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miércoles, 28 de septiembre de 2016

La primera dama de la Revolución: pura flojera

Si el documental es cine o no, lo menos que uno espera es calidad artística y riqueza conceptual al ofrecerse. Esas son dos notorias ausencias en el documental de la directora Andrea Kalin, que se ofrece en el país con el título de La primera dama de la Revolución (2016).
Dicho documental se queda en el rollo elegíaco sobre la mujer que fue primera esposa del exgobernante costarricense José Figueres Ferrer: la señora Henrietta Boggs. Este documental, tan vacío como un piano sin teclas, parece transcripción en imágenes del libro escrito por la señora Boggs: Casada con una leyenda (1992). Por eso, el filme se agota con planos de doña Henrietta, puesta ahí ante la cámara de manera hierática (solemne, sin que haya una actitud dialógica con el espectador). Para usar una frase ajena, ni siquiera es documental creativo. Peor, es sesgado en política a favor del figuerismo. La forma en que se presenta al doctor Calderón Guardia es maniquea, subjetiva e injusta en términos sociales, a la vez que ignora al obispo Víctor Manuel Sanabria y al dirigente Manuel Mora, comunista, pese a que ellos aparecen en imágenes. Poca capacidad de este documental para imaginar con imágenes. Se dice que La primera dama de la Revolución se pasará en escuelas y colegios. Ojalá que no. Al menos no sin debate, sin oír a la otra parte. También debe hablarse de que es documental flojo en términos formales, cuyas imágenes están ahí porque sí, porque había que poner algo delante de las cámaras.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El nuevo Nuevo Testamento: Ea manda a Dios al carajo

Con el título original de Le tout nouveau testament (2015), nos llega la película El nuevo Nuevo Testamento (del director belga Jaco van Dormael). ¿De qué va la trama? De que hay un dios por ahí que se llama Dios a secas, como el de la iconografía cristiana. Este señor tiene un hijo llamado Jesucristo, crucificado cuando vino al mundo, lo que Dios no entiende. Dios –el personaje– tiene también una hija llamada Ea, quien no puede sentarse a la derecha del papá porque es el lugar del hijo. En efecto, Dios es bastante machista, al punto que su esposa, quien es una diosa, vive como arrinconada en la casa divina, en grado total de sumisión.No solo es machista Dios. Es un tipo vulgar, patán, grosero, chillón y demás actitudes negativas. En términos simples y hogareños, diríamos que es un dios para mandarlo al carajo, quien no solo anula a su mujer y se burla de su hijo J.C., sino que –además– es violento contra su hija. Es lo que hace su hija Ea: enviarlo al carajo. ¡La que se arma! Por supuesto que el filme aprovecha cualquier ocasión para hacer burla del poder de los dioses y de los conceptos figurativos de las religiones cristianas. El problema de este filme es que su ficción tiende a ser repetitiva. Le sucede por su afán de lograr la más alta comicidad y, a la larga, por el esfuerzo de darle más coherencia al mundo ahí narrado, con exceso de monólogos directos a la cámara. El relato puede parecernos poco original a fuerza de repetirse con situaciones parecidas entre ellas. Casi se puede adivinar el tránsito que ha de cursar la trama del filme.

lunes, 12 de septiembre de 2016

No respires, Don't Breathe: quien respira, pierde

Las notas de prensa en Costa Rica sobre la película No respires (Don't Breathe, 2016), dirigida por el uruguayo Fede Álvarez, han girado sobre la presencia del actor costarricense Daniel Zovatto, quien –por cierto– lo hace bastante bien, aunque su tiempo en pantalla sea más bien corto. Eso ha hecho que se hable menos de la buena calidad del filme o de su bien mantenido suspenso con pinceladas eficaces cercanas al cine de terror. Tres jóvenes se dedican a robar en casas. Un día, encuentran su tierra prometida: la vivienda más bien sencilla de un millonario ciego, donde hay dinero suficiente para comenzar una nueva vida. Sin embargo, a los jóvenes (dos hombres y una mujer) se les van complicando las cosas con sorpresas horrendas dentro de la casa. Para los muchachos es el irremediable deterioro de una situación que parecía ser del todo muy sencilla. Para el hombre ciego de la casa, a su favor, la oscuridad es como el fuego para la salamandra: su hábitat. Aquí es donde debemos elogiar la habilidad del director Fede Álvarez para obtener los buenos resultados, porque debe alargar con maña visual una trama sensiblemente corta, como quien estira un cuento para hacer una novela, pero con habilidad. La música del español Roque Baños es excelente por exacta con respecto a lo visual y por sí misma. El manejo de cámaras es ejemplar en la manera de cómo lo lleva a uno hacia un objetivo específico de la historia, en buena alianza con la fotografía de otro español: Pedro Luque. A propósito, es bueno mencionar que el propio Fede Álvarez es coguionista junto con otro uruguayo amigo suyo: Rodo Sayaguez. Interesante equipo de trabajo. Punto clave del suspenso provocado por este filme es la actuación de Stephen Lang como el habitante de la casa, quien, con su ceguera, se enfrenta a los jóvenes ladrones mientras se muestra –en el proceso– como un tipo oscuro por dentro: ¿psicópata? Las molestias por secuencias reiteradas, por abruptas transiciones del relato, por esa forzada evolución de personajes (ante la brevedad del núcleo de la historia) y por ser solo cine pragmático, nada impide recomendar esta película.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Star Trek: Sin límites... sin límites con su mediocridad

