando a Hagen abre con un formidable plano general, donde la belleza histórica de Budapest se ahoga en su propia desolación. Con expresividad y logro estético, planos como este habrá más a lo largo del filme: la fotografía de Marcell Rév es uno de sus méritos. En esa soledad cargada de silencios, aparece una niña en bicicleta, como si fuese a ninguna parte. La música se oye como eco extraño de la aridez geográfica. Es música incidental o mimética: comenta con su propio suspenso lo que, poco a poco, se arma en la pantalla. La música es de Asher Goldschmidt y es otro acierto del filme. El plano general cede a primeros planos y alterna con ellos: la niña, la bicicleta, el rostro de la niña, los pedales de la bicicleta, vuelta a la ciudad vacía, excepto por una manada de perros que aparece de pronto y traza su ruta de manera violenta. Ese comienzo es el fundamento de lo que veremos a lo largo de casi dos horas. Es una entrada magnífica en términos plásticos y propositiva: lo que sigue será dramáticamente más fuerte para una película capaz de funcionar como metáfora cruel de la vida, que la vida suele ser cruel. Lo cierto es que la trama desarrolla una historia compleja entre esa niña y el perro que guía a la manada sedienta de venganza, que ladra y mata. El argumento genera distintas observaciones: cada quien puede extraer la moraleja que mejor le convenga o le haya sido más fácil deducir. Para visualizar el conflicto, la película a veces se dispersa y se aleja de su centro temático, pero se recupera bien y cierra con categoría. Las actuaciones tan buenas le dan sólido sustento o cuerpo al relato y a su dinamismo: el lenguaje del cine crea una atmósfera colérica de la que no podemos huir, lo dramático le gana al artificio y cuestiona la malsana costumbre de la discriminación. Buscando a Hagen es filme que debe ser buscado por quien admire los finales poéticos. Esta vez, con la ayuda de la música del gran Franz Liszt se nos recuerda algo importante: todo lo que es terrible necesita de nuestro amor.
miércoles, 22 de julio de 2015
El Hombre Hormiga rompe el molde: delicia para los fans
¡Un aire fresco recorre el universo de filmes con superhéroes! Dicho sea esto a propósito del estreno de la película titulada El Hombre Hormiga (2015), dirigida con esmero por Peyton Reed. De pronto, la película El Hombre Hormiga rompe el molde y se atreve con una perspectiva distinta: su trama se sacude del fardo de lo acostumbrado, la tensión de la aventura busca la ironía y uno la disfruta montones. Es cine de entretenimiento, pero hecho con inteligencia, para demostrar que una cualidad puede ir junto a la otra, con un montón de guiños a otros superhéroes para delicia de los “fans” y para entrampar a los críticos. ¡Qué bueno! El argumento es simple y su base está en las investigaciones de un científico con ética, quien descubre cómo minimizar el tamaño de un sujeto y llevarlo al de una hormiga. También diseña un casco que le permite comunicarse con dichos formícidos (hormigas, pues). El Hombre Hormiga tiene un pasado carcelario: Scott Lang. Scott encuentra su redención “hormigueándose” gracias al doctor Hank Pym (así se llama el científico). Juntos y con la ayuda de una bella chica llamada Hope, Hank y Scott han de enfrentarse a quienes utilizan el conocimiento científico para llevarlo al lado oscuro (el mal). Es estimable el pulso narrativo de esta película: cuando parece que nada va a suceder, sucede lo mejor. Los efectos visuales son un deleite, sobre todo la alternancia del héroe con su tamaño en las peleas y la participación colectiva de las hormigas cuando son necesitadas (esto ronda lo genial). El guion es atractivo y asume una expresiva visualización (gustosa), con ajustada banda sonora, actuaciones bien logradas (de antenitas hormigueras) y tiene fotografía de la mejor. Como historieta, El Hombre Hormiga nació en 1962 y ahora se plasma de manera seductora en el cine. No es filme súper perfecto y peca de superficial con sus diálogos, pero sí se debe recomendar.
