Si el documental es cine o no, lo menos que uno espera es calidad artística y riqueza conceptual al ofrecerse. Esas son dos notorias ausencias en el documental de la directora Andrea Kalin, que se ofrece en el país con el título de La primera dama de la Revolución (2016).
Dicho documental se queda en el rollo elegíaco sobre la mujer que fue primera esposa del exgobernante costarricense José Figueres Ferrer: la señora Henrietta Boggs. Este documental, tan vacío como un piano sin teclas, parece transcripción en imágenes del libro escrito por la señora Boggs: Casada con una leyenda (1992). Por eso, el filme se agota con planos de doña Henrietta, puesta ahí ante la cámara de manera hierática (solemne, sin que haya una actitud dialógica con el espectador). Para usar una frase ajena, ni siquiera es documental creativo. Peor, es sesgado en política a favor del figuerismo. La forma en que se presenta al doctor Calderón Guardia es maniquea, subjetiva e injusta en términos sociales, a la vez que ignora al obispo Víctor Manuel Sanabria y al dirigente Manuel Mora, comunista, pese a que ellos aparecen en imágenes. Poca capacidad de este documental para imaginar con imágenes. Se dice que La primera dama de la Revolución se pasará en escuelas y colegios. Ojalá que no. Al menos no sin debate, sin oír a la otra parte. También debe hablarse de que es documental flojo en términos formales, cuyas imágenes están ahí porque sí, porque había que poner algo delante de las cámaras.





