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domingo, 1 de enero de 2017

Florence Foster Jenkins


Una soprano puede ser la peor de las mejores cantantes e, igual, la mejor de las peores.
Siempre le he tenido adhesión al cine del realizador británico Stephen Frears. Ahora, con sello británico y la suma histriónica de esa gran actriz llamada Meryl Streep, a partir de un buen guion de Nicholas Martin, el director Stephen Frears se solaza y nos atrapa con su película “Florence Foster Jenkins” (2016). Dicho filme es cine biográfico (“biopic”) que sabe entrecruzar los parapetos de la comedia, del drama y hasta del melodrama para darnos un singular entretenimiento. Con exquisita y formidable dirección de arte, la película se ubica en los años 40, en Nueva York. Su personaje es una mujer millonaria llamada Florence, filantrópica con el arte y los artistas. El filme se basa en hechos reales con personajes de comprobada veracidad histórica. En algún momento del relato, ante un estímulo equis, Florence Foster Jenkins decide convertirse en soprano. El problema es que no tiene talento ni voz para ello. Eso sí, Florence tiene dinero para meter cabeza en el asunto y para que su esposo le organice recitales. La película se muestra muy bien con el cronometraje de sus emociones. El asunto es el siguiente: ¿cómo una cantante tan mala logra tanto éxito, incluso discográfico o en el Carnegie Hall de Manhattan? Eso es lo que usted debe averiguar y esta película se lo dice.

12 comentarios:

Wílliam Venegas Segura (DW) dijo...

FLORENCE FOSTER JENKINS

Título original: Florence Foster Jenkins
Reino Unido, 2016
Género: Biopic
Dirección: Stephen Frears
Elenco: Meryl Streep, Hugh Grant, Simon Helberg
Duración: 110 minutos
Calificación: CUATRO ESTRELLAS ( * * * * ) de cinco posibles

Wílliam Venegas Segura (DW) dijo...

No es solo asunto de peculio, también hay un misterio en la vida de Florence –secreto bien guardado– que la trama nos lo va dando con gotero en los momentos más oportunos del argumento. Así se alcanza el buen manejo de los tiempos dramáticos del filme.
Por eso, la película se muestra muy bien con el cronometraje de sus emociones, giren estas como quieran girar.

Rónald José Loaiza Baldares dijo...

Me impresionó Hugh Grant. No creía que pudiera actuar tan bien cómo lo hizo en esta ocasión. Estoy completamente de acuerdo con usted don Wílliam Venegas. Saludos.

Wílliam Venegas Segura (DW) dijo...

Ronald José Loaiza Baldares:
La actuación de Grant es la de un personaje que actúa siempre en su vida social, según las circunstancias: ¡muy bien! (no es fácil).

Gil Solano dijo...

Ansioso por ver esta película. Con más ganas después de leer la crítica. "Relaciones peligrosas" es una de mis películas favoritas.

Wílliam Venegas Segura (DW) dijo...

Gil Solano:
Antes de "Relaciones peligrosas", Stephen Frears tiene títulos polémicos y buenos.

Oscar Laguna dijo...

Muy de acuerdo Wílliam. Éste filme nos muetra lo dura (y triste) que puede ser la vida de una mujer pese al dinero y que ni la adulación de los hipócritas va a compenzar aquello. Al mismo tiempo que dramática y hasta triste, es una comedia muy solvente.

Norma Cabrera dijo...

Muy buena, esa sra es increíble.

Gonzalo Castellón dijo...

REÍR LLORANDO
Me dejé convencer por mi querida amiga Zamira Barquero, mi sempiterna partner en los escenarios, para romper la incomodidad de una matinée, y asistí esta tarde al Cine Magaly a presenciar la exhibición del filme FLORENCE FOSTER JENKINS, y el relato quimérico de una vida ofrendada al arte lírico.
El filme de Michael Kuhn y Tracey Seaward, dirigido por Stephen Frears, abunda en los extremos: igual te hace reír a carcajadas, que te sume en el más sincero de los llantos. El drama humano de una soprano que fuera ascendida al dudoso trono de la peor cantante del Universo (sin ella saberlo), te lanza en brazos de la hilaridad más acendrada y, tan sólo un par de minutos después, en la aflicción y el sollozo más solidarios.
El filme recorre, sin sobresaltos, episodios (auto) biográficos de la pseudoartista, experta en rodearse de aduladores personajes, que al propio tiempo le sirven de parapeto contra la crítica despiadada. La propia protagonista (Meryl Streep) narra su doloroso padecimiento de la enfermedad de la época: una sífilis que le fuera contagiada por su propio cónyuge el día de su boda y que, a su decir, truncó para siempre una promisoria carrera de pianista. Es probable, al margen de una historia contada con oportunismo e ingenio, que la patología fuese la causa de la ausente autocrítica de la cantante, que le impedía percibir su ausencia de afinación o de ritmo, cuando no la proliferación de sonidos intemperantes y ridículos.
De más está decir que el público entero se convierte en cómplice de la artista. Sus hiperbolizadas actuaciones generan una obvia y contagiosa hilaridad. Empero, su propio marido ( un espléndido Hugh Grant de inusitada expresividad facial) es quien asume la responsabilidad de llevar el espectáculo adelante (“la función debe comenzar”, después de todo). Florence Foster Jenkins es ajena a su propio drama (al menos hasta el último minuto de la obra), pero Saint Clair Bayfield, -su segundo y adorador marido-, es quien lleva el peso del pathos general, ese que languidece con el filme y que se retuerce de emoción con el amor de la artista por el canto lírico.
La celebrada frase del poeta (Juan de Dios Peza,) según la cual “aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas”, resumiría el desarrollo de un drama que se aprovecha de nuestra indefensión ante el inocente sufrimiento del artista: como lo vivieran la divina María Callas, Franco Corelli o el propio Luciano Pavarotti, el implacable monstruo de las tres mil cabezas es muy capaz de generar, al margen de cualquier piedad, la muerte moral y física del artista. Y más aún si se trata del Carnegie Hall, escenario final del desenlace.
La risa, al mejor decir de Henri BERGSON, deviene en aliada de la comedia, pero genera por oposición la solidaridad de quien contempla el drama de manera omnisciente. Nos reímos y solazamos con el ridículo del cantante, sin caer en cuenta de que, en el escenario de la vida, somos todos un poco Florence Foster Jenkins.

Miguel E. Alfaro Dávila dijo...

Gonzalo (Castellón),
excelente comentario, proveniente de tu mente brillante. Me encantó la película y llega uno a comprender y aceptar el deseo de Florence de expresarse aún a sabiendas de que no lo hacía bien. Solo en el estadio terciario de la sifilis que ataca el sistema nervioso central se pierde la noción de sus actos y actuaciones. No había ya al final, en ella , mecanismos inhibitorios conscientes de su carencia. La veo ahora de otra manera, con otros ojos. Vivió como quiso vivir y eso es digno de admirar.

P MPilaR dijo...

La tengo en cartelera !!
La crítica aquí ha sido complaciente , sobre todo por la espléndida actuación de,M S...
Un saudo

Mark de Zabaleta dijo...

Muy bien analizada...

Feliz 2017