lunes, 13 de julio de 2015
"El divorcio de Viviane Amsalem": claustrofobia
No sé si esto pasará con la distribución de cine en otros países, que de una trilogía nos llegue la tercera película, pero no así las dos primeras. Lo cierto es que de la directora Ronit Elkabetz y del director Shlomi Elkabetz (hermanos entre sí) nos llega ahora el filme El divorcio de Viviane Amsalem (2014). En efecto, esta película es la tercera fracción de un tríptico sobre el matrimonio y la familia en Israel. En las dos partes anteriores (2004 y 2008) se narra la vida matrimonial de Viviane con un esposo machista, religioso e impertinente, llamado Elisha. En dichos filmes se marcan los indicios del proceso desgastador que para Viviane significa su matrimonio. Ahora, con El divorcio de Viviane Amsalem, asistimos a la explosión de la olla de vapor. Viviane no soporta más y le pide el divorcio a su esposo Elisha. El problema es que, en Israel, el divorcio solo es posible si el hombre lo acepta. Mientras se mantenga con un terco no, simplemente no hay divorcio. Peor aún, en dicho país el tema del divorcio no es asunto civil: este debe resolverse en un tribunal religioso, donde los rabinos deciden según el parecer del hombre. Así, El divorcio de Viviane Amsalem se dedica, durante su metraje, a mostrar los reclamos que eso conlleva. La trama sucede en un tribunal. No es sino hasta el final que la mirada de un personaje nos lleva a ver el paisaje externo. Se trata de un filme claustrofóbico y la dirección se encarga de reafirmarlo secuencia a secuencia y plano a plano (resultan bien importantes los primeros planos: rostros de los personajes). Ante la terquedad del hombre, la película describe bien la tenacidad de la mujer. La fotografía se apropia de ese concepto, la excelente música lo subraya y la actuación de la actriz y directora Ronit Elkabetz es extraordinaria: su labor histriónica es vertebral para el argumento narrado. El incesante y bien logrado cambio de planos visuales, los excelentes movimientos de cámara y las buenas actuaciones le insuflan vida a un relato que, en manos más torpes, habría sido cuadrado, poco creativo, aburrido y del todo teatral. Los diálogos son inteligentes, tienen que serlo; incluso, en medio del ímpetu del drama, el filme sabe hacer uso de momentos propios de la comedia: buena sinapsis o unión funcional, sin duda. El guion literario y lo visual saben conjugarse para mostrar el horror que significa aún vivir en un país o Estado confesional, donde las mujeres son víctimas primeras de un monoteísmo patriarcal. Pareciera que en un país bélico, como lo ha sido Israel por siglos, solo en el ejército las mujeres se igualan a los hombres: por necesidad militar. En la práctica, el hombre es dueño de la mujer. En la película vemos cómo el juicio dura cinco años, con una mujer que solo quiere ser libre ante el matrimonio. El filme es inteligente, tanto en conceptos como por su puesta en imágenes, aunque peca de redundante y de excesos con el diálogo, pero maneja bien su complejidad psicológica. Película recomendada, ¡no solo para las mujeres!domingo, 5 de julio de 2015
"Relatos iraníes": relatos que son emociones
El estreno sorpresivo de la película titulada Relatos iraníes (2014), de la brillante y muy comprometida directora Rakhshan Bani-Etemad, nos sacude de nuevo, como la mayoría del cine iraní, con su deber social y con su arte fuera de lo corriente. Relatos iraníes es signo de vida. De alguna manera, ir a ver una película como Relatos iraníes viene a ser sincero acto de rebeldía contra el cine-espectáculo. También es solidaridad con los directores persas que, en su Irán natal, se juegan la vida con sus ideas insurrectas llevadas a la pantalla, en contra de una teocracia que anula a las mujeres, desoye la pobreza ajena y está llena de corrupción burocrática o política. Algunos realizadores están en cárceles, a otros los han condenado a no hacer cine y hay quienes han podido emigrar. Definitivamente, hacer cine en Irán es ejercicio de lucha. Su película es canto lírico frente al dolor, ante la injusticia social, ante el amor no realizado (de pareja o familiar) y contra la agresión sufrida por las mujeres. La trama narra distintas historias que se van hilando según los personajes que las identifican. Son cuentos tensados de manera admirable. Por eso, es cine coral, capaz de irritarnos, de angustiarnos, de hacernos sonreír o de conmovernos, según sea. Todo ello con un ejemplar y muy propio manejo del lenguaje del cine. Aunque a esta película le falta sinergia: que la suma de los relatos dé un producto mayor. Son historias, cierto, pero también son las emociones que les dan sentido a esos relatos. Las actuaciones son extraordinarias, mejor en las mujeres. Los dos últimos relatos me hicieron quedarme en mi butaca mucho más allá del final, dominado por la melancolía. Espero que esta crítica convenza a muchos de ir a ver este filme: Relatos iraníes.
Para leer la crítica completa, CLIC en:
http://www.nacion.com/ocio/cine/Critica-cine-Relatos-iranies_0_1497850253.html
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