El director Alexander Payne es ducho para estos temas entre el drama y la comedia. Él maneja muy bien el sabor agridulce con sus banquetes cinematográficos. Con mirada acuciosa, a ratos ácida, por momentos nostálgica y siempre muy sensible, Alexander Payne nos enfrenta a un tema que, posiblemente, muchos hayan vivido de una manera u otra: el cambio de personalidad y de conducta por una situación límite. En la cinta Los descendientes (2011), el personaje es Matt King, heredero de una importante riqueza en Hawaii. Matt, casado y con dos hijas, se ha pasado cuidando la herencia como buen burgués. Eso lo ha llevado a descuidar el hogar. Un día, ante un terrible accidente de su esposa, Matt se ve obligado a asumir el universo familiar que antes le era ajeno. Es muy detallada la definición de personajes, como la dirección de actores. Al histrión George Clooney nunca lo había visto tan expuesto a las cámaras para actuar de manera tan buena. Se trata de todo el elenco: no hay fisuras. Es cine del grande con una historia de pocos sucesos, pero llena de emotividad. Es cine con alma. Alexander Payne se compara con Billy Wilder por su ingenio y con Jean Renoir por su humanidad. Filme obligatorio. (wvs)Crítica completa en:
http://www.nacion.com/2012-01-30/Entretenimiento/NotasSecundarias/Entretenimiento3053914.asp