Ahora estamos en el lapso en que los viajes de la nave Enterprise los vemos desde lo que, en cine, se llama precuela. La película que llega hoy es la tercera de las precuelas: Star Trek: Sin límites (2016), dirigida por Justin Lin, quien nació en Taipéi, pero creció en Estados Unidos. Esta vez, el libreto del filme es harto superficial, apenas para un director pirotécnico, sin afanes de corrección formal ni de narrar bien una historia. Tal es el señor Justin Lin. Justin Lin pierde la esencia de la serie espacial, se suma a la debilidad del libreto y filma como si fuera una de sus otras malas películas, las de Rápidos y furiosos. Ni siquiera se detiene con los personajes: la película no pasa de ser un publicitado espectáculo masivo para hacer dinero (“blockbuster”). Hasta ahí el ‘lenguaje’ del filme. En Star Trek: Sin límites vemos cómo la tripulación del Enterprise cae en una trampa muy tonta (¡zonzos!) con el timo de una misión de rescate, lo que los obliga a quedarse varados en el planeta Altamid en lucha contra el “malo” del caso: Krall. Resuelta con todos los efectismos del caso, esta película es holgura de medios técnicos, que no de talento. Solo espero que sus “fans” sean más inteligentes que la película, porque esta saga no merece quedarse en volteretas de cámaras, en juegos por ordenador o en explosiones repetidas como en feria de pueblo. Película seca como el más seco de lo desiertos, me eximo de recomendarla.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Kubo y la búsqueda samurái: el origami y la música

Dentro del pantano en que ha caído el gran cine industrial, léase: Hollywood, y en el que nos hundimos con cierta facilidad, es notorio que el género animado viene a ser tabla de salvación para un cine que es simulacro del de verdad. Ahora se trata de un gustoso filme hecho con la ardua animación de “cuadro a cuadro” (“stop-motion”): técnica de filmar con tomas fotográficas seguidas, donde cada plano alarga el anterior. El mentado filme de genial expresión visual llega a Costa Rica con el título de Kubo y la búsqueda samurái (2016), pletórico trabajo dirigido por Travis Knigh, dueño principal de los estudios que lo producen: Laika. Su título original es Kubo and the Two Strings. La película está hecha con tal cuidado visual (al detalle), con tan significativa búsqueda de la belleza y de la perfección, con uso tan personal de los conceptos del cine animado “stop-motion” y con tan específica propuesta cercana al cine de autor, que deviene curso sobre sí mismo y sobre su arte. Es posible que este cuido artístico sea lo que lleva, de manera paradójica, a algunos descuidos narrativos. Kubo es un niño con talento para el origami y la música, quien deberá encontrar las partes de una armadura sagrada que alguna vez fue de su padre, samurái legendario. Una narración supone un todo compuesto de partes interdependientes que, por separado, serían inexplicables. Esas partes son las que están débilmente unidas por el filme. Por dicha, la agudeza visual crea la atmósfera suficiente para mantener amarrada la historia que, de manera un tanto arbitraria, gira del drama agudo y ‘oscuro’ a un final harto feliz (para complacer a todo el mundo). Dentro del argumento, la unidad enriquecedora del amor con la música es idea valiosa para circularla en un mundo cada vez más hostil como el actual, ahogado por odios y guerras. Kubo y la búsqueda samurái es filme con alta recomendación.

"Norman": fantaciencia fallida pasa a cine de acción

Es una lástima que a una película haya que calificarla por lo que es, sin tomar en cuenta lo que pudo haber sido. Es el caso de Morgan (2016), filme dirigido por Luke Scott, hijo del afamado realizador inglés Ridley Scott, solo que el cachorro aún no cumple con aquello de que “hijo de tigre, sale pintado”. 

Estamos ante un filme del llamado género fantástico que parece interesante de primera entrada, y lo es. La trama gira alrededor de la obsesión humana por crear un ser superior, eso que le llaman “inteligencia artificial”. Al rato, desde sus diálogos e imágenes, Morgan desaprovecha el tema planteado y es como si pasáramos a otra película. En términos visuales, de una sintaxis con sentido y efecto propios del género fantástico, se pasa a un lenguaje propio del cine de acción, ¡y del violento! Con este quiebre, la película es muestra palpable de lo que el escritor argentino del género, Bioy Casares, definió como el desdén por interrogar sobre las perplejidades del hombre moderno. En este momento, la película deja de vivir la historia que traía para pasar a contarla tan sólo. Al final, queda la sensación de haber estado ante una fruta cuyo sabor invita a comerla, pero que al hacerlo nos resulta difícil de digerirla.